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jueves, 14 de enero de 2016

Leonora Carrington - Las vacaciones del esqueleto

Leonora Carrington  ( 1917 - 2011 )

Las vacaciones del esqueleto

El esqueleto era feliz como un loco al que le quitan la camisa de fuerza. Se sentía liberado al poder caminar sin carne. Ya no le picaban los mosquitos. No tenía que ir a cortarse el pelo. No pasaba hambre, ni sed, ni frío ni calor. Se hallaba muy lejos del lagarto del amor. Durante un tiempo, lo había estado observando un profesor de química alemán, pensando que podía convertirlo en un delicioso ersatz: dinamita, mermelada de fresa, sauerkarut aderezado. El esqueleto supo burlarlo dejando caer un hueso de zepelín joven, sobre el que saltó el profesor, entonando químicas alabanzas y cubriéndolo de besos.

La morada del esqueleto tenía cabecera antigua y pies modernos, Su techo era el cielo y su suelo la tierra. Estaba pintada de blanco y decorada con bolas de nieve en las que latía un corazón. Parecía un monumento transparente soñando con un pecho eléctrico, y miraba si ojos, con agradable e invisible sonrisa, dentro de la inagotable provisión de silencio que envuelve nuestra estrella. No le gustaban al esqueleto los desatres, pero para indicar que la vida tiene momentos arriesgados, había colocado un enorme dedal en medio de su precioso apartamento, sobre el cual se sentaba de vez en cuando como un verdadero filósofo. A veces bailaba unos pasos al son de la Danza macabra de Saint-Saëns. Pero lo hacía con tal gracia, con tal inocencia, a la manera de las danzas nocturnas de los antiguos cementerios románticos, que nadie al verlo lo habría juzgado desagradable.







miércoles, 2 de julio de 2014

Leonora Carrington - La debutante

Leonora Carrington
1917 - 2011

La debutante


La época que fui debutante, solía ir a menudo al parque zoológico. Iba tan a menudo que conocía más a los animales que a las chicas de mi edad. Era porque quería huir del mundo, por lo que me hallaba a diario en el zoológico. El animal que mejor llegué a conocer fue una hiena joven. Ella me conocía a mí también. Era muy inteligente. Le enseñé a hablar francés y a cambio ella me enseñó su lenguaje. Así pasamos muchas horas agradables.

Mi madre había organizado un baile en mi honor para el primero de mayo. ¡Lo qué sufrí durante noches enteras! Siempre he aborrecido los bailes; sobre todo los que se daban en mi honor.

La mañana del uno de mayo de 1934, fui muy temprano a visitar a la hiena.

-¡Qué asco! -le dije-. Esta noche me toca asistir a mi baile.