jueves, 7 de junio de 2012

Carlos Tello Díaz - Enrique Peña Nieto La senda del rockstar


En 2005, al ser designado candidato del PRI a la gubernatura del Estado de México, Enrique Peña Nieto era un desconocido en su tierra. Tres años después ya se le veía como posible presidente de México. Hoy es el puntero en la carrera presidencial. ¿Qué pasó? ¿Cómo lo hizo? Lo que sigue es una posible explicación, que recoge una historia que ha sido olvidada.
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La oportunidad política
A principios de 2003 Enrique Peña Nieto no pensaba en ser gobernador. Era secretario de Administración del gobierno de Arturo Montiel y había sido antes subsecretario de Gobierno. Su nombre no aparecía en el gabinete de ninguno de los gobernadores anteriores al año 2000, en que el PRI perdió la presidencia. Iba a cumplir 37 años: a esa edad, su tío Alfredo del Mazo ya era gobernador del estado y su modelo histórico, el presidente Adolfo López Mateos, senador de la República. El ascenso de Peña parecía lento y poco prometedor. Se había afiliado al PRI desde los 18 años, había estudiado Derecho en la Universidad Panamericana de la ciudad de México. En 1990 lo habían hecho secretario del Movimiento Ciudadano de la zona I del Comité Directivo Estatal de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares y, entre 1991 y 1993, había sido instructor del Centro de Capacitación Electoral del PRI, delegado de organización en Jocotitlán y San Bartolo de Morelos, y representante de la Comisión Coordinadora de Convenciones para la Asamblea Municipal del Frente Juvenil Revolucionario del PRI en el distrito XXIV del Estado de México. Entre 1993 y 1998 colaboró en la campaña del gobernador Emilio Chuayffet y fue secretario particular de su secretario de Desarrollo Económico, Arturo Montiel, y luego de su sustituto, Juan Guerra. En 2000 fue nombrado secretario de Administración en el gabinete de Montiel, el nuevo gobernador del estado. Fue su primer puesto de relieve, a los 34 años. “Soy orgullosamente priista desde 1984”, recordaría más tarde Peña Nieto. “Poco a poco, con perseverancia y trabajo, adquirí más responsabilidades”.1 La frase que importa es esa: poco a poco. Un camino lento, pero una vez arriba, un ascenso vertiginoso. ¿Cómo? ¿Por qué?

El político sinaloense Heriberto Galindo conoció a Peña Nieto siendo secretario de Administración. Galindo acababa de renunciar a la embajada de México en Cuba, buscaba trabajo y tenía vínculos con el Estado de México por su antigua relación con Alfredo del Mazo, ex gobernador del estado y precandidato presidencial del PRI en la sucesión de 1988. Montiel le dio trabajo un día de finales de 2002. “Ese día llama a su secretario de Administración”, recuerda. “Me presenta con él y le dice: Te encargo mucho a Heriberto Galindo, y me dice: Te encargo mucho a Enrique Peña, que es como la niña de mis ojos”.2 Galindo fue con Peña a su oficina en el Palacio de Gobierno y lo vio dar instrucciones para hacerle efectivo el puesto, que incluía un vehículo que iban a asignarle. Recuerda Galindo: “En menos de media hora de verlo actuar le dije, hablándole de usted: Señor secretario, ¿ha pensado usted que puede ser el próximo gobernador del Estado de México? Me contestó: No, por supuesto que no… aunque le debo decir que aspiro a serlo algún día. Yo le dije: No, usted puede serlo ahora. Él me dijo: A ver, razónemelo. Y entonces le dije: Yo veo que usted representa a una nueva generación de políticos, pero tiene que dejar su trabajo aquí para buscar una oportunidad fuera, en el partido o en el Congreso del estado”.3 Pocos meses después, Peña Nieto buscó a Galindo. “Nos vimos en el Vips que está cerca de la Casa del Estado de México, por el Paseo Colón, en Toluca”, recuerda Galindo. “Y me dice: Ya le dije al gobernador que quiero una oportunidad política y creo que voy a ser candidato a diputado local por Atlacomulco”.4

Así fue: Peña Nieto fue electo diputado por el distrito XIII, con sede en su pueblo natal, que da nombre al Grupo Atlacomulco, cuya leyenda es haber gobernado por décadas ininterrumpidas al Estado de México. No sólo eso: fue nombrado también coordinador del grupo parlamentario del PRI y presidente de la Junta de Coordinación Política de la LV Legislatura. Un año después, en octubre de 2004, buscó y consiguió la candidatura del PRI para gobernar el estado en el sexenio 2005-2011.


El candidato del PRI 
En 2005 el Estado de México tenía cerca de nueve millones de electores, 13% del padrón nacional. Sus 15 millones de habitantes generaban alrededor de 63 mil millones de dólares al año de PIB, más del 10% del de México (aunque el doble si se añade lo que generan empresas con domicilio fiscal en otros estados, según una nota de Milenio).5 El estado tenía 124 municipios gobernados en partes iguales por los tres partidos políticos grandes del país. Entre los más poblados, el PRI tenía Ecatepec, el PRD Nezahualcóyotl y Chalco, y el PAN Naucalpan y Tlalnepantla, todos en la franja electoral clave del estado: la zona conurbada de la ciudad de México. Las elecciones eran entre tres y cualquiera podía ganar.

Para la elección de 2005 el PRD hizo candidata a una ex dirigente empresarial de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación, Yeidckol Polevnsky, apoyada por el muy influyente jefe de gobierno de la ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, puntero entonces en las preferencias de la sucesión presidencial de 2006. Polevnsky tenía posibilidades de ganar, pero su candidatura recibió un tiro de muerte al ser revelado que su nombre real era Citlali Ibáñez, que era mexicana de nacimiento, no polaca nacionalizada, y católica, no judía.

El PAN optó por el diputado Rubén Mendoza, contra el entonces subsecretario de Gobernación, José Luis Durán, quien había sido el adversario de Montiel en 1999. La decisión dividió a los panistas. Rubén Mendoza era un político del PRI que, al perder la nominación de su partido para la alcaldía de Tlalnepantla, se mudó como candidato al PAN. Ganó la elección, fue un buen alcalde y ganó luego la elección a diputado federal, pero fue visto siempre como un advenedizo en el PAN.

Por el PRI, junto con Enrique Peña Nieto, se registraron el presidente local del partido, Isidro Pastor; el procurador de justicia, Alfonso Navarrete Prida; el secretario de Gobierno, Manuel Cadena Morales; y Carlos Hank Rhon, rico empresario, hijo del legendario político del estado, maestro del poder y los negocios, ya fallecido, Carlos Hank González. La contienda quedó pronto reducida a dos aspirantes: Peña Nieto, al que apoyaba el gobernador Montiel, y Hank Rhon, al que apoyaba el entonces presidente nacional del PRI, Roberto Madrazo.

Hank tenía a su favor su nombre y su fortuna, y desde luego el apoyo de Madrazo, su amigo, casi su hermano desde que vivió con él en la casa de su familia tras la muerte de su padre, Carlos Madrazo, en un accidente de avión que algunos supusieron intencional para atajar su carrera política a la presidencia. Pero Hank no tenía residencia en el Estado de México ni había tenido cargos en el PRI, lo cual limitaba el apoyo incondicional que podía recibir del presidente nacional del partido. Madrazo quería evitar una rebelión de los gobernadores contra sus aspiraciones a la presidencia: necesitaba mantener un mínimo de unidad con vistas a 2006. No podía estirar demasiado la liga en el Estado de México. Así que cedió. Montiel había apartado todos los otros obstáculos del camino de Peña Nieto, induciendo el retiro voluntario del secretario de Gobierno, Cadena Morales, y del procurador de Justicia, Navarrete Prida, y forzando la ruptura del presidente estatal del PRI, Isidro Pastor.

Peña Nieto fue al final el candidato del PRI. ¿Por qué? Por la razón más obvia. “Se gana la confianza del gobernador, en este caso de Arturo”, explica Alfredo del Mazo, quien lo conoce desde niño por la relación que tuvo con su padre, primo suyo, el ingeniero Enrique Peña del Mazo. “Le inspira confianza. Ese punto es crucial. Le cumple como secretario y le cumple como diputado y coordinador de la bancada”.6 Montiel estaba interesado en un candidato que le garantizara, en la medida de lo posible, dos cosas: fidelidad a su persona y éxito en la elección para la gubernatura. Peña Nieto fue su apuesta. Intuyó que sería fiel y que sería, también, exitoso, que ganaría la contienda en el estado. Fidelidad y éxito. Ésas eran las exigencias del gobernador. La primera de las dos implicaría, para el candidato, un costo muy alto a su credibilidad, sobre todo hacia el final del año, por los escándalos que rodearon a Montiel, denunciado por corrupción en el horario estelar de la televisión por su rival de la candidatura presidencial, Roberto Madrazo. La segunda, necesaria para la primera, iba más allá de su voluntad, aunque sabía que, para cumplirla, tendría todo el apoyo del gobierno del estado. El éxito era indispensable para dar sentido a la fidelidad. ¿Tendría éxito Enrique? Montiel presintió que sí, que a pesar de que no estaba adelante en las encuestas del partido, no al principio, era en cambio un aspirante con una potencialidad de crecimiento mayor a la de los demás. Enrique Peña Nieto era joven, carismático, eficaz, trabajador. Había sido un muy exitoso generador de consensos como líder de los diputados de su partido en una legislatura dividida en tres, donde las fuerzas más grandes tenían más o menos el mismo número de diputados: 24 (PRI), 23 (PAN) y 19 (PRD). Entre las reformas que impulsó estaba una que era clave para el gobernador: la que le dio sustento legal a la reestructuración de la deuda del estado, que logró pasar por unanimidad. Era un hombre ordenado y disciplinado, que siempre resolvía con eficiencia los asuntos de su trabajo, administrativos o políticos. Eso todos lo reconocían. “Es una gente muy eficaz”, revela una persona que lo conoce bien. “Si vas a su oficina, te va a sorprender una cosa de la que a lo mejor él no se da cuenta: encima de su escritorio hay tarjetas, lápices, un reloj, un retrato de su familia… pero no hay papeles acumulados. Es un ejecutivo que tiene prisa por resolver las cosas”.7 

El 11 de enero de 2005 sería acordada la entrega de la candidatura a Peña Nieto. Ese martes los candidatos que todavía permanecían en la contienda fueron citados a las nueve de la noche en la Casa de Gobierno. Montiel los exhortó a tener una candidatura de unidad. Lo mismo dijo el delegado nacional del PRI. Uno tras otro, todos los presentes accedieron. La reunión acabó en la madrugada del miércoles, con el acuerdo de apoyar a Peña Nieto. “Impone Arturo Montiel a sudelfín”, fue el titular del diario Reforma en la ciudad de México.8 Dos semanas después, el periodista Fidel Samaniego entrevistó a Peña Nieto para El Universal. Lo veía por vez primera, como casi todos. Le pareció “un tipo sumamente correcto”.9 Peña Nieto le dijo: “Me siento producto de un acuerdo político… A mí me tocó ser representante de mi partido en la elección”.10
Pero tenía que ser mucho más que eso: para empezar necesitaba medios, en particular televisión.


De candidato a rockstar 
Emilio Azcárraga Jean, al heredar de su padre el mando de Televisa, incorporó a Alejandro Quintero a trabajar al frente del área de la comercialización, que por aquellos años ofrecía, desde la perspectiva de sus accionistas, nuevas y atractivas posibilidades. Entre ellas, la mercadotecnia política, que incluía diseño de campañas, producción de anuncios y pautas de publicidad. Con el estallido de la pluralidad y la competencia democrática que vivía el país, los grandes medios de comunicación eran más necesarios que nunca para ganar elecciones. “La democracia es un buen cliente”, dijo por esas fechas Emilio Azcárraga Jean ante la Cámara de Comercio México-Estados Unidos.11 Para atender a ese nuevo cliente, Televisa abrió una ventana de mercadotecnia política, lo mismo que TV Azteca. La responsabilidad en Televisa fue asumida por Alejandro Quintero, vicepresidente de comercialización de la televisora, uno de los pioneros de la mercadotecnia en México, con años de experiencia en la publicidad y la comunicación en el grupo TVPromo, que desde 1980 trabajaba en alianza con Televisa. El cliente más importante en este nuevo mercado era, por mucho, la Oficina de la Presidencia de la República. Seguían los gobiernos de los estados, que gastaban mucho en medios, costumbre desconocida en otros países, pero muy arraigada en México. Televisa había prestado estos servicios a políticos de todos los partidos, entre ellos al gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, desde su campaña en 1999. Empezó a prestárselos también a Peña Nieto.
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En enero Peña Nieto acudió a su primera junta de estrategia con un equipo de trabajo con Quintero y un equipo de trabajo en el que destacaban Liébano Sáenz y Ana María Olabuenaga. El primero había sido un poderoso secretario de la presidencia durante el gobierno de Ernesto Zedillo. No era bien visto en el PRI, que reprochaba a Zedillo su derrota en 2000, pero había logrado reinventar su imagen durante el sexenio de Fox, al dejar de ser un personaje de la política para convertirse en un proveedor de servicios, concentrado sobre todo en los estudios de opinión, que produciría más adelante con Gabinete de Comunicación Estratégica (GCE). Ana María Olabuenaga, por su parte, era una estrella del mundo de la publicidad desde que, a principios de los noventa, lanzó la campaña Soy Totalmente Palacio. En 2005 hacía la publicidad de los Hoteles Posadas, pero comenzaba a trabajar en otras causas, como la prevención de la violencia contra las mujeres, con una campaña que se volvería célebre por su eslogan: El que golpea a una, nos golpea a todas. Dirigía su propia agencia, Olabuenaga Chemistri, que tenía entre sus clientes a Televisa, a la que le manejaba la estrategia de comunicación del Teletón. Desde entonces trabajaría en la campaña de Peña Nieto. Y habría de permanecer con él, como su publicista, en los años por venir.

