Debate anticlimático, de lugares
comunes, de retórica y chascarrillos, pero de pocas ideas, de momentos
de tensión y choque que, al final, exhibieron una pobreza extrema de
soluciones.
Sin
duda que hubo debate, confrontación, polémica; por primera vez en la
historia de los debates, la población participó con buenas preguntas
hechas directamente a los candidatos y sin duda que los presentadores
hicieron un buen papel. Sin embargo, la rigidez del formato limitó de
nueva cuenta la exposición de ideas, acotó la esgrima y achicó las
soluciones en contexto.
De nueva cuenta el gran perdedor, que
naufragó en la presentación de ideas, en el tiempo y en las respuestas
fue el candidato de Morena, un político que apela a su condición de
puntero sin proponer una sola idea clara, una respuesta coherente, una
solución puntual.
