sábado, 7 de enero de 2017

Francisco Martín Moreno - La política del buen vecino

Cuando los mexicanos nos percatamos, con meridiana claridad, de que el presidente Trump, nos guste o no, amenazaba con imponer castigos tarifarios a empresas norteamericanas que invirtieran en México, muy a pesar de las probadas ventajas que nuestro país ofrece como generoso receptor de los capitales extranjeros, y lo que es peor aún, cuando dichas amenazas empezaron a surtir efectos nocivos en nuestra economía ya antes de que el prepotente magnate tomara posesión como jefe de la Casa Blanca, varias corporaciones estadounidenses decidieron cancelar o diferir ambiciosos proyectos en el norte de México con sus lógicos efectos en materia de captación de empleos y de generación de riqueza recíproca para ambos países. De golpe entendí que el Tratado de Libre Comercio, por la vía de los hechos, estaba siendo derogado.

Resulta evidente que si en México la mano de obra cuesta dos dólares por hora y en Estados Unidos ésta se cotiza a 20, por lo menos, para que Estados Unidos siga siendo competitivo en el mercado internacional tendrá que subsidiar las diversas ventajas ofrecidas por México, subsidios que deberá autorizar el congreso federal que, a pesar de estar integrado mayoritariamente por republicanos, habrá de oponer las debidas resistencias a que el contribuyente norteamericano pague con sus impuestos estas medidas demagógicas reñidas con la más elemental de las razones. Cuando la globalización ha demostrado, con sus debidos bemoles, su eficiencia económica, constituye un verdadero suicidio volver al amurallamiento de la primera potencia del mundo, cuyos contribuyentes, tarde o temprano, habrán de pagar muy cara la decisión tomada el 8 de noviembre pasado.









¿Por qué no echar mano de la historia para recordar la política de El buen vecino instituida por el presidente Franklin D. Roosevelt en 1933, en relación con la política de Estados Unidos con América Latina? ¿Qué tal cuando declaró en su discurso inaugural aquello de “Nunca antes el significado de las palabras ‘buen vecino’ ha sido tan patente en las relaciones internacionales”. Dicha estrategia diplomática caracterizada por la no injerencia en los asuntos domésticos de nuestros países, por la estimulación de intercambios comerciales y tratados bilaterales con sus respectivos vecinos, dio también por cancelado un pavoroso periodo de intervenciones militares estadounidenses en el hemisferio sur, tales como las que se perpetraron en Cuba, México, Haití, Panamá, República Dominicana y Nicaragua, entre otras tantas más, a las que no les puedo dar cabida en este reducido espacio. La promisoria política de El buen vecino, el compromiso de fomentar el bienestar general de la población de cada nación, fue cancelada con el estallido de la Guerra Fría y la penetración de los intereses soviéticos en algunas regiones de América Latina. Imposible olvidar cuando en septiembre de 1943, el propio Roosevelt declaró ante el Congreso de su país: “La política de El buen vecino ha tenido tanto tal éxito en el hemisferio de las Américas que su extensión al mundo entero parece ser el siguiente paso lógico”.

¿Y la Alianza para el progreso, un programa de ayuda económica política y social de Estados Unidos para América Latina creada por el presidente Kennedy en 1961? En lugar de las amenazas de Trump, Kennedy prometía mejorar la vida de los habitantes del continente, establecer gobiernos democráticos, eliminar el analfabetismo, configurar controles inflacionarios, distribuir mejor el ingreso y planear en mejores términos las respectivas economías.

En la actualidad, Trump prometió con volver a hacer de EE UU una gran potencia, cuando nunca dejó de serlo, y lo más grave del caso es que creará caos hemisféricos y mundiales porque nunca aprendió ni aprenderá en qué consistía la política de El buen vecino ni jamás estudió, ni acaso conoce, las ventajas de una alianza latinoamericana para el progreso. Los candorosos que todavía piensen que el presidente Trump será distinto al que vimos en la campaña presidencial muy pronto conocerán los alcances de su equivocación. Para salir de toda duda basta con repasar los nombres, las biografías y tendencias de quienes integran ya su gabinete. Entramos a una era de incomprensión, en donde la solidaridad parece haber desaparecido para siempre…


Leído en  http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/05/mexico/1483654249_091074.html


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