sábado, 4 de mayo de 2013

Raymundo Riva Palacios - Very good fellows

 PRIMER TIEMPO: Buenos usos de la técnica Hollande. La visita del presidente Barack Obama a México duró menos de un día, pero requirió decenas de horas de preparación. Sobretodo, en el caso del presidenteEnrique Peña Nieto, durante los dos días previos al arribo del jefe de la Casa Blanca, donde trabajó con su equipo con la precisión de un cirujano los tiempos y el momento que dedicaría a cada tema, la forma como le plantearía las cosas y los distintos escenarios a partir de las respuestas de su interlocutor. El trabajo fue nocturno y se prolongó hasta las madrugadas, porque Peña Nieto no quería que nada lo tomara desprevenido. Al contrario. La sorpresa sería para Obama. Peña Nieto se inclinó por el método que, como presidente electo, usó durante la visita al presidente francés François Hollande, y comió en el Palacio del Eliseo. Cuando Hollande probaba su suculenta ensalada, Peña Nieto le sacó el tema de Florence Cassez. “Le quiero decir que el caso está en la Suprema Corte, y nosotros respetaremos el fallo que den”, dijo Peña. “En México hay división de poderes”. Tan pronto como empezó a hablar, Hollande dejó de comer, soltó los cubiertos y volteó a ver fijamente a su invitado. “Me da gusto que haya sacado el tema, que en efecto, es muy sensible para nosotros”, dijo el francés. Lo demás fue una comida muy productiva para Peña Nieto, que sentó las bases para la reactivación de las relaciones bilaterales lastimadas por el Caso Cassez. Para Obama, pensaron, habría que hacer lo mismo. En la reunión bilateral había seis grandes temas, donde después de los dos primeros, que eran económicos, venía el de seguridad. El orden había sido negociado por los equipos de Los Pinos y la Casa Blanca, pero en esas sesiones de madrugada, Peña Nieto decidió, sin anticipar nada a los estadounidenses, cambiar el orden. Como con Hollande, tan pronto se sentaron, el mexicano sacó el tema de la seguridad y la redefinición de la estrategia. Obama, como el francés, se mostró sorprendido por la toma de iniciativa. “Es un tema del cual íbamos a hablar”, le dijo Obama, “pero ya que usted lo sacó, le quiero decir que la seguridad es un asunto de los mexicanos y que lo que ustedes decidan, nosotros lo apoyaremos”. Punto. El tema más álgido de la conversación quedaba atrás, y Obama repetiría en público lo que dijo en privado. Lo que vino después fue un relanzamiento de las relaciones en los términos acordados: la economía y el comercio. A disfrutar, entonces, la visita.
 
 

 
- SEGUNDO TIEMPO: La sensibilidad política de Obama. Después de enfrentar el trago amargo que esperaba el equipo del presidente Enrique Peña Nieto en el tema de la seguridad, las conversaciones con el presidente Barack Obama resultaron mucho más tersas de lo imaginado. Nada de rispidez en la seguridad. Menos aún en los otros temas, donde Obama mostró a los mexicanos que hizo muy bien su tarea. Cuando Peña Nieto le habló de las reformas que se estaban haciendo y anticipó la energética, Obama lo interrumpió. “Es un tema muy sensible para ustedes”, le dijo. Cuando Obama se refirió a lo que estaba sucediendo en la reforma migratoria, y le explicó con detalle a Peña Nieto los republicanos que estaban en contra y qué estaban haciendo para descarrilarla, se detuvo un momento para reconocer que el presidente mexicano hubiera sido tan cuidadoso en no hacer ninguna declaración sobre la reforma, que habría generado reacciones negativas en Estados Unidos. No lo mencionaron abiertamente, pero en la mente de ambos estaba la visita del presidenteVicente Fox a la Casa Blanca el 4 de septiembre de 2001, cuando fuera del discurso que conocía la Casa Blanca, se aventó la puntada en la cena de gala de anunciar que en diciembre habría una reforma migratoria. El entonces presidente George W. Bush ya traía problemas con la iniciativa. Dos semanas antes, la central sindical AFL-CIO, que es demócrata, le comunicó que no respaldaría esa reforma. El fin de semana previo a la llegada de Fox, el liderazgo republicano le aseguró que no pasaría esa ley, y que ellos reformularían una nueva. La “enchilada completa”, como la describió el entonces canciller Jorge G. Castañeda, se había echado a perder. Los ataques terroristas una semana después de la visita, la tiraron a la basura. Aún sin esos ataques era difícil que pasara la reforma, pero el discurso de Fox ayudó y terminó de dinamitarla. Ahora, como le dijo Peña Nieto a Obama, los mexicanos darían un paso hacia la legalización. Muchas gracias, le respondió no textualmente. Será lo mejor. Peña Nieto no hizo el trabajo público de apoyo a la reforma. Obama se encargó de ello.
 
- TERCER TIEMPO: La buena química de los good fellows. Desde el principio, las cosas arrancaron bien entre los presidentes Enrique Peña Nieto y Barack Obama. Fue un giro del mexicano cuando lo paseó por el pasillo de Palacio Nacional donde se encuentran los retratos de los mandatarios mexicanos. Peña Nieto lo detuvo unos instantes frente al de otro mexiquense como él, Adolfo López Mateos, para contarle la anécdota que cuando recibió a John F. Kennedy en 1962, el estadounidense miró su reloj y le dijo que estaba muy bonito. López Mateos, como era, se lo quitó y se lo regaló. Horas después, López Mateos le expresó a Kennedy que su esposa Jackeline, era muy guapa. Kennedy se quitó el reloj y se lo regresó a López Mateos. Obama soltó una carcajada, que no sólo quedó registrada en unas fotografías de prensa, sino que le soltó el cuerpo previo a la reunión bilateral. Lo cordial de los primeros contactos continuaron por la noche en Los Pinos, donde le ofrecieron a él y a su comitiva una cena. Antes de iniciarla, Peña Nieto invitó a Obama a una terraza junto al comedor “Miguel Alemán”, desde donde contemplaron los hermosos jardines de Los Pinos. Ahí se tomó un tequila Obama y solos, en inglés, conversaron durante media hora sobre Centroamérica, Brasil, Venezuela y América del Sur en su conjunto. La cena se prolongó media hora más de lo programado, y al final, Obama se tomó una Margarita. Sonrisas y a veces risas coronaron la cena. “Salió todo muy bien”, dijo un colaborador de Peña Nieto, aún con los estragos de las desveladas. Pues sí. Obama se despidió con un discurso en el Museo de Antropología donde, como en privado, subrayó positivamente lo iniciado con su colega mexicano.
rrivapalacio@ejecentral.com.mx
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