Ni Quintero, ni Sáenz ni Olabuenaga conocían a Peña Nieto. Lo conocieron en esa junta, que consistió en una larga entrevista. Cuando terminó la junta las debilidades del nuevo cliente eran claras: apenas lo conocían en el estado, era visto despectivamente como uno de los golden boysdel gobernador y había poco tiempo para darlo a conocer: tres meses de campaña. También quedaron claras sus fortalezas, la mayor de las cuales se le impuso a Olabuenaga a poco de verlo, escucharlo, observar sus gestos. Había que hacer, dijo, una campaña de rockstar. Vender no al partido, que era invendible, ni las propuestas del candidato, que nadie recordaría, sino alpersonaje Peña Nieto. No había que perder tiempo en golpear a los otros, porque una campaña de odio era incompatible con el tipo de persona que querían proyectar. Había que venderlo a él: que diera la cara, que les hablara en lo personal a cada uno de los mexiquenses. “Rubén era un político muy conocido, que había sido un gran alcalde de Tlalnepantla”, resume Liébano Sáenz. “Y entonces, para poder vender a Peña en tan poco tiempo, la estrategia fue vender a un rockstar: apuesto, joven, alegre, cálido, con muy buenas formas. El guapo contra el feo”.12

La siguiente reunión de trabajo fue en Toluca. A ella llegó Yessica de Lamadrid, como enlace operativo del equipo con el candidato. Yessica es originaria de Chihuahua: joven, atractiva, lista, ambiciosa, egresada del Tecnológico de Monterrey. Había trabajado en la Oficina de la Presidencia y en la Secretaría de Gobernación, y había llegado con Quintero por su relación con Santiago Creel. Cuenta Yessica de Lamadrid:

Fue la mañana de un 19 de enero cuando fui citada a las oficinas del presidente del PRI del Estado de México, ya que comenzaríamos un nuevo proyecto, algo diferente de lo que había estado haciendo: una campaña política. Fuera de la oficina del presidente me topé de frente con el futuro candidato, quien muy amablemente dio los buenos días a los que estábamos llegando. Para mis adentros me emocioné. […] Nos entregaron varias encuestas de las preferencias electorales en el estado en las que, si bien su partido estaba bien posicionado, su candidato era poco conocido. Quedamos de entregar una propuesta de campaña a los 15 días.13

El 2 de febrero se presentó la propuesta de estrategia en la que Peña Nieto “sería la figura principal de la campaña”, dice Yessica de Lamadrid.14 Era lo que había planteado, desde el principio, Ana María Olabuenaga: Peña Nieto en el centro de los reflectores, muy cerca de la gente, “sin hablar jamás de sus adversarios, ni de los calificativos que le habían dado en tono de burla”.15 Enrique Peña dijo simplemente “me gusta”.16 


Cuesta arriba
El 9 de febrero hubo un encuentro organizado por El Universal con los tres candidatos a la gubernatura del Estado de México. Desde hacía unas semanas Rubén Mendoza llamaba a Peña Nieto “el sobrino” de Montiel, sugiriendo nepotismo y servidumbre familiar.17 El mote prendió. Era un parentesco remoto del que ni Montiel ni Peña tenían recuerdo: la bisabuela materna de Peña, Ifigenia Montiel, era hermana del abuelo paterno del gobernador, Abdías Montiel.

En el encuentro de El Universal, Peña le reclamó a Mendoza el mote.
—Espero que aquí lo aclares de una vez por todas —le dijo.
Mendoza soltó una carcajada. No tomaba en serio a su rival.
—¿Será el miedo que me tienen? —preguntó—. Se ve que saben leer las encuestas.18
Y volvió a reír.

Rubén Mendoza estaba en efecto arriba de Enrique Peña y Yeidckol Polevnsky en las encuestas de febrero, de acuerdo con Reforma: RM 39, EP 37 y YP 24. Y muy arriba en el valle de Toluca-Atlacomulco, los terrenos de Peña, según Consulta Mitofsky: RM 51, EP 41 y YP 7.

El gobierno del estado maniobró contra Mendoza. Arguyendo irregularidades de precampaña, trató de inhabilitarlo como candidato. Pero eran los días en que el gobierno del presidente Fox fraguaba el desafuero de López Obrador y no estaba el horno para bollos. Mendoza amenazó con paralizar las carreteras del estado. La autoridad electoral estatal decidió no sancionarlo. Peña tomó protesta como candidato al día siguiente de esa decisión adversa, en el aniversario de su boda con Mónica Pretelini. Fue un acto desairado que ocurrió —inusitadamente, como consignó la prensa— “sin la presencia del líder nacional del PRI, Roberto Madrazo Pintado, ni de ningún representante del Comité Ejecutivo Nacional”.19

Peña Nieto estaba abajo en las encuestas, abandonado por la dirigencia de su partido, desconocido por la mayoría de la gente del Estado de México y caricaturizado como sobrino de un gobernador con fama de corrupto. La posibilidad de perder era palpable. Pero nadie en el PRI deseaba una derrota en la elección del Estado de México, anticipatoria en muchos sentidos de la presidencial del año siguiente. El 24 de febrero Madrazo viajó a Toluca para apoyar al candidato de su partido. El 4 de marzo, en Puebla, durante la clausura de los trabajos de la XIX Asamblea Nacional, los priistas acordaron las reglas de selección de su candidato a la presidencia y decidieron apoyar a su candidato a la gubernatura del Estado de México. El 2 de abril Peña Nieto recibió el apoyo de Partido Verde Ecologista de México, un partido minoritario con infalible puntería para atinarle al ganador.


La Fuerza Mexiquense
Esto sucedía en los presídiums y en los discursos. Algo más decisivo ocurría abajo. El PRI contaba desde hacía tiempo con un instrumento que habría de probar todo su valor en la elección de 2005, la llamada Fuerza Mexiquense: una organización de miles de operadores políticos, reunidos en una estructura paralela al partido, en la que participaban priistas y no priistas, financiada con dinero del PRI estatal. El objetivo inicial de Fuerza Mexiquense era levantar una radiografía de necesidades y preferencias municipio por municipio, sin mentiras, sin ilusiones, con el apoyo de expertos en organización. La estructura estuvo en sus comienzos a cargo de Isidro Pastor, pero el ideólogo detrás de la operación era el doctor Luis Medina Peña, intelectual del PRI, ex subsecretario de Planeación Educativa en la SEP y por esos años profesor en la División de Historia del CIDE.

Hacia 1989 Medina Peña había organizado una escuela de activistas en el PRI, a petición de su amigo Luis Donaldo Colosio. Durante un par de años dio clases de técnicas de activismo a cientos de cuadros del partido. El grupo, más tarde, desapareció. Medina Peña pasó una temporada en Estados Unidos. A su regreso, junto con los compañeros que daban esos cursos, un psicólogo, un abogado y un politólogo, fundó un despacho llamado Centro de Posicionamiento Político para ofrecer ese servicio, por afuera, a los cuadros del PRI.

La manipulación electoral estaba desapareciendo por esos días —recuerda Luis Medina—. En el nuevo esquema, al estilo americano, sabíamos que iba a predominar el aire [los medios de comunicación], pero también que era importante el trabajo en la tierra. Para orientar ese trabajo firmamos un contrato con el partido en el Estado de México. La idea era asesorar a un grupo de priistas que creo que había surgido durante la campaña de Montiel, muy desordenado, reunido para hacer trabajo en las comunidades en una estructura llamada Fuerza Mexiquense. Nosotros le dimos forma. Eran unos mil al principio los que trabajaron con nosotros. Llegaron a ser más de cinco mil.20

¿Cómo los preparaban?
Primero los desconstruíamos con terapia de grupo para quitarles toda su carga de mañas, todo su gusto por la manipulación —prosigue Luis Medina—. Era algo muy fuerte. Algunos lloraban. Luego los reconstruíamos para que ayudaran a organizar a las comunidades en función de sus necesidades, alrededor del partido.21

Fuerza Mexiquense hizo la campaña de Peña Nieto en los municipios conurbados que dominaba el PAN, como Naucalpan y Tlalnepantla. Trabajó en las comunidades con publicidad below the line: folletos, cómics, pintas… Tenía trato frecuente con el candidato del PRI —“una persona que estaba muy dispuesta a aprender, rodeado de buenos asesores a los que les hacía caso”, recuerda Medina Peña.22

Su despacho terminó la relación con el PRI estatal después de la elección de 2005. En octubre, el ya gobernador Peña Nieto transformó Fuerza Mexiquense en Expresión Mexiquense y la puso a cargo de Jesús Alcántara, diputado por Atlacomulco —su suplente, de hecho— en el Congreso local. Expresión Mexiquense crecería tanto en los años siguientes que Peña Nieto podría mandar operadores a las campañas de muchos candidatos a gobernador y alcalde cercanos a Peña Nieto, tal como sucedió en Yucatán, Querétaro, Hidalgo, Nuevo León, Veracruz, Morelos, Tamaulipas, Guerrero, Michoacán. Fue uno de los instrumentos de su red de alianzas con nuevos gobernadores priistas, que ganaron sus elecciones en competencias democráticas y abrieron a Peña la muy ancha puerta por donde llegó a la candidatura a la presidencia del PRI en 2011. Sintomáticamente, en el verano de 2011, Expresión Mexiquense sería rebautizada con el nombre de Expresión Política Nacional (EPN).


Te lo firmo y te lo cumplo
Una pieza no menor de La Fórmula Peña Nieto es la noción de comprometerse y cumplir ante notario. “Lo del notario fue muy importante y fue idea de él”, cuenta Liébano Sáenz. “Pidió saber los atributos que más demanda la gente de los políticos. Y la demanda más alta era, por mucho, que los políticos cumplan lo que prometen. Y entonces él dijo —porque es muy intuitivo— que eso era lo que les iba a decir a los mexiquenses: Te lo prometo, te lo firmo y te lo cumplo”.23
—¿Le gusta esa frase? —preguntó Yessica de Lamadrid, presente en esa reunión.
—¿Cuál frase?
—Esa que acaba de decir: Te lo prometo, te lo firmo y te lo cumplo.24

La asumieron como el lema de la campaña. “El jueves 7 de abril estábamos grabando”, dice Yessica. “La sesión fue agotadora, ya que se hicieron cinco spots en un solo día”.25 Revisaron los mensajes para radio y televisión. “Le quitamos el Te lo prometo porque era muy largo”, recuerda Liébano Sáenz. “Quedó Te lo firmo y te lo cumplo”.26 Serían en total más de 600 compromisos de campaña. Hubo entonces una reunión más para dar a conocer el material dirigido a la televisión, producido con profesionalismo por Radar. La campaña salió al aire el 17 de abril, día de inicio legal de la campaña, aunque ya la prensa conocía el mensaje. Ese día pudo leerse en Milenio: “Peña Nieto reiteró su propuesta de campaña de que firmará ante notario público cada uno de los compromisos que haga con la ciudadanía”.27 Así, la marca que lo distinguiría —te lo firmo y te lo cumplo— era ya conocida en el momento de ser lanzada al mercado. Peña comenzó de inmediato a subir en las encuestas. Recuerda Liébano Sáenz: “Hay un spot en que decía Peña algo así como Yo no sé cuál sea la distancia del Sol a la Tierra, pero hay tres personas que creen que lo sé todo, son mis tres hijos, y por ellos y por todos los mexiquenses, te lo firmo y te lo cumplo… Ahí fue el quiebre”.28

Las encuestas levantadas a fines de abril tenían números muy distintos a los de febrero. Consulta Mitofsky: EP 36, RM 32 y YP 31; Reforma: EP 38, RM 35 y YP 27; El Universal: EP 35, YP 32 y RM 29. A partir de entonces la brecha no haría más que crecer.

Peña Nieto demostró ser un candidato disciplinado y consistente, que entendió de inmediato que la publicidad —en su caso la política: te lo firmo y te lo cumplo— está hecha de repetición. Sus asesores le enseñaron que las marcas, todas, deben ser construidas en el tiempo, con variaciones dentro de la repetición, para no saturar al público. Así fue y así ha sido. De entonces a ahora Peña Nieto ha proyectado un solo mensaje, uno solo, el que escogió él mismo durante su campaña por la gubernatura de 2005. El lema Te lo firmo y te lo cumplo pasó a ser, ya en el poder, Compromiso: gobierno que cumple, y fue más tarde, a partir de 2010, Compromiso por México, nombre de la alianza que lo postuló en 2012 a la presidencia con el mismo mensaje de siempre, su marca: Tú me conoces, sabes que sé comprometerme, pero lo más importante, sé cumplir.

Pero había algo más que explicaba el éxito del candidato del PRI, algo que nadie había visto hasta entonces, pero que había sido intuido por Ana María Olabuenaga. Su encuentro con la multitud.


La multitud
“Yo lo vi crecer”, dice Heriberto Galindo. “En los mítines en pos de la gubernatura, Peña llegaba desde atrás, donde estaban las últimas gentes, y se tardaba más de una hora en llegar al templete. Saludando a todos. Besuqueado. Sudado. Así se ganó a la gente. Esta técnica la usó en todos los mítines, así se tardara una hora o más en el trayecto para llegar al templete. El mitin en sí duraba media hora, a lo mucho. A veces llegaba en hombros. La primera vez que vi eso fue en un mitin de 10 mil gentes, en Nepantla. Eres un Pedro Infante de la política, le dije”.29
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Yessica de Lamadrid había notado con sorpresa ese mismo rasgo de Peña Nieto durante la precampaña, en una reunión con mujeres de la CNOP, en Ecatepec. “Me di cuenta de dos cosas fundamentales: Enrique saludaba a todas las personas presentes de mano y siempre escuchaba lo que le estaban diciendo. Estas dos cualidades fueron impactantes”.30 Empezó a suceder rutinariamente: la gente lo quería ver y tocar. Hombres y mujeres. “Aguardaban con paciencia”, explica Yessica, “porque sabían que el licenciado Peña saludaría de mano a todos y cada uno de los asistentes, sin importar cuánta gente estuviera presente”.31

Los testimonios más diversos coinciden en eso: “A mí me impactó ver en su campaña de gobernador que rompiera el protocolo para meterse entre la gente”, dice Alfredo del Mazo. “Apapachando, dejándose apapachar. Se pasaba horas saludando, por eso a veces los eventos se retrasaban. Pero si haces las cosas así, al llegar al templete ya generaste un ambiente. Ese contacto con la gente fue decisivo”.32 Así lo recuerda también José Andrés de Oteyza, responsable de la empresa de construcción OHL, que hizo obras muy importantes en el Estado de México: “Yo no niego que haya acarreados, siempre los ha habido en el PRI. Pero yo te quiero decir que lo he acompañado a muchísimas inauguraciones de carreteras y que la gente se le avienta encima”.33 Esa relación con la multitud agudizó con los años el problema de su seguridad. En una plática en un helicóptero que los llevaba a la ciudad de México, una plática de tres minutos, un amigo muy cercano tocó el tema con él desde el punto de vista de los riesgos. Y recuerda, una a una, las palabras con que Peña respondió: Un torero que no se arrima, no triunfa. Yo no puedo impedir que, en vez de abrazarme, alguien me acuchille.

