viernes, 5 de agosto de 2016

UN POEMA DE:

William Shakespeare  ( 1564 - 1616 )
El amor consuela como el resplandor de sol después de la lluvia.

Veo mejor si cierro más los ojos...

Veo mejor si cierro más los ojos
que el día entero ven lo indiferente;
pero al dormir, soñando te contemplan
y brillantes se guían en lo oscuro.

Tú, cuya sombra lo sombrío aclara,
si ante quienes no ven tu sombra brilla,
¡qué luz diera la forma de tu sombra
al claro día por tu luz más claro!

¡Ay, qué felicidad para mis ojos
si te miraran en el día vivo,
ya que en la noche muerta, miro, ciego,
de tu hermosura la imperfecta sombra!

Los días noches son, si no te veo,
y cuando sueño en ti, días las noches.


Como actor vacilante en el proscenio...

Como actor vacilante en el proscenio
que temeroso su papel confunde,
o como el poseído por la ira
que desfallece por su propio exceso,

así yo, desconfiando de mí mismo,
callo en la ceremonia enamorada,
y se diría que mi amor decae
cuando lo agobia la amorosa fuerza.

Deja que la elocuencia de mis libros,
sin voz, transmita el habla de mi pecho
que pide amor y busca recompensa,
más que otra lengua de expresivo alcance.

Del mudo amor aprende a leer lo escrito,
que oír con ojos es amante astucia.


Cuando hombres y Fortuna me abandonan...

Cuando hombres y Fortuna me abandonan,
lloro en la soledad de mi destierro,
y al cielo sordo con mis quejas canso
y maldigo al mirar mi desventura,

soñando ser más rico de esperanza,
bello como éste, como aquél rodeado,
deseando el arte de uno, el poder de otro,
insatisfecho con lo que me queda;

a pesar de que casi me desprecio,
pienso en ti y soy feliz y mi alma entonces,
como al amanecer la alondra, se alza
de la tierra sombría y canta al cielo:

pues recordar tu amor es tal fortuna
que no cambio mi estado con los reyes.


Cuando haya muerto, llórame tan sólo...

Cuando haya muerto, llórame tan sólo
mientras escuches la campana triste,
anunciadora al mundo de mi fuga
del mundo vil hacia el gusano infame.

Y no evoques, si lees esta rima,
la mano que la escribe, pues te quiero
tanto que hasta tu olvido prefiriera
a saber que te amarga mi memoria.

Pero si acaso miras estos versos
cuando del barro nada me separe,
ni siquiera mi pobre nombre digas
y que tu amor conmigo se marchite,

para que el sabio en tu llorar no indague
y se burle de ti por el ausente.







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