lunes, 18 de mayo de 2015

Jesús Silva-Herzog Márquez - De reportes y exigencias

La escena se publicó en todos los periódicos del mundo. El presidente Obama rodeado de sus colaboradores más cercanos, con la mirada atenta a una pantalla que no podemos ver. Nadie parpadea. Nadie se mueve. Todos parecen suspender la respiración. Hillary Clinton, conmocionada por lo que ve, se lleva la mano a la boca. El efecto de la fotografía es inmenso porque, como si fuera una pieza del mejor suspenso cinematográfico, lanza a vuelo la imaginación. ¿Qué ven ellos que nosotros no podemos ver? El pie de foto describe la imagen: el presidente de los Estados Unidos y su estado mayor observan el asalto al escondite de Osama Bin Laden. Después de años, la cacería del terrorista había concluido: una paciente labor de inteligencia lo había ubicado en un pueblo de Pakistán y le había dado muerte. Poco tiempo después, su cuerpo se habría entregado a los peces. Se ha hecho justicia, declaró orgulloso el presidente Obama: el malvado ya no camina sobre la Tierra.



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