El contacto con la gente era la parte de la campaña que más disfrutaba Peña Nieto. Pues era un seductor —un seductor de multitudes en las plazas del estado, pero también en las pantallas de televisión, que lo proyectaban a todos los hogares en producciones de lujo—. Y los mexiquenses eran jóvenes, estaban identificados por su edad con el candidato del PRI. Había nueve millones de electores en el estado (ocho millones 869 mil 630, para ser exactos) y cerca de dos terceras partes tenían menos de 39 años. Las personas que asistían a los actos de campaña eran muy jóvenes. Muchas de ellas mujeres. La prensa captó sus gritos desde el principio: “¡Enrique… mi amor… serás gobernador!… ¡Enrique… Peña… no importa que tengas dueña!”.34 También cuando subieron de tono con el tiempo: “Peña Nieto… bombón… te quiero en mi colchón”. Hacia el final de la campaña, de acuerdo con la prensa, “dejó la faceta de serio y empezó a improvisar y hacer bromas durante sus discursos, además de que dedicaba hasta 20 minutos a firmar autógrafos”.35

Un rockstar…
El candidato del PRI agendó por esos días una sesión de fotografía con la revista Caras de Televisa. Un mes antes de la elección, la producción encontraría un espacio en la portada con un llamado que decía así: “El político más guapo del momento”.36 Era su debut en las revistas del corazón. Pero era también un paso más en la estrategia que había sido planeada desde el principio —centrar los reflectores en el personaje— por su equipo de campaña. Su contrincante más importante, por esos días, caía de cabeza. Rubén Mendoza había dejado de hablar de sus propuestas de gobierno. En sus espectaculares, ahora, había lemas que decían cosas como esta: Sí, soy feo, pero sé gobernar. O como esta: No soy un niño bien, soy un hombre de bien. Rubén adoptó así, en el drama de la campaña, el papel que los asesores de su adversario le habían asignado desde el comienzo en su estrategia de campaña: el de feo.


El triunfo
La campaña de 2005 tuvo al final nada más un nubarrón que amenazó el camino del candidato del PRI. Pero ese nubarrón, con el tiempo, sería grande. A fines de mayo, Mendoza y Polevnsky, ya más de 10 puntos abajo en los sondeos, empezaron a criticar los gastos de campaña de Peña Nieto. En 1993 el candidato había sido tesorero del comité de financiamiento del PRI en la campaña de Chuayffet y, en 1999, subcoordinador financiero del partido en la campaña de Montiel. Conocía el tema, y lo llevaba en orden. El PRI era, en 2005, el único partido en publicar sus gastos en internet. Había egresado según sus cifras, hasta ese momento, 85 millones de pesos, a los que iba a sumar 45 millones antes del final de la contienda. El tope eran 216 millones, más del doble que en 1999 (100 millones). Una fortuna que bastaba y sobraba para hacer de todo. Ese era el verdadero escándalo: que el tope permitido por la ley fuera tan alto. Para ver los números en perspectiva hay que señalar que el tope de gastos en la campaña de 2006 fue de 651 millones de pesos pero para disputar, no un estado, sino la presidencia de la República. En todo caso, el candidato del PRI emplazó a sus adversarios a presentar una denuncia ante las autoridades, no sólo ante los medios de comunicación —“y manifestó estar dispuesto a ser sujeto de una auditoría”, de acuerdo con la prensa.37 “Si hay estas supuestas pruebas, que las presenten… digo, nadie les ha atado los brazos. No han presentado nada”.38

Pero ése sería uno de los cargos de más peso en su contra en los meses por venir. ¿Cuánto dinero gastó en publicidad durante la campaña? Nunca quedó claro, ni está claro hasta ahora. En parte por la costumbre de violar la ley de topes a los gastos de campaña: todos sospechaban de todos los demás porque todos la violaban, si podían. En parte porque la ley era, ella misma, tolerante con la violación a los topes de gastos (la sanción consistía, por lo general, en multar al partido infractor con un tanto igual al del monto ejercido en exceso, pero no era nunca una causal de nulidad de la elección). En parte también porque la publicidad de Enrique Peña Nieto era muy visible en el Estado de México. Muy visible, sin duda, aunque, más que nada, muy exitosa. Rubén Mendoza gastó también una fortuna en publicidad, pero a nadie de sus adversarios le importó que la gastara en espectaculares que decían Sí, soy feo.

El 3 de julio fueron instaladas 15 mil casillas en el Estado de México. Esa noche todos conocieron los resultados: Enrique Peña Nieto 47.6, Rubén Mendoza 24.7 y Yeidckol Polevnsky 24.3. Alianza por México había ganado por 23 puntos de ventaja. La primera plana de Reforma fue contundente: “Arrasa PRI Edomex”, y más abajo, en un pie de foto del candidato del PAN: “Pierde feo”.39 Rubén Mendoza sería el primero de una lista muy larga de políticos que cometieron el error de subestimar electoralmente a Enrique Peña Nieto.


Hacia 2012

La campaña de 2005 marcó el ascenso de Peña Nieto no sólo en el Estado de México sino en toda la República. “La gente empezó a hablar de él como presidenciable durante su campaña en el estado”, recuerda incluso su hombre de confianza, Luis Videgaray.40 Y así coinciden otros más. “Desde la campaña por la gubernatura se empezó a rumorar que, si se cuidaba, si ganaba, si crecía, podía aspirar a más”, confirma su jefe de prensa, David López.41 Con la misma fórmula que le permitió ganar en 2005 —exactamente la misma— habría de gobernar el estado en los años por venir. Y con esa misma fórmula habría de obtener, primero, la candidatura del PRI para, más tarde, disputar la presidencia de la República. Todos los elementos de La Fórmula Peña Nieto —todos— estaban ya presentes en la elección del Estado de México. ¿Cuáles son?

La fórmula incluía resultados en el ejercicio del gobierno, el uso eficaz y visible de los recursos que desde hacía varios años estaban a disposición de los mandatarios de los estados, que le habrían de permitir al gobernador del Estado de México, en concreto, cumplir sus promesas de campaña con el lema que sería también su marca: Compromiso: gobierno que cumple. La fórmula incluía una organización en la tierra capaz de ganar elecciones, una organización a la vez poderosa y refinada, surgida en el contexto de la democracia y la pluralidad, Expresión Mexiquense, que daría resultados en la contienda de 2009 (para diputados) y 2011 (para gobernador) pero que también sería aprovechada para competir y ganar en otros estados de la República. La fórmula incluía una relación muy provechosa con los medios de comunicación, sobre todo la televisión, en particular Televisa, para dar a conocer, en una secuencia planeada con dramatismo, año con año, el cumplimiento de los compromisos de campaña, pero con el objetivo también de proyectar algo más, algo que todo el mundo vio por vez primera durante la campaña, un personaje: Enrique Peña Nieto. Porque la fórmula de la victoria incluía también, sin duda, la concentración de los reflectores en ese personaje, el rockstar de la campaña, el gobernador que sacudía a la multitud, alguien que representaba un cambio de generación en el país no sólo por su edad, sino porque había crecido, como funcionario y como político, en el contexto de la democracia en México.

Peña Nieto aplicó con éxito la fórmula de la victoria durante su gestión al frente del gobierno del Estado de México. Pero no sólo eso: la supo exportar al resto de los estados a favor del PRI. El derrumbe de su partido, la hecatombe de 2006 provocó un vacío de poder en el centro que fue de inmediato llenado por el poder de la periferia, el de los gobernadores, entre ellos el del hombre que dirigía el estado más poblado del país, donde la mayoría de sus habitantes vivía, además, en la zona conurbada de la capital. Su liderazgo creció de la periferia hacia el centro. Peña Nieto ofreció su solidaridad a sus colegas, los gobernadores; su ayuda en sus gestiones con la Federación; su apoyo a las campañas de candidatos que ayudaba a construir en los estados, muchas veces contra las posiciones del centro. Ofreció su fórmula (el uso de medios en el aire, la operación en la tierra, el énfasis en la eficiencia con los recursos que tenían de pronto los estados) en un momento en que el centro no podía ofrecer nada similar porque estaba descabezado: no había presidente del PRI. La mayoría de los candidatos que apoyó eran jóvenes, algunos carismáticos y mediáticos como él, todos montados en su fórmula, indispensable en un país en que había que competir para ganar las elecciones. Eran parte de una generación de priistas que había surgido a partir de la alternancia: representaban a la juventud. Peña Nieto buscó, desde el principio, asumir su liderazgo. Por eso jamás renunció a la alianza con un partido muy desprestigiado, pero que tenía el respaldo de la juventud, el PVEM. ¿Qué le ofrecía? Así lo diría él mismo: “Ser un partido construido fundamentalmente con figuras jóvenes que están incursionando en la política… un partido que nos permitirá sumar a este sector de la sociedad a nuestro proyecto”.42

La lista de gobernadores que recibieron el apoyo de Peña Nieto, primero durante su campaña y luego durante su gobierno, una lista muy larga, incluye a Ivonne Ortega en Yucatán (2007), a José Calzada en Querétaro (2009), a Rodrigo Medina en Nuevo León (2009), a Javier Duarte en Veracruz (2010), a Roberto Borge en Quintana Roo (2010), a Francisco Olvera en Hidalgo (2010), a César Duarte en Chihuahua (2010), a Miguel Alonso en Zacatecas (2010), a Eruviel Ávila en el Estado de México (2011). Incluye también a varios candidatos a alcaldes de ciudades de peso, como Aristóteles Sandoval, quien ganó la presidencia municipal de Guadalajara en 2009, apoyado por Peña Nieto para ser candidato del PRI a la gubernatura de Jalisco en 2012. Varios de estos políticos son jóvenes (Ortega, Medina, Duarte, Alonso, Sandoval), algunos de ellos muy jóvenes (Roberto Borge). Muchos compitieron en alianza con el PVEM (Ortega, Borge, Olvera, el propio Eruviel Ávila). Y algunos han hecho uso de los medios en forma muy similar a Peña Nieto (empezando por Rodrigo Medina).

A partir de sus alianzas en los estados, sobre todo durante las elecciones, aunque también en el ejercicio del gobierno, Peña Nieto asumió el liderazgo de los gobernadores del PRI. Ese liderazgo estalló en cara de todos cuando su fórmula, la fórmula de la victoria, arrasó en las elecciones de 2009 en la Cámara de Diputados. Desde ahí, el gobernador del Estado de México consolidó su autoridad con ayuda de su hombre de confianza, Luis Videgaray, quien había sido esencial (como secretario de Finanzas) para dar eficacia a su gestión de gobierno en el estado y que sería fundamental (como diputado federal) para reafirmar su ascendencia entre los gobernadores, por medio, sobre todo, de la responsabilidad que adquirió en el momento de ser electo: la presidencia de la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública, encargada de revisar el presupuesto de egresos de la Federación. Así, Peña Nieto impuso con facilidad a su candidato en la presidencia del PRI, el ex gobernador Humberto Moreira, durante la sucesión de Beatriz Paredes en 2011. Y pudo ser designado candidato único del PRI a la presidencia de la República en 2012. Es el candidato que con más contundencia ha ganado la candidatura del partido a lo largo de su historia, sin excluir los años en que predominaba el dedazo en el PRI.

Peña Nieto ha seguido la fórmula de la victoria desde que comenzó su campaña por la presidencia en abril de 2012. Disciplina y planeación, nada de improvisación, para consolidar su marca: Compromiso por México. Organización en todo el territorio con el apoyo de la maquinaria del PRI. Uso eficaz de la publicidad, con spots impecablemente producidos. Concentración de la campaña en el personaje que arrastra a la multitud. “Es cálido en su trato, pero es frío en sus decisiones”, dice con lucidez Alfredo del Mazo.43 Cálido en su trato, frío en sus decisiones. Un candidato extraordinariamente disciplinado, que ha planeado todo sin improvisar nada, con años de anticipación: racional, eficaz y frío, sobre todo en el momento de lanzar su candidatura. No hizo nada que pusiera en riesgo ese objetivo. Apoyó, por encima de su primo, al candidato con mayor posibilidad de ganar en el estado: Eruviel Ávila. Soltó la mano de dos gobernadores que fueron útiles en su momento: Ulises Ruiz en Oaxaca y Mario Marín en Puebla. Dejó morir a Humberto Moreira cuando estalló el escándalo de la deuda de su gobierno en Coahuila (aunque la corrupción, el dispendio y la inversión en política que caracteriza a muchos de los miembros de su alianza tienen como símbolo a Moreira). Sacrificó a su amigo, el diputado Francisco Moreno, que perdió un lugar en el Senado por el estado de Morelos porque su broma provocó un escándalo entre las mujeres del PRI. Peña Nieto ha sido un político frío en todo, salvo en su fidelidad por Montiel, el hombre que lo impulso para dar, en 2005, el salto que lo tiene hoy en la antesala de la presidencia.

Carlos Tello Díaz.
 Escritor. Entre sus libros: El exilio: Un relato de familia, La rebelión de las Cañadas, En la selva y 2 de julio.

