| Ema Wolf 1948 |
Pelos
Madre! ¡Me ha salido un pelo! -dijo el pequeño surubí.
En efecto, una mañana de junio de mil novecientos y pico, un jovencísimo surubí que nadaba como todos los días en el Río de la Plata se descubrió un pelo en la cabeza.
La madre se sorprendió bastante porque -ya se sabe- los peces no tienen pelos. Pero como hacen todas las madres, enseguida lo mandó a peinarse y listo.
Así empezó la mayor rareza de la historia peluda y acuática.
Porque ese pelo era apenas el principio de muchos otros pelos que vendrían. Y no sólo para el surubí, sino para todos los demás peces del río.
La causa era bien simple: