miércoles, 11 de marzo de 2015

Raymundo Riva Palacio - El ministro del presidente

El voto del Senado para designar al ministro de la Suprema Corte que llenará la silla dejada por Sergio Valls al morir en diciembre, era totalmente irrelevante en el caso de Eduardo Medina Mora. Si lo elegían o no, quedaría lastimado irreversiblemente porque el cuestionamiento sobre sus méritos para llegar al máximo tribunal mexicano, fue masivo, intenso y demoledor. No se puede hablar de una campaña en su contra, porque sugeriría una conspiración, por lo demás, inexistente. Se debe entender como un repudio generalizado por su pasado en órganos de inteligencia, seguridad y procuración de justicia, y por la forma como, por una decisión del presidente Enrique Peña Nieto, su nombre fue incorporado a una terna para la Corte acompañado de nominados de bajo perfil. La designación a modo, tuvo sus consecuencias.

Medina Mora pensaba en la Suprema Corte de Justicia para dentro de tres años, como epílogo de su vida pública, no ahora. Pero el presidente lo llamó y le dijo que lo iba a nominar. El embajador en Washington tenía, además de su proyecto profesional, una razón personal para no aceptar. En diciembre le detectaron un cáncer muy agresivo a su esposa y en febrero comenzó el tratamiento en una de las dos mejores instituciones en el mundo para atenderlo. La silla de Valls estaba fuera de su imaginario. Intentó decirle no al presidente, pero lo ignoró. Peña Nieto tenía otras posibilidades, como Raúl Cervantes, que pidió licencia en el Senado para prepararse para la Corte, pero mantuvo su plan de presentarlo en diciembre próximo, cuando otros dos lugares quedarán vacantes.





El traje a la medida que preparaba el presidente, no contaba con la mala imagen de Medina Mora en México por su paso por los gobiernos panistas. La ONG Change.org abrió a firma en internet una petición para que el Senado rechazara su nominación. La petición sumaba más de 51 mil firmas hasta poco antes de iniciarse la sesión en el Senado para la votación, y había movilizado a otras organizaciones civiles, intelectuales y periodistas en su contra. La Asociación Nacional de Magistrados de Circuito y Jueces del Poder Judicial, que integran más de 500 juzgadores, publicó un desplegado sin precedente donde pidieron al Senado que no votaran por un candidato con motivaciones políticas, sino por quien garantizara independencia.

Si los cuestionamientos fueron severos, la crítica fue devastadora. Pero lo más notable fue que el gobierno y el PRI dejaron a Medina Mora a su suerte en el circo romano. Rumbo al Reino Unido, el presidente declaró que el embajador tenía los méritos para ser ministro de la Corte, pero ya no volvió a hablar del tema. Tampoco hubo nadie en el gobierno que saliera a respaldarlo. Ni en el PRI, ni en las cámaras. Tampoco salió una mano del Partido Verde, que responde a los intereses presidenciales, ni del PAN, hasta poco antes de iniciar la sesión en el Senado, donde dijeron que la mayoría de sus senadores lo respaldarían.

La ausencia de apoyos institucionales –en los países donde hay procedimientos de ratificación similares, se defienden las nominaciones presidenciales-, fue tan notable como la falta de cuidado de Peña Nieto en escoger a un candidato que no había manera que pasaría sin ser cuestionado. En un texto publicado este martes en el portal ejecentral.com.mx, se detalla cómo la Auditoría Superior de la Federación elaboró cuatro revisiones a la Secretaría de Seguridad Pública y la PGR bajo el mando de Medina Mora, muy críticas de su gestión. En el CISEN, despidió a más de mil 700 personas, incluidos al menos 300 agentes que aportaban inteligencia, durante una época que se utilizó como arma contra varios agentes políticos, como Andrés Manuel López Obrador. En este mismo espacio se afirmó la semana pasada que el paso del embajador por esas dependencias, tuvo más desaciertos que éxitos. Los medios están llenos de los tropiezos y desatinos de Medina Mora, retomados de los archivos públicos, como en Los Pinos debieron haber hecho antes de que lo nominara el presidente.

¿Qué llevó al presidente Peña Nieto a nominar a Medina Mora? ¿Cuáles fueron los presupuestos para moverlo de Washington y meterlo en un debate que no estaba polarizado, sino totalmente volteado en contra de su nominado? ¿Calculó los riesgos de presentarlo en la terna iluminado como el delfín presidencial para la Corte? La decisión del presidente es tan inexplicable como múltiples decisiones que ha tomado durante los seis últimos meses y que sólo le provocan costos.

Medina Mora era una pieza que no podía arriesgar. Si era derrotado –mediante un revés de senadores panistas durante el voto secreto-, regresaría a Washington humillado, al no haber logrado el apoyo presidencial el cometido. Si no, quedaría marcado como el ministro del presidente, que recibiría instrucciones de Los Pinos y borraría la división de poderes. Si esto era real o no, era tan irrelevante como el voto en el Senado. El embajador está políticamente desgastado, desacreditado y deslegitimado. También debe estar resentido. El presidente, que es su amigo, lo colocó en esta situación y lo abandonó en medio del campo de batalla. Pero Medina Mora, finalmente, es un mero fusible del presidente. Peña Nieto, por todo lo que apostó, es el verdadero perdedor al haber quemado, en la estrechez de la estrategia política, a quien hasta ahora, había sido un gran activo.




Leído en http://periodicocorreo.com.mx/estrictamente-personal-11-marzo-2015/


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