1 Citado por Andrés Becerril, “Echado pa delante”, Excélsior, 2 de mayo de 2012.
2 Entrevista a Heriberto Galindo, México, 30 de enero de 2012.
3 Ídem.
4 Ídem.
5 Milenio, 28 de marzo de 2005.
6 Entrevista a Alfredo del Mazo, México, 28 de febrero de 2012.
7 Entrevista a Liébano Sáenz, México, 1 de marzo de 2012.
8 Reforma, 13 de enero de 2005.
9 Fidel Samaniego, “Mi postulación, producto de un acuerdo político”, El Universal, 3 de febrero de 2005.
10 Citado por Fidel Samaniego, “Mi postulación, producto de un acuerdo político”, El Universal, 3 de febrero de 2005.
11 Noelia Sastre, “No al control de publicidad política: Azcárraga Jean”, El Universal, 15 de octubre de 2004.
12 Entrevista a Liébano Sáenz, op. cit.
13 Yessica de Lamadrid, La campaña de Enrique Peña Nieto. Alberto Tavira me proporcionó una copia de este documento, que él cita con amplitud en Las mujeres de Peña Nieto, Océano, México, 2012, un libro muy revelador de la personalidad del candidato del PRI a la presidencia.
14 Yessica de Lamadrid, La campaña de Enrique Peña Nieto.
15 Ídem.
16 Ídem.
17 El Universal, 9 de febrero de 2005.
18 Citado por El Universal, 9 de febrero de 2005.
19 El Universal, 13 de febrero de 2005.
20 Entrevista a Luis Medina Peña, México, 7 de mayo de 2012.
21 Ídem.
22 Ídem.
23 Entrevista a Liébano Sáenz, op. cit. Gabinete de Comunicación Estratégica realizó después, en 2011, una Encuesta Nacional sobre Atributos Negativos en Partidos. En ella había una pregunta hecha por teléfono: “De esta lista de atributos, ¿cuál considera que es el atributo más importante que no debería tener un partido político?”. El 51% respondió mentiroso y el 26% corrupto. Para la mayoría de los mexicanos era más grave ser mentiroso que corrupto.
24 Yessica de Lamadrid, op. cit.
25 Ídem.
26 Entrevista a Liébano Sáenz, op. cit.
27 Milenio, 17 de abril de 2005.
28 Entrevista a Liébano Sáenz, op. cit.
29 Entrevista a Heriberto Galindo, op. cit.
30 Yessica de Lamadrid, op. cit.
31 Ídem.
32 Entrevista a Alfredo del Mazo, op. cit.
33 Entrevista a José Andrés de Oteyza, México, 23 de marzo de 2012.
34 Citado por El Universal, 17 de abril de 2005. Las citas aparecen en una crónica de la campaña publicada en la página 10 de la sección A.
35 Reforma, 29 de junio de 2005.
36 Citado por Alberto Tavira, Las mujeres de Peña Nieto, Océano, México, 2012, p. 24.
37 Milenio, 25 de mayo de 2005.
38 Citado por Milenio, 25 de mayo de 2005.
39 Reforma, 4 de julio de 2005.
40 Entrevista a Luis Videgaray, México, 16 de marzo de 2012.
41 Entrevista a David López, México, 2 de marzo de 2012.
42 Citado por Ana Paula Ordorica, 2012, los punteros: dos conversaciones, Grijalbo, México, 2012, p. 112.
43 Entrevista a Alfredo del Mazo, op. cit.


Leído en  http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2102727

Ana María Matute - El niño al que se le murió el amigo.

Ana María Matute
(1926)
El niño al que se le murió el amigo.

Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre:

-El amigo se murió.

-Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar.

El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. «Él volverá», pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar.

-Entra, niño, que llega el frío -dijo la madre.

Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos y pensó: «Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada». Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre.

La madre le abrió la puerta, y dijo: «Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido». Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.

Leído en: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/matute/amm.htm
Sitio oficial: http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/matute/bio.htm

miércoles, 6 de junio de 2012

Invitacion : Las Grandes Divas del Rock !!!

Cual era / es tu excusa ?

Eres de los que se quejan por que la vida te trata mal ?

Si no votas, no te quejes.


Tepozteco - La verdad sobre el movimiento yosoy132. Primera parte.


Actualmente estamos viviendo el proceso de una nueva elección presidencial, en donde se están aplicando tanto la guerra sucia, como la intervención presidencial, en este caso, de una manera menos exagerada que en la elección anterior, pero palpable. Adicionalmente, se han incluido tres nuevos elementos nocivos para nuestra democracia, uno de ellos, muy preocupante.

Tradicionalmente, cada candidato presidencial, como parte importante de su campaña, visita tantas ciudades como puede, o le conviene, y se presenta en mítines, realizados en espacios públicos apropiados para albergar a sus simpatizantes. Mientras mayor sea la asistencia, mayor es la muestra de su posible éxito, por consiguiente, se procura “ayudar” a aumentarla con los llamados “acarreados”. Esta práctica, iniciada por el PRI, también la han imitado los demás partidos. Como es lógico suponer, solo asisten (o debieran asistir) a esos mítines quienes simpatizan con el candidato o los que son llevados, con algunos ofrecimientos atractivos, para incrementar su cantidad.

Como en esta votación, la ventaja del PRI, se había considerado muy difícil de superar (ya no lo es tanto, si hacemos caso a la propaganda actual), en el tiempo restante de las campañas (menos de un mes), una de las novedades es infiltrar en sus mítines a grupos de personas, con preferencias diferentes a las de dicho partido, con el objeto de que se manifiesten “pacíficamente” en el mismo lugar, con pancartas y gritos en contra de su candidato. El objetivo evidente es que se resalten las inconformidades en las reseñas y videos realizados por los medios de comunicación y, de esta manera, crear un ambiente de descontento, en beneficio de su causa. Lógicamente, estas provocaciones han dado lugar a algunos enfrentamientos, a pesar de la petición de EPN, a sus simpatizantes, de no caer en ellas. Según escuché, hace unos días , algo similar hacía el famoso “Maquio”, uno de los elementos más destacados del PAN, reconocido por propios y extraños; él hacía una manifestación, al mismo tiempo que la del PRI pero, y esa es la gran diferencia, en otro lugar. En la actualidad, evidentemente, con este tipo de provocaciones, se están afectando los derechos de terceros a manifestarse libremente pero, como a nadie parece importarle, el resultado ha sido la generalización de este tipo de provocaciones, en donde ya participan grupos de los tres principales partidos. Lógicamente, estas intromisiones no solamente alteran el orden público sino, lo más preocupante, han propiciando el encono entre los simpatizantes de los diferentes partidos, cuya simple rivalidad electoral ha evolucionado, en algunos casos, hasta convertirlos en enemigos declarados, augurando nada bueno en el futuro, gane quien gane. Si alguien lo duda, le bastaría leer la mayoría de los comentarios de los participantes en las redes sociales. Con el agravante de que, uno de los candidatos, supuestamente, está preparando el terreno para una impugnación, de alcances no previstos, en el caso de no ganar la elección. El movimiento yosoy132, originado e “inflado” por quienes no desean el regreso del PRI (como se hará evidente más adelante), se manifiesta en todas las reuniones las que asiste su candidato, llegando al increíble, muy reprochable y muy inquietante extremo, de agredir con manotazos al vehículo que transportaba a EPN y a su esposa (extremo al que, seguramente, no llegarían sus rivales), anticipándonos ya muestras muy claras del “espíritu cívico” con que actuarán posteriormente. ¡Vaya grupo de fanáticos “fabricado” por la desesperación de no poder ganar la próxima elección presidencial democráticamente! Al tratar de impedir, como lo manifiestan claramente los integrantes de dicho grupo, que EPN sea nuestro próximo Presidente, están afectando los derechos de la gran mayoría de sus compatriotas de poder elegir libremente a su candidato, es decir, están afectando los derechos de terceros. Como, seguramente, no conocen nuestra Constitución, a continuación transcribo una parte del Artículo 6º:

“La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito o perturbe el orden público…”

También ha sido una práctica común que los candidatos se presenten en las universidades, en recintos cerrados, respondiendo a invitaciones, con el fin de informar a los alumnos y profesores sobre sus planes, y promesas de gobierno. Adicionalmente, en la parte correspondiente, contestan a sus preguntas e inquietudes. Todos sabemos lo sucedido a EPN en la Ibero, en donde, después de haber contestado a todas las preguntas que le hicieron, a satisfacción o no de quienes lo interrogaron, a su salida del reciento correspondiente, fue objeto de insultos por parte de un grupo de estudiantes. Este tipo de incidentes no son algo nuevo, han ocurrido en varias ocasiones, en diferentes centros de estudio, en contra de varios candidatos y personalidades y, seguramente, también se presentarán en el futuro. Sin embargo, existe una gran diferencia, en relación con todas las ocasiones anteriores: el comportamiento de los estudiantes que participaron en este tipo de manifestaciones, en donde proliferaron los insultos, fue duramente criticado por los medios de comunicación y por el público en general. No siendo así en este caso, en el cual, anteponiendo intereses partidarios a la razón, se justificó la actitud agresiva de quienes se comportaron, de una manera muy diferente a la esperada de los jóvenes que han dedicado gran parte de su vida a su formación como ciudadanos útiles a la sociedad y de quienes se espera expresar sus inconformidades de una manera civilizada.

Con el pretexto de unas declaraciones del presidente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, en una entrevista, en la cual, supuestamente, afirmó que los insultos a EPN los habían externado porros y alborotadores, que se infiltraron en dicha universidad, se generó una respuesta airada de varios estudiantes de la Ibero, quienes al recibir, en las redes sociales, innumerables alabanzas y muestras de apoyo a su reprochable comportamiento, se responsabilizaron, muy orgullosos, de dichos actos, proporcionando sus nombres y los números de sus credenciales. A dicha respuesta se incorporaron, además de los participantes de las redes sociales contrarios al PRI y a su candidato, también la candidata del PAN, quien los exhortó abiertamente a salir a las calles a manifestarse en contra de EPN y el candidato del PRD que hizo lo mismo pero, “por abajo del agua”, según lo evidencia una boleta que circuló por internet y ha recibido regular difusión. Adicionalmente, varios columnistas, con preferencias electorales diferentes al PRI, guardaron en un cajón su ética profesional, mucha o poca, según la persona, y se apresuraron a escribir múltiples elogios a este bochornoso comportamiento, algunos tan exagerados que rayan en lo ridículo; entre ellos, se les reconoció por su “valentía”, al haber insultado a una persona indefensa, aprovechando el ser parte de una multitud, corriéndolo de su plantel, no obstante el haberlo invitado previamente, solo faltó que los condecoraran en una ceremonia solemne. Si algún acto podría calificarse de valor civil es el de un profesor de dicha institución quien, posteriormente, no obstante la hostilidad en el ambiente, manifestó que deberían disculparse ante EPN por haberlo insultado, desde luego que, no logró nada al respecto, salvo el justificar la libre expresión que debe prevalecer en las universidades, como si los insultos y las difamaciones fueran parte de la misma. Con el pretexto mencionado al principio de este párrafo y entre vítores de los ya descritos y algunos más, se inició el movimiento “yosoy132” pero, ¿Cuál es la realidad?

El dirigente del PRI, Pedro Joaquín Coldwell es egresado de la Ibero y fue maestro en la misma, por consiguiente, la conoce perfectamente. Cuando le preguntaron, en el noticiero del mediodía de Milenio, si eran porros e infiltrados quienes habían insultado a EPN, contestó que no lo sabía y no tenía elementos para saberlo y, en todo caso, correspondería a las autoridades el averiguarlo. Su respuesta, para su sorpresa, fue modificada radicalmente, al reproducirse por Internet, con el objeto de indignar a los alumnos participantes en dichos actos, pero está grabada y obra en los archivos de Milenio.

Existen tres opciones para lograr que las personas se comporten como queremos: motivándolas (la única positiva), amenazándolas o engañándolas, cuando utilizamos esta última, las estamos manipulando, y esa fue, precisamente, la empleada por quienes “fabricaron” el engaño y complementaron su tarea aclamando a los protagonistas por su comportamiento, muy censurable, si actuáramos correctamente, llenándolos de alabanzas y haciéndolos sentirse muy orgullosos de su “hazaña”.

El movimiento generado posteriormente y su acelerado crecimiento, tiene como características principales el haber sido originado por el engaño y la manipulación a unos alumnos de la Ibero, por rivales del PRI, a quienes no creo necesario identificar, un principio nada encomiable, aprovechando también su ignorancia manifiesta, tanto de nuestra historia como de la situación económica y política actual pero, no se trata de un movimiento de los “jóvenes”, como pretenden hacernos creer sino, solamente, de un grupo de estudiantes, a quienes se han incorporado, en gran cantidad, los de otras universidades y grupos diversos, aprovechando la oportunidad para captar reflectores.

Según la últimas encuestas publicadas por el Grupo Reforma (el 3 de abril del año pasado) sobre las preferencias electorales de los jóvenes entre 18 y 29 años, 7 de cada 10 estaban a favor de EPN, de los cuales, considerando los votantes con estudios universitarios: 55% a favor del PRI, 24% a favor del PRD y solamente el 18% a favor del PAN. Como me preocupa mucho el destino de nuestro país, procuro estar bien informado y estas son las últimas estadísticas de este segmento de los votantes de que tengo conocimiento. Posiblemente existan algunas más recientes sin embargo, dudo mucho que se hayan modificado radicalmente, como nos quieren hacer creer. De cualquier manera, el actual movimiento, debido a la exagerada propaganda que ha tenido, sí podría tener un efecto sensible en las mismas, pero dudo mucho que las revierta. Es verdad que los jóvenes estudiantes que se han anexado a movimiento yosoy132, se cuentan por decenas de miles, pero no todos los jóvenes son estudiantes, ni todos los estudiantes comparten sus convicciones. Para tener una buena idea de su impacto en la próxima elección presidencial, los jóvenes entre los 18 y los 29 años representan el 30.3% de los posibles votos y suman un poco más de 24 millones (que sí son muchos) de un total de cerca de 80. Como puede verse, sus preferencias, definitivamente, pueden marcar el rumbo en la próxima elección pero, falta saber si los demás jóvenes cambiarán sus preferencias, en función de la propaganda actual.

Al asegurar que una de las características de los jóvenes estudiantes es su ignorancia de nuestra historia, no lo estoy expresando como insulto, sino porque es lo más natural en esa etapa de la vida. Yo también fui estudiante de una carrera profesional y de una maestría y, al igual que los millones que han estado en esas condiciones, gran parte de mi tiempo lo dedicaba a estudiar las materias de mi carrera y el resto, a aprovechar mi juventud para divertirme al máximo de mis posibilidades. Nunca observé, a ninguno de mis compañeros, adicionalmente, estudiar nuestra historia y comentarla, no teníamos tiempo para eso. Desde luego que leía los periódicos y estaba al tanto de las noticias del momento, pero esa información no es suficiente para poder opinar con certeza sobre nuestros problemas nacionales. Dos preguntas que me hacía en ese tiempo las pude contestar años después, al haber estudiado nuestra historia y leer algunos libros sobre economía: por qué estábamos más atrasados que otros países y por qué nuestros vecinos habían avanzado mucho más que nosotros.

También aseguro que no conocen bien nuestra situación política y económica actual y me baso en sus propias declaraciones y peticiones. En una segunda parte presentaré mis fundamentos al respecto.

Aunque dicho movimiento fue “fabricado” y manipulado inicialmente, se ha ido independizando de sus precursores (aparentemente anónimos pero, muy fáciles de identificar), desafortunadamente, también se ha ido contaminado con la inclusión de otros grupos, como son los del SME, el CNTE, el sindicato de la UNAM y varias agrupaciones más que no se han especificado, siendo imprevisible y preocupante su influencia en el futuro de nuestra patria, por su falta de preparación para, efectivamente, colaborar en la solución de los múltiples y graves problemas que nos aquejan. El no estar debidamente capacitados lo suplen con creces con una actitud soberbia, al creerse superiores al resto de la población y, en consecuencia, entre muchas otras cosas, nos van a enseñar a emitir un voto “razonado”. Se les ha comparado con movimientos generados en otros países, pero el de ellos es muy diferente, al unirse a las preferencias electorales de la minoría de la población, tratando de impedir el triunfo democrático del candidato de la gran mayoría de los mexicanos. Por más que lo disfracen y lo adornen, se trata de un movimiento para destruir, de un solo golpe, el largo camino que hemos tenido que recorrer hacia la democracia. Entre sus consignas hay algunas muy preocupantes, como por ejemplo: “Si hay imposición habrá revolución”. Califican de “imposición” los deseos de la gran mayoría de sus compatriotas ¡Vaya absurdo! , olvidando las palabras del considerado como Benemérito de las Américas: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Recordado hacia ellos, sin ninguna advertencia de represalias (que deben ser reprimidas, a toda costa, si las hubiere, en beneficio de nuestro futuro), solamente expresando mi ferviente deseo de que no cumplan con su amenaza.



Francisco Garfias - “Soy yo o el fraude…”




Aun faltan 24 días para las elecciones. Casi todas las encuestas nos dicen que López Obrador mejora en las preferencias electorales, pero que aún está a dos dígitos de Peña Nieto. La ventaja del candidato del PRI todavía es considerable, aunque no irremontable.

Aun así, el tabasqueño ya retomó su vieja cantaleta. Volvió a ser el Andrés de siempre. Dice que sus adversarios van a recurrir a la guerra sucia, pero que si no les alcanza, van a ir al fraude.

El hombre no pierde oportunidad para descalificar al IFE. No confía en la autoridad electoral, a pesar de que hubo relevos en el instituto por presiones de sus simpatizantes. Salió prematuramente Luis Carlos Ugalde como consejero presidente. Entró Leonardo Valdés, que era propuesta del PRD. Los cambios de otros consejeros fueron aprobados por los partidos de izquierda.

Pues no, no y no. Descaradamente nos dice “soy yo o el fraude…”. Así, ni cómo ayudarlo.

* * *

El tema es preocupante. Hay muchos chavos involucrados y organizados que creen ciegamente en él. Es un ingrediente que no existía en el 2006. La frustración puede hacer su aparición si los augurios de las encuestas se cumplen. El problema es mayúsculo. Vamos a necesitar de mucha habilidad política, que no abunda, o de lo contrario, el plantón de Reforma se quedara pálido.

Sus adversario parecen empeñados en engrosar el arsenal del tabasqueño. Los nuevos spots de Josefina auguran que Andrés llevaría al país a la quiebra económica (¿recuerdan lo de un peligro para México?). Hay otro promocional con la escandalosa frase “al diablo con las instituciones”.

El PRI no se queda atrás. Recuerda al señor de las ligas y difunde las grabaciones sobre el pase de charola en casa del empresario Luis Creel, para juntar 6 millones de dólares.

* * *

Vicente Fox trae pleito casado con Felipe Calderón. No le perdona al presidente que le haya mandado policías a su casa. Detesta al Peje. No hay que olvidar que intentó desaforarlo. Pero hay un motivo suplementario para entender su posición a favor de Peña. La necesidad de recursos para el Centro Fox.

Un encumbrado panista jura que Juan Manuel Oliva, ahora ex gobernador de Guanajuato, prohibió a los presidentes municipales azules contratar los servicios de ese Centro, cuya manutención es cara. Los priístas aprovecharon la coyuntura. Ellos si contrataron esos servicios. “La candidatura de Rubén Moreira se fraguó allí”, asevera la fuente.

Fox reiteró ayer su apoyo al priísta. En un confuso comunicado (¿Dónde andarán Jorge Castañeda y Rubén Aguilar?) volvió a hacer un llamado a cerrar filas alrededor del priísta. “Si la gente se manifiesta libremente a favor de un puntero y logra que ese puntero obtenga el triunfo, reafirmemos la voluntad popular”, dice el ex mandatario.

Jura, eso si, que sus ideales políticos permanecen intactos, y que antepone su “amor
Por México”.

El Centro Fox fue creado en el 2006. Imparte seminarios y forma líderes políticos. De eso se sostiene oficialmente. Los cursos están abiertos a todos los partidos políticos.

* * *

Nos asomamos ayer al acto en el que Peña Nieto firmó el plan Concertación Mexicana con destacadas figuras que pertenecieron a otros partidos. Pero mas que la suscripción de un pacto en donde abundan los buenos propósitos, era una muestra de respaldo al candidato presidencial del PRI.

En la mesa estaban cinco ex dirigentes nacionales de diversas agrupaciones políticas: Manuel Espino, PAN; Rosario Robles, PRD; Alberto Begne y Jorge Carlos Díaz Cuervo, ex dirigentes del PSD; y José Antonio Calderón, ex dirigente del desaparecido PAS. José Manuel Luna Encinas, presidente de la Unión Nacional Sinarquista, formaba parte del elenco.

Firmaron también René Arce, Víctor Hugo Círigo, Lía Limón, Ramón Sosamontes, Patricia Olamendi, Tere Vale, Martín Rincón Gallardo.

“Reconocemos que la Coalición Compromiso Por México va a ganar la presidencia de la Repúbica y que Enrique Peña Nieto cargará con la responsabilidad de cerrar con éxito la etapa de transición e insertar a México en una nieva forma de gobernar con y para la sociedad”, dice el documento.

El senador René Arce, ex guerrillero, aclaró que los firmantes no son tránsfugas. Es decir, que no intercambian sus posiciones políticas por dádivas. Tampoco una especie de “cargada” plural a favor del puntero en las encuestas. ¿Reunión para subirse al carro de Peña Nieto? “Se equivocan. Quienes estamos, tenemos años de lucha”, dijo el ex perredista.

* * *
Espino andaba ayer muy reservado. Quisimos saber de su estancia en el Torito. “A todo dar. Luego te platico.…”, evadió. Insistimos. “Hay algo importante que te quiero decir. Yo te busco”, reviró misterioso.

Indagamos entre los presentes. El panista expulsado les dijo que no andaba borracho, que le pusieron un cuatro, pero que va a regresar al Torito a cumplir voluntariamente con las horas que le faltan. Al ex jefe panista lo agarraron en el cruce de Gabriel Mancera y Félix Cuevas. Les dijo que se metió a un Oxxo “a comprar donas” y al salir se topó con el operativo. En esta última avenida no hay circulación, por las obras del metro.

Fin.

Aguayo- Votar por AMLO

Con sentimientos encontrados dejo el bando de los indecisos. Daré mi voto a Andrés Manuel López Obrador y seguiré revisando críticamente su actuación pública.

En 2009 impulsé el voto nulo decepcionado con la cosecha de la alternancia: partidos y políticos degradados que contaminan y corrompen instituciones y cultura; violencia incontenible y Estado ineficaz y mediocre. Como militante activo de la ciudadanía indefensa veía con desdén la urna que según todas las encuestas coronaría al candidato priista pese a su pobre desempeño como gobernador y a su rala vocación democrática. Confieso que mi preocupación la trasladaba al próximo 1o. de diciembre cuando empezaría la resistencia a la restauración.

Mantengo la decepción con lo que hay, pero ahora, en junio, tenemos un panorama totalmente diferente: Josefina Vázquez Mota se desinfla, Enrique Peña Nieto desciende y López Obrador crece, mientras una rebelión juvenil sacude, como en ocasiones previas, la modorra ciudadana. Dada la emergencia nacional decido votar por AMLO, aunque sigo teniendo dudas sobre algunos rasgos del aspirante de las izquierdas. Profundizo en el más importante.

En septiembre de 2006 Cuauhtémoc Cárdenas expresó su preocupación por la "intolerancia y satanización, [por] la actitud dogmática que priva en el entorno de Andrés Manuel para quienes no aceptamos incondicionalmente sus propuestas". En mayo de 2012 Javier Sicilia le dijo a López Obrador que para muchos él "significa la intolerancia" con "aquellos que no se le parecen o no comparten sus opiniones". El aludido respondió al poeta: "a mí no me puedes meter en el mismo costal", "no soy autoritario", "no soy mesiánico".

Estoy convencido de que López Obrador ni viola los derechos humanos ni es un corrupto. Desafortunadamente, también he constatado que no ha combatido con energía a los corruptos de su partido y que se abstiene de utilizar su ascendiente para frenar los ataques que sus seguidores lanzan contra quienes difieren de sus planteamientos. Una precisión: se vale criticar a Sicilia con el bisturí de la razón; es inaceptable tildarlo de "traidor" e "hijo de la chingada", entre otros adjetivos, ante la impasibilidad del dirigente político.

Esa tolerancia a la agresividad se relaciona con el llamado de AMLO para que "participemos todos juntos en la transformación del país". Estamos ante un punto nodal en la relación sociedad-líder carismático. ¿Se pide una participación respetuosa de la diversidad y la libertad o se espera y exige subordinación total? En mi caso, simpatizar o votar por AMLO no mutila mi derecho a revisar críticamente sus acciones para respaldarlo o contradecirlo.

Me opongo a los excesos verbales del porrismo priista, panista o lopezobradorista porque son antesalas para la agresión física. Respaldo el derecho de Sicilia a informar que anulará su voto porque ha aclarado que eso no condiciona a quienes participan en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, así como mi voto por AMLO tampoco obliga a los integrantes de Alianza Cívica, organización que actualmente presido.

Escudriñé con enorme cuidado el texto de Sicilia y contiene críticas sólidas al desdén e indiferencia que nuestra clase política (y eso incluye a la izquierda) ha mostrado hacia las víctimas. Es una demanda bien armada de quienes conviven día a día con el sufrimiento y la cínica impunidad de los gobernantes. El reclamo en Chapultepec sirvió de poco porque después del evento ha seguido el menosprecio discursivo a los costos sociales de la guerra contra el narco.

Aún así votaré por AMLO por su biografía de honestidad, porque su lucha ha sido pacífica (pese a la intolerancia mencionada) y porque tuvo una buena gestión como gobernante del Distrito Federal. Se hizo el desentendido con las sociedades de convivencia pero alentó la equidad de género y estableció programas de protección a las madres solteras y a los adultos mayores. Su crítica a los partidos abre la posibilidad de que respalde el desmantelamiento de la partidocracia.

La victoria de López Obrador en las urnas no está garantizada. De mantenerse las tendencias actuales y si empata con Peña Nieto tendrá que superar la compra y coacción del voto del 1o. de julio. Aun ganando, sus márgenes de maniobra estarán acotados por los poderes fácticos y por los partidos (incluidos los que ahora le avientan incienso). La profundidad de las reformas dependerá en buena medida de la energía de una sociedad organizada, consciente, decidida y libre.

Pero todo eso corresponde a un futuro imposible de anticipar con tantas variables que andan sueltas. Junio es el mes en el cual tendremos que optar entre dos opciones. La evidencia muestra que el PRI de Peña Nieto es un peligro para la democracia. López Obrador es la esperanza de un cambio que será más equilibrado si participa la sociedad. Por eso votaré por AMLO.



Leído en http://www.reforma.com/editoriales/nacional/660/1318777/

Rocha - Manual para el segundo debate.

En realidad no existe tal. Sólo quería llamar su atención sobre algunas condicionantes que pudieran contribuir a justipreciar el experimento llamado “debate presidencial” que veremos el próximo domingo. Desde luego, parto del supuesto de que nosotros pertenecemos a esa especie de seres humanos que todavía están dispuestos a mirar y escuchar a los otros y no solamente a nosotros mismos. Es decir, atender, aunque sea por curiosidad, a lo que dicen todos los candidatos. Porque la otra especie sólo tiene ojos y oídos para su favorito y le tiene absolutamente sin cuidado lo que digan los demás. En el primer supuesto, ahí van algunos tips: 

1) Las apariencias no engañan: las sobreactuaciones son siempre detectadas desde el primer momento. La inmensa mayoría de los observadores son auténticos profesionales de “ver la tele”; en todo caso cada quien se engaña hasta donde quiere con sus filias y sus fobias. De cualquier modo, vale la pena hacer un esfuerzo de atención para observar el lenguaje facial y corporal de cada uno de los candidatos; es probable que advirtamos rasgos de sinceridad o falsedad en lo que nos dicen. Igual cuenta la seguridad y la apostura con que se expresan; si nos ven a los ojos a través del lente de la cámara o se extravían con la mirada perdida en otra parte. 

2) Frases es el nombre del juego: el discurso más memorable en toda la historia es de Churchill, quien dijo al hacerse cargo del mando en plena guerra: “Sólo puedo ofreceros sangre, sudor y lágrimas”. Por ello es notable la irracionalidad de nuestros políticos por decir la mayor cantidad posible de tonterías por minuto en lugar de concentrarse en tratar de armar algunas frases medianamente recordables. La incontinencia verbal –de la cual Fox es el apóstol– que suele estar acompañada por la más disparatada e inentendible sintaxis es siempre creadora de galimatías incompresibles para cualquier audiencia.. 

3) El divino arte del deslinde: yo no sé si de aquí al domingo alguno o varios de los candidatos estén dispuestos a soltar el lastre que les representa el pasado que a veces los condena: puede ser un capítulo tortuoso, alguna relación peligrosa o hasta una adhesión vergonzante que les aporta un plato de votos a cambio de un desprestigio gigantesco. Ya en el debate, puede usted adelantarlo, todos y cada uno de los cuatro habrán de deslindarse de algo o de alguien al menos un par de veces. Que tan convincentes se muestren dependerá de sus habilidades. 

4) Entre “El Ratón” Macías y el “Toluco” López: cuenta la leyenda que eran antitéticos; mi ratoncito tepiteño era un auténtico artista, un esteta que lo mismo evadía los golpes con elegancia suprema que, cual impredecible picaflor, entraba y salía de la guardia enemiga para ir sumando golpes de mediana intensidad, pero de alta precisión que iban minando la resistencia rival, en cambio el Toluco –que solía llegar con crudas espantosas a sus peleas– recibía unas tundas de escándalo, pero, eso sí, cuando parecía inminente su derrota, sacaba de no se sabía dónde un uppercut que convertía en guamazo fulminante para noquear ipso facto a su golpeador. 

Por supuesto que en el caso del próximo debate hay una pequeña variante: cada uno tendrá no uno sino tres rivales, por lo que para empezar ha de discernir en qué orden los va enfrentando, si puede ignorar a al menos uno de ellos o si le es posible fajarse con dos simultáneamente. 

5) ¿Y las propuestas, apá?: dicen que la fe mueve montañas y en una de ésas nos trae propuestas. Pero yo creo que no hay que rehusarse a los milagros.


Leído en http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/manual-para-el-segundo-debate

Héctor de Mauleón - Josefina Vázquez Mota: Peleando a la contra


El 24 de noviembre de 2000 Vicente Fox tuvo una última encerrona con su jefe de asesores, Ramón Muñoz. Faltaban 18 horas para que el aún entonces presidente electo presentara en el Museo de San Carlos a los miembros de su gabinete social y económico, y no existía definición sobre el titular de la Secretaría de Desarrollo Social.
Muñoz revisaba los currículos de una decena de personajes. Se había prometido integrar un gabinete plural, así que se barajaba un espectro que iba de Santiago Levy a Julio Boltvinik, de Carlos Jarque a Enrique del Val, de Teresa García de Madero a Cecilia Soto y Patricia Olamendi. Hasta la hora de la comida no hubo acuerdo. Fox palomeó de pronto el nombre de una economista desconocida: Josefina Vázquez Mota.
Vázquez
Ramón Muñoz dudó. “Nos van a destrozar”. Josefina Vázquez Mota acababa de estrenarse en la política apenas dos meses antes, como diputada por Chihuahua de la fracción panista, y su única conquista visible consistía en haber vendido 300 mil ejemplares de un libro de autoayuda: ¡Dios mío, hazme viuda por favor! Los arranques de entusiasmo de Vicente Fox eran, sin embargo, imbatibles. No hubo manera de que cambiara de opinión.

Fox y Vázquez Mota se habían visto sólo en dos ocasiones. La última, durante una comida en la que un grupo de mujeres panistas manoteó en la mesa porque el próximo titular del Ejecutivo quería ofrecer Desarrollo Social “a una mujer que no necesariamente sea del PAN”.

Las mujeres gritaban, el café se derramaba y Fox daba trazas de haber perdido el humor. Uno de los miembros del primer círculo de Vázquez Mota, Rogelio Gómez Hermosillo, ex presidente de Alianza Cívica, relata que la panista tomó la palabra y puso en calma a los comensales: “La transición nos está dando una oportunidad histórica. Si aprovechamos las ganas de participar que están reflejando estas mujeres, podremos tomar esa oportunidad con las manos y hacer los cambios que el país requiere”.

Recuerda Gómez Hermosillo:
—Fox traía siempre una grabadora en el saco. Mientras Josefina hablaba, la puso a funcionar. Josefina sabía hablar, sabía conmover. De eso había vivido muchos años, recorriendo medio mundo como conferencista de la Concanaco y la Coparmex. Fox grabó su discurso, y grabó también su nombre: Josefina Vázquez Mota.

Aquel 24 de noviembre, al volver de la Cámara al hotel en que se hospedaba, la diputada por Chihuahua recibió la llamada que le cambió la vida. Desde el otro lado de la línea, Fox le dijo: “Josefina, el Congreso acaba de perder una diputada, pero yo acabo de ganar una secretaria de Desarrollo Social”. Vázquez Mota pasó la noche con los ojos como platos.

La prensa la recibió más tarde con el titular siguiente: “Dios mío, hazme secretaria”. El entonces perredista Demetrio Sodi, declaró: “Es el más débil de los nombramientos”. El priista Carlos Rojas, ex titular de la Sedesol, dijo: “Ni la conozco”. El experto en medición de la pobreza Julio Boltvinik, que había formado parte del equipo de transición y soñado con ocupar la secretaría, lamentó: “Fox había prometido a las personas más experimentadas. No cumplió”.

Todo parecía anunciar la inminencia de un desastre. Vázquez Mota lució una rígida sonrisa durante la presentación, en la que Fox se refirió a ella como “todo un descubrimiento”. El “descubrimiento” presidencial tropezó en cascada, sin embargo, durante sus primeros encuentros con los medios. No supo explicar ante el periódico Reforma cuál iba a ser su política social, entre otras cosas porque no lo sabía. En una desastrosa entrevista de radio, solicitó “ya no hablar tanto de números, de cifras, de modelos para medir la pobreza: veamos los rostros, las miradas de los pobres”. Vázquez Mota no ofrecía un proyecto —escribió en esos días Jesús Silva-Herzog Márquez—, sino una sensibilidad.

No faltó quien fuera a rascar en las páginas de su libro, para exhibir al mundo “La filosofía de la vida de la titular de Sedesol”:

• “Lo importante no es ser bellas, sino gustarnos a nosotras mismas”.

• “Cuando tenemos visitas en casa se saca la mejor vajilla, se limpia el baño y hasta papel se coloca en el sitio exacto y frecuentemente se dispone de una comida especial; ojalá nos diésemos ese trato a nosotras mismas”.

• “Quiero ser viuda de los prejuicios que me limitan, para aprender y disfrutar de mí y también de los demás, del desamor, la indiferencia y el hastío de vivir, viuda del olvido de Dios, porque es reconfortante y prometedor saber que gracias a tu infinito amor, haga lo que haga y esté donde esté, siempre puedo volver a ti”.
—Fueron días tremendos para ella. La transición había despertado expectativas muy altas, había gran escrutinio sobre el llamado “gobierno del cambio”, y la prensa la machacaba, se le iba encima —recuerda el diputado panista Luis Enrique Mercado, a la sazón, director del periódicoEl Economista, en el que Vázquez Mota había colaborado como articulista durante casi 15 años.

Mercado la había invitado al diario luego de verla impartir algunas conferencias. “Era incisiva. Sabía llegar al punto. Me interesó su perfil”, dice.

Vázquez Mota escribía cada miércoles sobre asuntos económicos y sociales. “Una de sus virtudes consiste en estrechar relaciones: establecimos una amistad fortalecida con intercambios y comidas eventuales”, relata Mercado. Cuando ella llegó a Sedesol, la amistad se volvió, fundamentalmente, telefónica:

—Hablábamos con frecuencia. La oía muy estresada. No tenía un equipo propiamente dicho, porque venía de la iniciativa privada, y además encontró una secretaría de carácter electorero, que los gobiernos priistas le habían dejado patas para arriba.

No pasó mucho tiempo antes de que Vázquez Mota desatara el primer escándalo. Nombró como director de Comunicación Social a José de Jesús Castellanos, un antiguo jefe de prensa de la Canaco, que conducía el semanario Nuevo Criterio, editado por el Episcopado, en cuyas páginas se había pedido a Vicente Fox “no caer en el chantaje de los acosadores sexuales que le piden que se case otra vez”.

El linchamiento fue inmediato: sectores de la prensa advirtieron sobre “la derechización de México”. Para empeorarlo todo, al emitir el primer boletín oficial Castellanos descubrió que había que pagar a los periodistas —“apoyarlos”, le dijeron— para que la información saliera en los medios. La respuesta del funcionario provocó escozor entre algunos reporteros que cubrían la fuente: “No vamos a estar pagando para que salga todo. Si el medio considera que es algo que debe darse a conocer, lo dará a conocer”.

Josefina confesó después que aquello era como “hacer bailar a un elefante”. La secretaría, dirigida a combatir la pobreza y apuntalar las iniciativas de la sociedad civil, sacaba 50 millones de copias al año, tenía 400 líneas telefónicas prescindibles y 104 inmuebles subutilizados. Eso era lo de menos. Lo de más: el uso partidista, la cultura de la dádiva, el expediente de las discrecionalidades que había hecho de los pobres “simples subordinados sociales del PRI” (Gómez Hermosillo). En cada cajón aparecían distintos padrones de beneficiarios de los programas de apoyo. En ellos solían colarse “hasta los muertos”.
Vázquez
Desde que tomó posesión del escritorio, recuerda Gómez Hermosillo, Josefina echó mano de las facetas dominantes de su personalidad. Las jornadas de trabajo comenzaban a las seis de la mañana y terminaban a las 12 de la noche:

—No cualquiera le aguantaba el ritmo. Llevaba las cosas hasta el límite de su resistencia física. No le podías decir que no. No dejaba que nada la desviara, que nada la distrajera, que nada se interpusiera entre ella y la meta que había fijado. Para hacer equipo, tuvo que rodearse de un grupo de adictos al trabajo.

Por el rabillo del ojo, sus colaboradores la veían comer en el escritorio: unas tiritas de pechuga de pollo, unos cuadritos de queso, unas verduras cocidas. “Había sido llenita y quiso ser delgada”, dice Luis Enrique Mercado. Emergía tensa, aprehensiva, demacrada, de sus largas inmersiones por los laberintos burocráticos de la secretaría.

En lo íntimo, por lo demás, se hallaba viviendo un pequeño drama personal. Al aceptar el cargo, había tenido que dejar a su familia —su esposo y sus tres hijas— en la ciudad de Chihuahua, en donde radicaban desde 1995. “Durante un año, sólo iba a verlos los fines de semana”, relató Vázquez Mota en una entrevista.

—En los pasillos se apostaba cuánto iba a tardar en tronar —sostiene Mercado—. La veían “verde” y sin malicia política. Su ventaja era que, precisamente a causa de esa falta de experiencia, Josefina no tenía compromisos con nadie.

De entrada, cesó a cinco directores y siete coordinadores; cambió delegados en varias entidades y comenzó a realizar visitas “sorpresa” en los estados, para vigilar la operación de los programas. “En Sedesol se han incentivado durante décadas políticas equivocadas”, declaró.

Uno de sus críticos principales, Julio Boltvinik, admitió en entrevista con el periodista Guillermo Osorno: “[Josefina] No arranca bien. Lo que sí es que a los dos o tres días de instalada en el puesto se reúne con el equipo de transición y nos escucha ampliamente. Hace preguntas inteligentes. Le hacemos una exposición. Hace preguntas sobre Progresa (uno de los principales programas de la Secretaría de Desarrollo Social). Tenía buena actitud de entender y escuchar”.

Otro de los integrantes de su círculo dorado, Miguel Székely, asesor del Banco Mundial y experto en temas de pobreza, desigualdad y exclusión, asegura que la gran virtud política de Vázquez Mota consiste en no esconder sus debilidades.

—No intenta fingir, ni ocultar sus carencias. Lo que hace es complementarlas, rodeándose de equipos sólidos. En eso radica el talento que la hecho sobrevivir en un medio brutal. Demostró muy pronto que sabía escuchar, que sabía identificar actores, que era buena para conciliar. Comprendió que le fallaba la parte técnica y, sin reparar en ideologías, buscó a quienes pudieran brindársela.

Terminó atrayendo, desde la izquierda, a dos líderes sociales que habían organizado numerosas causas de la sociedad civil: Rogelio Gómez Hermosillo y Cecilia Loría. El primero poseía una red de contactos con organizaciones ciudadanas de todo el país. La segunda, ex senadora del PRD, había militado en los principales grupos feministas, había impulsado campañas de alfabetización y estrechado relaciones con comunidades indígenas y campesinas. La incorporación de ambos fue leída como “un contrapeso a las políticas sociales que dicta la derecha”.

El equipo se completó con el fichaje del demógrafo Rodolfo Tuirán, que había dirigido el Consejo Nacional de Población, y con la llegada de uno de los mayores especialistas en América Latina en temas de desarrollo: Miguel Székely.

No era fácil abrirse paso en un gabinete integrado por personajes como Jorge G. Castañeda, Julio Frenk, Francisco Gil y Santiago Creel Miranda, entre otros. No era fácil alternar en el gabinete de un presidente que alguna vez definió a las mujeres como “lavadoras de dos patas”. No era fácil avanzar, en medio de un partido tradicionalmente misógino: el único que no ha tenido, a la fecha, una mujer gobernadora. Escribió alguna vez Vázquez Mota: “El mundo de la política sigue intocado. El universo donde se decide el plan de gobierno y se toman decisiones sigue cerrado, atrapado en su pasado, sin querer mirar a las mujeres”.

Y sin embargo, lo verdaderamente difícil era abrirse paso en un gobierno en el que las decisiones pasaban por el despacho de la primera dama.

—Hubo un tema muy duro en esos años —recuerda Luis Enrique Mercado—. Corrían rumores de que Marta Sahagún presionaba mucho a Josefina porque quería decidir ella misma el destino de los programas sociales. Recuerdo, en especial, un trascendido que hablaba de que la había citado en la cabaña presidencial de Los Pinos para insinuarle que ella daría visto el bueno a las iniciativas de Sedesol.

Con el estilo escurridizo que caracteriza sus declaraciones de prensa, la propia Vázquez Mota confirmó indirectamente esa versión: en una entrevista reciente, le dijo al periodista Ignacio Lozano que tuvo “ciertos roces” con Marta, porque ésta “traía sus propias agendas”. “Yo lo que hice fue defender la vida institucional y eso te provoca no complacer a todos”, declaró.

Se supo con el tiempo que la agenda de Sahagún no era otra que catapultarse, desde la fundación Vamos México, a la presidencia de la República.

La relación de la primera dama con la titular de Desarrollo Social alcanzó niveles glaciares cuando ésta lanzó el programa estrella del foxismo, Oportunidades, destinado a atender el desarrollo de capacidades básicas a través de la transferencia de recursos a hogares en condición de pobreza (o con dificultades para satisfacer materias de nutrición, salud y educación).
—Los hogares beneficiados fueron elegidos por criterios técnicos, y no políticos —explica Gómez Hermosillo—. La evaluación se realizaba de manera independiente, así que por vez primera en la historia del país dimos un paso adelante para evitar que la política social fuera manipulada. El objetivo era evitar los vicios que habían rodeado al programa de los priistas, Progresa.
—Por razones políticas, el PRI no había trazado nunca un mapa de la pobreza —afirma Miguel Székely—. Josefina preguntó: “¿Cuántos pobres hay por estado y municipio?”. No se lo pudimos decir. Se decidió que la herramienta “uno” era saber qué población había que atender. Se formó un comité técnico que hiciera una metodología sólida.
Sesionamos nueve meses. Descubrimos que el PRI había dejado en el país 53 millones de pobres (el gobierno de Zedillo sólo admitía 26).

El comité presentó la cifra y le hizo a la titular esta advertencia: “No sabemos si los datos son manejables políticamente. Los van a usar para atacarte”. Ella respondió: “Si ésa es la cifra, ésa es la cifra. Denla a conocer. El peor escenario era no saberla, aunque hoy el mayor riesgo sea para nosotros”.
—Ningún otro gobierno se había atrevido a hacer una cosa así —dice Rodolfo Tuirán.

Oportunidades llegó en poco tiempo a tres millones de hogares (Progresa, a sólo un millón), y obtuvo el reconocimiento del BID y del Programa Mundial de Alimentos de la ONU. Según sus creadores, se convirtió en “la franquicia más exitosa de México: un modelo mexicano que empezó a ser imitado en otros países”. La figura de la secretaria creció en los medios. Un nuevo equilibrio comenzó a sentirse en el gabinete. A pesar de la frialdad con que la trataba la primera dama, Vázquez Mota se convirtió en una figura clave en Los Pinos.

