viernes, 25 de julio de 2014

Sergio Sarmiento - Desnudo telefónico



“De repente me doy cuenta que estoy desnudo, que no me debería importar porque es el teléfono, pero por alguna razón sí importa”.

Barry Liga

Una empresa de seguridad de la República Checa llamada Avast hizo un pequeño experimento. Compró 20 celulares usados en eBay y utilizó programas disponibles comercialmente para extraer contenido de sus memorias.
Supongo que muchas de las personas que venden sus teléfonos en un sitio como eBay, sin saber quién los comprará, borran las memorias de los dispositivos. Los equipos, de hecho, suelen tener un sistema de borrado fácil de activar.

Avast, sin embargo, buscaba demostrar que no es tan sencillo eliminar los contenidos de estos aparatos. Y lo logró.










La firma checa no solamente recuperó cientos de búsquedas, correos, mensajes, nombres de contactos y direcciones electrónicas sino además ¡40 mil fotografías! Y eso que se trata solamente de 20 teléfonos, que representan una muestra aleatoria de lo que la gente lleva hoy día en sus celulares (BBC, News Technology, 11.7.14).

Entre las 40 mil fotografías, muchas de ellas selfies, había 750 de mujeres en distintos grados de desnudez. También 250 de miembros viriles.

El hallazgo nos dice mucho. Para empezar revela que estamos viviendo en una sociedad cada vez más liberada. Si la píldora anticonceptiva de los años sesenta lanzó la revolución sexual, los teléfonos celulares con cámaras han detonado una explosión de exhibicionismo personal.

Cuando había que mandar revelar una fotografía a un laboratorio químico, a sabiendas de que algún desconocido vería los negativos y las impresiones, mucha gente, me imagino, se resistía a retratarse o dejarse fotografiar desnuda.

Un celular con cámara, sin embargo, ofrece una promesa de protección a la intimidad que, aunque no siempre se cumpla, libera el pequeño porn star que todos llevamos dentro.

Realice usted una discreta investigación con las jóvenes y adolescentes de hoy y se sorprenderá. Al trauma tan común del rompimiento con el novio, que existe desde tiempos inmemoriales, se añade el tema más delicado de cómo conseguir que el ex galán devuelva o borre las fotografías atrevidas que la chica se tomó y transmitió por vía electrónica o se dejó tomar.

Muchos padres de familia se asombrarían de saber cuántas hijas han pasado por ese predicamento.

Los estudios científicos revelan que es mucho mayor el número de hombres que de mujeres que recurren al erotismo o la pornografía. La Universidad Brigham Young de Utah, una escuela mormona, apunta en su portal Women’s Services and Resources (wsr.byu.edu/pornographystats) que 72 por ciento de los visitantes a sitios de pornografía son hombres y 28 por ciento mujeres.

El que en apenas 20 teléfonos se hayan encontrado 750 imágenes de mujeres desnudas o semidesnudas y 250 de miembros viriles parece avalar esta tendencia. La imagen femenina desnuda es más popular. Pero la idea de que sólo los hombres se interesan en las imágenes pornográficas o eróticas parece ser falsa.

No hay nada de malo en ello, a pesar de que en los últimos años se ha generado una ola de moralismo en la sociedad. Ahí está el caso del Distrito Federal, una ciudad supuestamente de avanzada que en los últimos meses ha cerrado casi todos los centros de baile erótico, tanto de mujeres como de hombres.

El examen del contenido de los teléfonos, sin embargo, nos dice que difícilmente tendrán éxito los esfuerzos de los políticos moralistas por acabar con el exhibicionismo erótico. También nos enseña que de nada sirve borrar las fotografías acumuladas en un teléfono porque siempre habrá un técnico con la habilidad de rescatar sus secretos más íntimos.

De manera que si usted realmente quiere que nadie se entere de sus buenos momentos, mejor no venda o regale su teléfono viejo.

Factura oculta
El pasivo laboral de Pemex, de 1.2 billones de pesos, es una de las facturas ocultas que nos han dejado casi siete décadas de monopolio gubernamental en petróleo. Lo peor de todo es que ahora se nos pide a los contribuyentes que la paguemos.
 




Leído en http://criteriohidalgo.com/notas.asp?id=252092


 



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