viernes, 17 de abril de 2015

Anónimo - El diablo


El diablo

Un día, iban caminando por la playa dos muchachos. Se encontraron un puñal muy fino enterrado en la arena. No era muy grande, tal vez medìa solo 4 pulgadas. Los muchachos Marco y Juan, eran hermanos. Marco tenía 17 y Juan, 15. Ambos empezaron a discutir porque no sabían a quien le pertenecía. Marco decía que era para èl porqué era el mayor. Juan decía que no, que él lo había visto primero. En fin, el puñal se lo quedó Marco, pues tenía la razón, era el mayor.

Años atrás, el cuchillo le había pertenecido a un hombre muy malo llamado Francisco López. La gente lo conocía como “El Diablo”. Pancho había sido un muchacho bueno, de la noche a la mañana se convirtió en malandrín. Nadie lo podía entender, ni siquiera sus mejores amigos. Pancho se empezó a hacer rencoroso, no perdonaba nada. No podías ni siquiera voltear a verlo a la cara porque según él le habías hecho mala cara. Todos los días una persona amanecía muerta o desaparecida en la vecindad. Nadie se lo explicaba. Un día también desapareció el Diablo. Nadie supo lo que le había pasado.

Marco llegó a su casa, feliz con su nuevo “juguete”. Juan estaba muy enojado, pues él lo había visto primero. No era justo que su hermano siempre se quedara con todo solo por ser el mayor. Todo le quitaba, la cerveza que se robaba, la mariguana que le daban los amigos, y hasta le bajaba a las novias. Pero bueno, ¿que podía hacer? No podía decirle a su mama porque después se la iba a quitar y ni para Marco ni para Juan sería. Decidió quedarse callado. Algún día el tendría su propio cuchillo.







Pasaron las semanas y Marco no era el mismo. Ya no salía con Juan. Se iba de parranda todos los días pero solo. Ahora ya ni a su mama, que tanto quería le hacía caso. Un día, Juan vio que su hermano no llegaba. Ya eran las tres de la madrugada y ni señas de Marco.

– ¿Qué le habrá pasado? Se preguntaba Juan.

Se quedó despierto a esperarlo. Pasaron dos horas y Marco llegó a su casa, borracho como siempre. Pero esta vez, Juan notó algo raro, Marco venia sin camisa.

-¿Ora con quién te metiste cabrón?

-¡Qué te importa! Ya déjame en paz carnal, neta orita no estoy pa’ tus jueguitos. Me voy a bañar y nomas que vayas de chismosita con mi mamá. Ya te conozco.

-¡Ay! Pa’ que te haces si ya sabes que nunca digo nada siempre ando de tapadera.

Marco se metió a bañar y Juan fue al carro; quería robarle el puñal a su hermano. Juan se quedó sorprendido al ver que el carro estuviera cerrado. Se regresó a la casa por las llaves. Buscó por todo el carro y no encontró nada. Decidió buscar en la cajuela. Olía muy mal. Se espantó mucho al ver que había una camiseta llena de sangre, el puñal también estaba empapado. ¿En qué se había convertido su hermano? ¿Qué le había sucedido?

Entró a la casa tembloroso y se acostó en la cama. Marco se salió de bañar, se cambió y fue a su carro. Después, regresó a su casa, entó al baño, se vio en el espejo pero no era él. Era la cara de Francisco López “El Diablo”.

-Mátalos.

Marco salió del baño, entró al cuarto y mató a Juan. Su mamá lo vio y también la mató a ella. Después se dio cuenta de lo que había hecho. Llevó los cuerpos a la playa y los echó al mar. Ahí mismo se mató.

El puñal se quedó enterrado en la arena.





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