La senadora Cecilia Romero “destapó” a Josefina por primera vez en 2004, cuando las aspiraciones presidenciales de Marta Sahagún se hicieron evidentes y el panismo intentó cerrarle el paso: “Marta no es la opción. Hay panistas que ya están mencionados. Inclusive, en el sector femenino, está Josefina Vázquez Mota”. En junio de ese año, el entonces consejero estatal Juan José Rodríguez Prats volvió a mencionarla: “Yo no veo ninguna corriente que esté pensando en la señora Marta. Sería sano que Josefina se incorporara a la contienda”.

—Su despegue fue meteórico —afirma la panista sonorense María Dolores del Río, coordinadora operativa de la campaña presidencial de Vázquez Mota—. Primero pensaban que iba a fracasar, y unos años más tarde no sólo era una de las figuras mejor evaluadas del gabinete, no sólo era la única mujer sobreviviente del primer gabinete foxista: ya se le mencionaba como presidenciable, aunque, a decir verdad, no había muchas posibilidades de que eso ocurriera.

La curva de aprendizaje de la secretaria, que además de enloquecidas jornadas laborales incluía el jaloneo con gobernadores, alcaldes y caciques locales —los priistas José Murat y Ulises Ruiz llegaron a retener a uno de sus delegados para que les soltaran más recursos— terminó por causarle serios desgastes físicos. En octubre de 2002, mientras atendía la emergencia del huracán Isidore, que dejó en Yucatán 150 mil viviendas destrozadas, Vázquez Mota fue hospitalizada de emergencia. Según Miguel Székely, aquella experiencia fue la más desgarradora que había vivido hasta entonces la secretaria: muertos, heridos, niños llorando, albergues llenos de damnificados.

El periodista Germán Dehesa escribió: “Su voluntad de ser útil, de estar presente y de comprometerse con la ayuda a los damnificados, la llevaron a girar cheques tan desmedidos contra el banco de sus reservas físicas, que éste dio señales de quebranto: deshidratación, hipertensión, avisos de agotamiento”.

Vázquez Mota debía comparecer por esas fechas en la Cámara de Diputados: prácticamente al salir del hospital, se presentó en el recinto. El entonces coordinador de la bancada panista, Felipe Calderón, la recibió. Pero el aspecto de la secretaria auguraba dificultades. No lucía capaz de sostener una comparecencia de tres horas.

Cientos de diputados la vieron salir tambaleante del salón de sesiones y con el rostro descompuesto. El médico le ordenó que mantuviera el celular apagado durante 72 horas. Parecía imposible: Josefina se ha declarado adicta al uso del BlackBerry. Un periodista la definió como “un huracán de categoría cinco que con frecuencia tiende a destruirse a sí misma”. De algún modo, desde aquella tarde, la salud de Vázquez Mota se fue convirtiendo en un tema que cíclicamente sería colocado en el centro de su trayectoria política.

La coordinadora operativa de su campaña, María Dolores del Río, afirma que desde su arribo a la política Vázquez Mota decidió interponer una cortina de hierro que resguardara su vida familiar. “Si ahorita entrara mi hija, nadie sabría que es mi hija”, le dijo una vez.

Su esposo, Sergio Ocampo, ingeniero en informática egresado del IPN —y actual directivo en Maseca—, mantiene desde hace años un perfil discreto. Durante los últimos 12 se ha hecho cargo “de la escuela de las niñas y de lo que van a hacer”. El hecho de que una de las hijas de la candidata se haya negado a acompañarla en sus apariciones públicas ha desatado una andanada de rumores mezquinos: se insinuó, por ejemplo, que Vázquez Mota se avergüenza de ella. La propia Josefina ha declarado, sin embargo, que la joven desea hacer carrera por sus propios méritos, y no quiere “que la traten diferente”.

Josefina Vázquez Mota nació en 1961 en una casa de la colonia 20 de Noviembre. “No había dinero para nacer en el hospital”, le dijo a la periodista Ana Paula Ordorica. A falta de luz, el parto fue iluminado por unas velas. Su padre pudo hacerse concesionario de una o varias tiendas de pinturas Comex. Ella se recuerda subida en un bote, ayudando desde muy niña a atender el mostrador. En un video grabado en 1993, en el que Vázquez Mota dicta una conferencia, se le ve decir que procede de una familia de empresarios que ha logrado abrir una cadena de 170 tiendas en el país. La candidata no ha vuelto a hacer referencia sobre ese dato. Prefiere subrayar su paso por escuelas públicas, “como la gran mayoría de los mexicanos”, y vender un relato de superación personal.

Su historia —diría Carlos Monsiváis—, inicia clásicamente: estudia la vocacional en el Poli, conoce a Sergio Ocampo a los 15 años y se casa con él a los 23, un año después de haberse graduado como economista en la Ibero. En los años ochenta, cuando el partido hegemónico comienza a resquebrajarse, la figura de Manuel Clouthier le inspira su primera devoción democrática: “Yo salgo a las calles a seguir su liderazgo”, le cuenta Vázquez Mota a la periodista Ordorica.

Con el tiempo ocupa la Secretaría de la Mujer del CEN del PAN, conoce a “los líderes que surgen del sector empresarial o de la sociedad civil” (entre ellos, a Carlos Medina Plascencia), hace un diplomado en el ITAM, y cursa un programa de perfeccionamiento directivo en el IPADE. Reaparece como asesora de la Concanaco y la Coparmex, y recorre el país ofreciendo conferencias a grupos empresariales. Por algunas de ellas llega a cobrar seis mil dólares. Los domingos va a misa, y come con su familia.

Según María Dolores del Río, la conferencista Vázquez Mota tiene el don de comunicar ideas y transmitir emociones: mezcla el conocimiento académico con ideas de superación y libertad personal. Las mujeres se emocionan, le aplauden. Medina Plascencia, su descubridor, intenta hacerla diputada en dos ocasiones. “Las conferencias ya no alcanzan. Tienes que hacer algo más”, le dice. Ella declina el primer ofrecimiento, por consejo de su esposo. “Pero fue la última vez que le hice caso”, bromeará después.

La siguiente invitación ocurre en plena euforia foxista, bajo los aires de cambio que a la debacle del PRI recorren el país. Vázquez Mota acepta convertirse en diputada plurinominal por Chihuahua. Como vicecoordinadora de política económica de su fracción, le toca recriminar al secretario de Hacienda, José Ángel Gurría, el desastre social que el PRI le está legando al país: “Cinco millones de mexicanos subsisten con menos de dos dólares diarios, equivalentes a menos de 20 pesos, y peor aún, 15 millones de mexicanos sobreviven con menos de 10 pesos al día… La deuda más grande que hereda a los mexicanos la administración del presidente Zedillo es el bienestar para las familias que nunca llegó”.

Cinco años después, de la mano de Vázquez Mota —y según las cifras oficiales—, Oportunidades había llegado a 25 millones de personas, y cinco millones de hogares. Ella aseguraba que había abatido en 14 millones el número de pobres. Según María Dolores del Río, “era la secretaria favorita del presidente Fox”. Era mediática, fresca. Estaba lista para dar el salto.
—Como ninguna otra, Sedesol es una secretaría que permite caminar, conocer a ras de suelo el país —dice Tuirán.
Recuerda María Dolores del Río:
—En cada población del país había personas a las que los programas de Sedesol habían beneficiado. Josefina era una de las funcionarias más conocidas del gabinete.

El país venía del desafuero y marchaba al “¡Cállate, chachalaca!”. Eran días de discusiones, gritos y amistades rotas. Fox había corrido a Felipe Calderón de la Secretaría de Energía, y “cuerpeaba” a Santiago Creel para que contendiera por la candidatura. Desde abril de 2005 Vázquez Mota había hecho público su apoyo al “hijo desobediente”. Con Rodolfo Elizondo, fue la única funcionaria del foxismo que visitó a Calderón en su casa de campaña, cuando la elección interna del PAN definió su precandidatura a la presidencia de la República.
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Felipe Calderón inició la competencia en un lejano tercer lugar, y con un Andrés Manuel López Obrador que le llevaba más de 10 puntos de distancia. Al terminar el año, decidió que necesitaba otra imagen, otro discurso, otra estrategia. Invitó a Josefina a comer, y le propuso que se uniera a la campaña.

El equipo calderonista (Juan Camilo Mouriño, César Nava, Max Cortázar, Gerardo Ruiz Mateos, Ernesto Cordero, Javier Lozano) no la vio con buenos ojos. La química falló desde el principio. “La trataban de la chingada”, me dice un amigo suyo. “A diario era como vivir un año”, recordó Vázquez Mota. Desde dentro la acusaban de entorpecer la campaña, duplicar funciones y hacer que el grupo perdiera “toneladas de mística” (Cordero); desde fuera, de haberle entregado a Calderón los padrones de Sedesol, y desviar mil 800 millones para la compra de votos.

Los calderonistas terminaron excluyéndola. Uno de ellos le dijo al periodista Salvador Camarena que, cuando vino la campaña negra contra López Obrador, Josefina se veía fuera de foco: preocupada por la polarización y pensando más en el 3 de julio —la hora de construir y tender puentes—, que en la coyuntura misma.

Repudiada por el círculo, comenzó a viajar sin el candidato: le acercó sectores marginados, a los que el PAN no había tenido acceso; operó en comunidades campesinas, y se entrevistó con grupos empresariales. Recorrió el camino que había aprendido en Sedesol. Fox no le perdonó un discurso en el que dijo: “Calderón va a gobernar solo, sin parejas presidenciales”.

Cuando una votación cerradísima decretó el triunfo del PAN, Vázquez Mota —según varias filtraciones publicadas en la prensa—maniobró para irse a Gobernación. El grupo calderonista —al que según otra filtración ella bautizó como Los Pingüinos— murmuró al oído del presidente electo que, en el clima de encono que la elección había dejado, la cartera requería de un político rudo, y no de un conciliador.

Conciliar era la palabra que Calderón estaba buscando para llevarla al centro de su relación con la aliada que, en la pasada contienda, había cargado en su beneficio los dados de su inmenso poder político: la profesora Elba Esther Gordillo.
Se decidió: Vázquez Mota irá a la SEP.

Ahí la estaban esperando millón y medio de maestros, la lideresa más poderosa del país —23 años de antigüedad— y una secretaría tomada, colonizada por el sindicato magisterial (el SNTE). La esperaban, también, el yerno de la lideresa —al que Calderón había entregado la Subsecretaría de Educación Básica— y 24.6 millones de alumnos que, según el programa internacional de evaluación PISA, ocupaban el último lugar de los 30 países de la OCDE en lectura y matemáticas.

Aquí la descripción de Miguel Székely, subsecretario de Evaluación y Planeación durante la gestión de Vázquez Mota:
—La secretaría era un espacio más del sindicato. El SNTE hacía la política educativa, nombraba directores, ponía supervisores, repartía puestos y vendía plazas. Manejaba los departamentos y administraba los recursos económicos y humanos de la dependencia. Cuando localizábamos un procedimiento sin sentido, nos decían: “No se puede cambiar hasta que lo autorice el sindicato”.
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Vázquez Mota había llevado consigo, entre otros miembros de su equipo, a Rodolfo Tuirán y al propio Székely. El primer día, les dijo:
—Yo no voy a ser empleada de Elba Esther. Voy a ser la secretaria de Educación Pública.

Desde la mañana en que se reunieron con la lideresa por primera vez, supieron lo que se les venía encima. Relata Székely:
—Gordillo es poseedora de una inteligencia agudísima. Identifica rápido y trae bajo la manga diferentes estrategias. Si una no funciona, echa mano de otra. Siempre empieza por las buenas: su aproximación es amable. Luego, comienza a endurecerse.

La presencia del yerno de Elba Esther, Fernando González, en uno de los puestos estratégicos de la dependencia, restringía todo margen de maniobra. “La plaza estaba rendida de antemano”, escribe María Amparo Casar. Gordillo fingía ser la primera en admitir la necesidad de un cambio, pero luego desaceleraba. Cedía en algunas cosas, para mejorar su imagen pública, pero cuando resentía el costo entre sus bases operaba bajo el agua en sentido exactamente contrario.

Se repitió la historia: Vázquez Mota, dice Székely, “trabajaba de sol a sol, y también la luna”. Como nunca antes, su aspecto físico comenzó a lucir desmejorado. Sus hábitos laborales y sus presuntos trastornos alimenticios desataron toda clase de rumores. Algunos se escandalizaban porque, “además de todo”, la secretaria se había aficionado a la bicicleta fija. Entre que se decidía si era anoréxica o vigoréxica, “su piel morena se ha vuelto ceniza”, escribió Raymundo Riva Palacio.

El forcejo con Gordillo tomó un largo año. Vázquez Mota decidió replicar su esquema: establecer criterios técnicos, y no políticos. Impulsó un acuerdo que terminara con la venta de plazas —un negocio que, según sus propios cálculos, dejaba al sindicato entre tres mil y cuatro mil millones de pesos cada año (El Universal, 17/07/08)— y estableciera un mecanismo de selección de maestros a través de concursos públicos. Para eliminar un sistema de escalafón basado en el corporativismo clientelar, propuso que los incentivos magisteriales fueran proporcionados en función del resultado académico de los alumnos: sería necesario hacer un examen nacional a los educandos, “para tener un retrato exacto del sistema educativo”.

En julio de 2007 se filtró a la prensa que el subsecretario de Educación Básica, el yerno de Elba Esther, acababa de reprobar una materia en el doctorado que estaba cursando en la Universidad Iberoamericana. A los pocos días, en su casa de la isla Coronado, en San Diego, California, la lideresa magisterial le concedió una entrevista a Raymundo Riva Palacio. En la foto correspondiente se podía apreciar, al fondo, el paso de un velero y el azul del mar. Desde ese sitio, Gordillo externó su preocupación por la calidad educativa. Dijo que al frente de la SEP debía estar un pedagogo, “alguien que sepa”, y apuntó que Vázquez Mota “no sabe nada de educación”. Reveló también que, “cuando menos por descuido”, de la oficina de la secretaria salían informaciones tendenciosas, para golpearla.

En un intento por controlar los daños, se le pidió a Elba Esther que matizara sus opiniones y asistiera a la inauguración del ciclo escolar 2007-2008. Gordillo llegó a la escuela República de Costa Rica con una sonrisa que La Jornada calificó de “macabra”. Dirigió a Josefina un saludo frío, y dijo antes de irse: “Yo no tengo guerra con nadie”.

