La salida del aire de Carmen Aristegui parece una arrebatada decisión empresarial, una afrenta a su audiencia, un problema adicional para un gobierno cuestionado, un nuevo golpe a nuestro precario sistema de equilibrios. Si tiene elementos de verdad el argumento de que se trata de un pleito entre particulares, es innegable que tiene repercusiones políticas. El espacio de Aristegui no es el único islote de crítica en el charco de aplausos y silencios de nuestros medios pero ha sido desde hace tiempo una tribuna independiente de denuncia que es, en estos tiempos, insustituible.
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