Pero la guerra seguía. Cuatro días más tarde, Vázquez Mota visitó el noticiario Primero Noticiasy le dijo a Carlos Loret de Mola que la rectora de la política educativa era la SEP y no el sindicato. “Urge una reforma, y esa reforma debe incluir a todos los actores”.

La relación se recompuso por presión de Los Pinos. Vázquez Mota viajó a Los Ángeles para ver a la lideresa. Ésta le había reservado una suite de lujo, en la que aguardaban costosos regalos. Josefina se disculpó: “Muchas gracias. Reservé en otro hotel”.

En mayo del año siguiente se acordó, por fin, la firma de la Alianza por la Calidad Educativa. Una noche antes del acto, la secretaria recibió un nuevo obsequio de la lideresa, una bolsa cuyo precio rondaba los 40 mil pesos. También, una tarjeta en la que se le invitaba a usarla al día siguiente, como símbolo de amistad.
—Según el anecdotario —dice Luis Enrique Mercado—, los fotógrafos habían sido avisados: “Fíjense en la bolsa que va a traer Josefina”. El caso es que Josefina no la llevó.
Cuentan que se la mostró al presidente, para que éste tomara nota de la trampa, y que luego la dejó abandonada en un salón.

La Alianza fue mal recibida por el “magisterio democrático”. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) repudió los acuerdos —“cuyo único objetivo es abrir a la iniciativa privada la enseñanza para controlar la formación de millones de mexicanos como manos de obra barata”— y movilizó a 400 mil maestros de Oaxaca, Michoacán, Puebla, Tlaxcala y Guerrero. Se pretendía acabar, dijeron, con los derechos conquistados por el magisterio.

En ese clima se realizó a los maestros el primer examen nacional de conocimientos y habilidades docentes. La noticia fue que 67% de los sustentantes había reprobado. Con el argumento de que la difusión de los resultados asestaba un golpe publicitario que descalificaba a la planta de educadores del país, 23 mil maestros de Morelos suspendieron las clases. “Como en otros sindicatos, los maestros pertenecientes al SNTE teníamos el derecho de heredar nuestras plazas a uno de nuestros hijos”, argumentaron en un pliego petitorio. Las protestas se extendieron a Quintana Roo, Querétaro, Guerrero, Veracruz, Puebla, Guanajuato, Chiapas y Tlaxcala.

Mientras los docentes de Jalisco se movilizaban para pedir que se siguiera permitiendo la venta de plazas, Gordillo exigió ante la prensa que le demostraran que en el sindicato había venta de plazas.
—La relación se volvió políticamente intransitable —dice Székely.

El trato entre ambas se redujo al saludo protocolario. Se volvió imposible alcanzar acuerdos. La lideresa comenzó a saltarse a la secretaria: trataba todo con el presidente.
A Felipe Calderón le bastaba con el frente que había abierto al decretar la guerra contra el narcotráfico. No necesitaba, además, un problema con los maestros. El 2 de abril de 2009, luego de 28 meses de confrontación y desencuentros, Gordillo regresó urgentemente de San Diego. El 3 de abril se reunió con el presidente, y el 4 Josefina Vázquez Mota presentó su renuncia a la Secretaría de Educación Pública.

La decisión fue anunciada en el salón Ávila Camacho de Los Pinos. Ahí estaban Tuirán y Székely. No estaba el yerno de Elba Esther. Josefina apareció nerviosa —se lee en una de las crónicas del día— “con un temblor de manos que en varios momentos se volvió incontrolable”. El presidente tuvo que interrumpir su discurso durante varios segundos y la invitó a sentarse.

Cuando a ella le tocó el turno de hablar, se le vio asir con fuerza el atril. De acuerdo con La Jornada: “No pudo más. El temblor de su cuerpo le dificultaba pronunciar las palabras y reconoció estar muy emocionada”. Tuirán le ofreció una silla. “Ella respiró hondo varias veces y al cabo de unos minutos pudo ponerse en pie”.

“Ora por mí porque lo necesito mucho”, le había escrito en un mensaje de celular a una de sus colaboradoras, cuando iba camino a Los Pinos.

“Aquel ha sido el momento político más difícil de mi vida, pero está bien que los ciudadanos sepan que los políticos somos de carne y hueso”, dijo Josefina después.
—Las candidaturas presidenciales se construyen desde las secretarías de Estado, nunca desde el Congreso —afirma Luis Enrique Mercado.

Josefina Vázquez Mota le narró a Ignacio Lozano que, momentos antes de dar a conocer su renuncia a la SEP, el presidente se acercó a sus hijas y les dijo: “Les estoy pidiendo esto porque necesito a Josefina en el Congreso”.

Las lecturas políticas indicaban que, una vez descarrilado el proyecto en la SEP, Calderón quiso aprovechar las capacidades conciliatorias de Vázquez Mota, sus buenas relaciones con los dirigentes de otros partidos y con la mayor parte de los gobernadores, para sacar adelante las reformas que debían acompañarlo en el segundo tramo del sexenio. El estilo de Josefina contrastaba con el del presidente del PAN, César Nava, quien desataba torbellinos políticos a la menor declaración.

Josefina fue recibida en la Cámara como brazo ejecutor del presidente. Ni la misma bancada panista, conformada por 142 diputados, se hallaba del todo con ella.
Un mes después, había derrotado en una consulta abierta a Francisco Ramírez Acuña, y se convertía en la primera mujer que coordinaba diputados en la historia de ese partido.
—A los ocho días tomó a su cargo la defensa del presupuesto enviado por el presidente, y no sólo lo sacó adelante, sino que obtuvo ingresos adicionales por 300 mil millones de pesos —dice Luis Enrique Mercado.

Vázquez Mota llevaba la encomienda de impulsar las reformas política, laboral y hacendaria, que por órdenes de Enrique Peña Nieto el PRI estaba decidido a frenar. La coordinadora panista denunció que el freno obedecía a razones de orden electoral. Se enfrascó en una lucha de amarres que obtuvo pocos resultados. Al llegar 2011, según un miembro de su equipo, el PAN quiso tentarla para que peleara la gubernatura del Estado de México. Josefina, sin embargo, había hecho sus propios cálculos, y estaba decidida a desafiar el proyecto electoral del presidente.

“No participaré en el Estado de México —dijo—. En mi agenda de vida, en mi agenda política hay otros planes, y además estoy ocupada de lleno en los trabajos legislativos”.

Como se lo recordó Ernesto Cordero en la contienda interna del panismo, sus detractores se preguntaron cuáles eran aquellos trabajos legislativos. Durante los primeros 21 meses Vázquez Mota se había ausentado en 190 de 298 votaciones. No había tenido más que tres intervenciones. Sólo había presentado una iniciativa a título personal y cinco de manera colectiva. No había suscrito más que dos iniciativas, y no se había adherido más que a otras tres. Según un reporte de Animal Político, en ese lapso había recibido un sueldo de tres millones 150 mil pesos.

Josefina respondió que sus ausencias obedecían a que se encontraba “buscando consensos con sus pares, los coordinadores de otros grupos parlamentarios”. Argumentó que, además de las 108 votaciones en las que había participado, había registrado 74 asistencias por sistema y 42 por cédula, “mecanismo que permite a los diputados registrar su presencia aun sin encontrarse en el salón de plenos”.

No volvió a ocuparse del asunto. Meses más tarde, aunque era claro que Los Pinos querían otro candidato, renunció a la Cámara de Diputados para ir a buscar la candidatura a la presidencia de la República.
—Yo diría que la carrera política de Josefina ha sido fruto de la resistencia —dice su coordinadora operativa—. Siempre ha tenido todo en contra. Unas veces afuera del partido, y otras incluso dentro de éste. Desde hace 12 años su vida ha consistido en subir la cuesta.

Parecía una reedición de la campaña interna de 2006. Los funcionarios panistas arropaban a Ernesto Cordero, ex secretario de Hacienda. Los gobernadores le daban su respaldo público. El presidente conducía el descarte de los aspirantes que podían hacer sombra a su delfín: Alonso Lujambio, Javier Lozano, Heriberto Félix, Emilio González Márquez. Vázquez Mota sólo tenía el apoyo de un centenar de diputados.

“Nos fue ganando”, declaró uno de ellos. Su método: apapachar a los que gritaban, ceder al chantaje de los enojados, darle a los que protestaban más de lo que le pedían. Logró que los legisladores panistas le organizaran mítines y encuentros con la militancia. En febrero de 2012 arrasó en la elección interna del PAN con más de 50% de los sufragios.
—No era la candidata oficial —dice María Dolores del Río—. Su triunfo sólo se explica por los diputados, y porque supo echarse en la bolsa a las bases de 25 estados.

“El huracán categoría cinco que con frecuencia tiende a destruirse a sí misma” inició su campaña con estadios que se vaciaban y bajas de presión que la obligaban a sentarse a mitad de sus discursos. Fue corrida de un puesto de quesadillas, resintió el abandono del grupo calderonista, y las declaraciones cargadas de resentimiento del ex presidente Fox.
—Al final de cuentas —dice su coordinadora operativa—, remar contra la corriente, vencer sus limitaciones, es la historia de su vida. Así empezó en Sedesol, así se sumó a la campaña de 2006, y así, a la contra, tuvo que pelear cuando estuvo en la SEP.

Josefina le dijo a Denise Maerker: “¿Sabes una cosa? Yo ya gané. Soy la primera mujer panista que logra llegar hasta este punto. Ahora sólo falta que también el PAN quiera ganar”.

Héctor de Mauleón. Escritor y periodista. Entre sus libros: La perfecta espiral, Marca de sangre y El secreto de la Noche Triste.

Juan José Arreola - La migala.

Juan José Arreola
(1918-2001)
La migala.

La migala discurre libremente por la casa, pero mi capacidad de horror no disminuye.

El día en que Beatriz y yo entramos en aquella barraca inmunda de la feria callejera, me di cuenta de que la repulsiva alimaña era lo más atroz que podía depararme el destino. Peor que el desprecio y la conmiseración brillando de pronto en una clara mirada.

Unos días más tarde volví para comprar la migala, y el sorprendido saltimbanqui me dio algunos informes acerca de sus costumbres y su alimentación extraña. Entonces comprendí que tenía en las manos, de una vez por todas, la amenaza total, la máxima dosis de terror que mi espíritu podía soportar. Recuerdo mi paso tembloroso, vacilante, cuando de regreso a la casa sentía el peso leve y denso de la araña, ese peso del cual podía descontar, con seguridad, el de la caja de madera en que la llevaba, como si fueran dos pesos totalmente diferentes: el de la madera inocente y el del impuro y ponzoñoso animal que tiraba de mí como un lastre definitivo. Dentro de aquella caja iba el infierno personal que instalaría en mi casa para destruir, para anular al otro, el descomunal infierno de los hombres.

La noche memorable en que solté a la migala en mi departamento y la vi correr como un cangrejo y ocultarse bajo un mueble, ha sido el principio de una vida indescriptible. Desde entonces cada uno de los instantes de que dispongo ha sido recorrido por los pasos de la araña, que llena la casa con su presencia invisible.

Todas las noches tiemblo en espera de la picadura mortal. Muchas veces despierto con el cuerpo helado, tenso, inmóvil, porque el sueño ha creado para mí, con precisión, el paso cosquilleante de la araña sobre mi piel, su peso indefinible, su consistencia de extraña. Sin embargo, siempre amanece. Estoy vivo y mi alma inútilmente se apresta y se perfecciona.

Hay días en que pienso que la migala ha desaparecido, que se ha extraviado o que ha muerto. Pero no hago nada para comprobarlo. Dejo siempre que el azar me vuelva a poner frente a ella, al salir del baño, o mientras me desvisto para echarme en la cama. A veces el silencio de la noche me trae el eco de sus pasos, que he aprendido a oír, aunque sé que son imperceptibles.

Muchos días encuentro intacto el alimento que he dejado la víspera. Cuando desaparece, no sé si lo ha devorado la migala o algún otro inocente huésped de la casa. He llegado a pensar también que acaso estoy siendo víctima de una superchería y que me hallo a merced de una falsa migala. Tal vez el saltimbanqui me ha engañado, haciéndome pagar un alto precio por un inofensivo y repugnante escarabajo.

Pero en realidad esto no tiene importancia, porque yo he consagrado a la migala con la certeza de mi muerte aplazada. En las horas más agudas del insomnio, cuando me pierdo en conjeturas y nada me tranquiliza, suele visitarme la migala. Se pasea embrolladamente por el cuarto y trata de subir con torpeza a las paredes. Se detiene, levanta su cabeza y mueve los palpos. Parece husmear, agitada, un invisible compañero.

Entonces, estremecido en mi soledad, acorralado por el pequeño monstruo, recuerdo que en otro tiempo yo soñaba en Beatriz y en su compañía imposible.

Leído en: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/jja.htm

Cartones de hoy







martes, 5 de junio de 2012

Invitacion : Las Grandes Divas del Rock !!!

Propuestas Juan José.

Sin importar quien gane las elecciones esto es lo que me gustaria:

1) Que se descentralicen los programas de gobierno. ejemplo: SEDESOL en vez de tener una delegación en N.L, que mejor le inyecte el 100% de sus recursos a su equivalente estatal. Así el país ahorra gasto corriente y el Estado cuenta con mas recursos para gestión. SEDESOL actuaria como administrador. 



 2) Homologar secretarias y programas. ejemplo SEDESOL se puede homologar con la CDI COMISION
NACIONAL PARA EL DESARROLLO DE LOS PUEBLOS INDIGENAS. Estas secretarias tienen funciones en común como el combate a la pobreza extrema. Considero que se deben homologar por que la razón de apoyar indígenas es por cuestiones de pobreza no de raza. Y si de protección a su cultura se trata CONACULTA puede hacerse cargo. Asi volvemos a ahorrar gasto corriente. 



 3) Mas plataformas petroleras en aguas profundas. EUA tiene muchas mientras México tiene entre 1 - 5 (no encontré el dato). Asi aumentaría la producción de PEMEX. 



 4) (no tienes que estar de acuerdo) Para eliminar el subsidio de CFE y bajar un poco el precio de la luz: contruccion de reactores nucleares en ciudades de mas de un millón de habitantes. De esta forma CFE puede volverse competitiva, generar ingresos, y nosotros ahorrar dinero en luz para incentivar el consumo. 



 5) NO AL IVA UNIVERSAL (alimentos y medicinas) (con todo lo anterior lo mas probable es que sea innecesario) En caso de ser necesario que el iva solo sea del 10%, no del 16%. 



 6) Fiscalizar los sindicatos. 



 7) Exigir a SEP que el examen de plaza de los maestros la calificacion aprobatoria sea 60 no 30!!!.