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domingo, 2 de agosto de 2015

Roald Dahl - Los tres cerditos

Roald Dahl  (1916 - 1990 )

Los tres cerditos

  
El animal mejor que yo recuerdo
es, con mucho y sin duda alguna, el cerdo.
El cerdo es bestia lista, es bestia amable,
es bestia noble, hermosa y agradable.
Mas, como en toda regla hay excepción,
también hay algún cerdo tontorrón.
Dígame usted si no: ¿qué pensaría
si, paseando por el Bosque un día,
topara con un cerdo que trabaja
haciéndose una gran casa... de paja?
El Lobo, que esto vio, pensó: "Ese idiota
debe estar fatal de la pelota...
"¡Cerdito, por favor, déjame entrar!".
"¡Ay no, que eres el Lobo, eso ni hablar!".
"¡Pues soplaré con más fuerza que el viento
y aplastaré tu casa en un momento!".
Y por más que rezó la criatura
el lobo destruyó su arquitectura.
"¡Qué afortunado soy! -pensó el bribón-.
¡Veo la vida de color jamón!".
Porque de aquel cerdito, al fin y al cabo,
ni se salvó el hogar ni quedó el rabo.




domingo, 19 de julio de 2015

Roald Dahl - Apuestas

Roald Dahl  (1916 - 1990 )

Apuestas

En la mañana del tercer día el mar se calmó. Hasta los pasajeros más delicados —los que no habían salido desde que el barco partió—, abandonaron sus camarotes y fueron al puente, donde el camarero les dio sillas y puso en sus piernas confortables mantas. Allí se sentaron frente al pálido y tibio sol de enero.

El mar había estado bastante movido los dos primeros días y esta repentina calma y sensación de confort habían creado una agradable atmósfera en el barco. Al llegar la noche, los pasajeros, después de dos horas de calma, empezaron a sentirse comunicativos y a las ocho de aquella noche el comedor estaba lleno de gente que comía y bebía con el aire seguro y complaciente de auténticos marineros.

Hacia la mitad de la cena los pasajeros se dieron cuenta, por un ligero balanceo de sus cuerpos y sillas, de que el barco empezaba a moverse otra vez. Al principio fue muy suave, un ligero movimiento hacia un lado, luego hacia el otro, pero fue lo suficiente para causar un sutil e inmediato cambio de humor en la estancia. Algunos pasajeros levantaron la vista de su comida, dudando, esperando, casi oyendo el movimiento siguiente, sonriendo nerviosos y con una mirada de aprensión en los ojos. Algunos parecían despreocupados, otros estaban decididamente tranquilos, e incluso hacían chistes acerca de la comida y del tiempo, para torturar a los que estaban asustados. El movimiento del barco se hizo de repente más y más violento y cinco o seis minutos después de que el primer movimiento se hiciera patente, el barco se tambaleaba de una parte a otra y los pasajeros se agarraban a sus sillas y a los tiradores como cuando un coche toma una curva.







miércoles, 24 de junio de 2015

Roald Dahl - Tatuaje

Roald Dahl  (1916 - 1990)
  
Tatuaje

En el año 1946 el invierno fue muy largo. Aunque estábamos en el mes de abril, un viento helado soplaba por las calles de la ciudad. En el cielo, las nubes cargadas de nieve se movían amenazadoras.

Un hombre llamado Drioli se mezclaba entre la gente del paseo de la rué de Rivoli. Tenía mucho frío, embutido como un erizo en un abrigo negro, saliéndole sólo los ojos por encima del cuello subido.

Se abrió la puerta de un restaurante y el característico olor de pollo asado le produjo una dolorosa punzada en el estómago. Continuó andando, mirando sin interés las cosas de los escaparates: perfumes, corbatas de seda, camisas, diamantes, porcelanas, muebles antiguos y libros ricamente encuadernados. Después vio una galería de pintura. Siempre le gustaron las galerías de pintura. Esta tenía un solo lienzo en el escaparate. Se detuvo a mirarlo y se volvió para seguir adelante, pero tornó a pararse y miró de nuevo. De repente se apoderó de él un pequeño desasosiego, un movimiento en su recuerdo, un conjunto de algo que había visto antes en alguna parte. Miró otra vez; era un paisaje, un grupo de árboles tremendamente inclinados hacia una parte, como azotados por el viento, el cielo gris oscuro, de tormenta. En el marco había una pequeña placa que decía: Chaim Soutine (1894-1943).







jueves, 9 de abril de 2015

Roald Dahl - Nunc Dimittis


Nunc Dimittis

Es casi medianoche y veo que si no empiezo a escribir esta historia ahora, nunca lo haré. Toda la tarde he estado aquí sentado, forzándome a mí mismo a empezar, pero cuanto más pensaba en ello, más avergonzado y disgustado me sentía por todo el asunto.

Mi idea —y creo que era buena— era intentar descubrir, por un proceso de confesión y análisis, una razón, o por lo menos una justificación, a mi deshonroso comportamiento hacia Janet de Pelagia. En esencia, lo que yo quería era dirigirme a un oyente imaginario y comprensivo, alguien afable y justo a quien pudiera decir sin avergonzarme todos los detalles de este desafortunado episodio. Espero que no me resulte demasiado difícil.

Si he de ser franco conmigo mismo, supongo que deberé admitir que lo más molesto no es el sentido de mi propia vergüenza, ni siquiera haber herido los sentimientos de la pobre Janet, sino la seguridad de que soy un loco y de que todos mis amigos, si todavía puedo llamar así a aquella gente tan agradable y cariñosa que venía tan a menudo a casa, me consideran un hombre vicioso y vengativo. Sí, eso hiere. Si les digo que mis amigos eran toda mi vida, entonces quizá empiecen a comprenderme.

¿Sí? Lo dudo, a menos que pierda unos instantes contándoles someramente la clase de persona que soy.

Bueno, veamos. Ahora que lo pienso, supongo que yo pertenezco a un tipo raro pero muy definido, el clásico hombre de mediana edad, rico, con cultura, adorado (he escogido la palabra cuidadosamente) por sus numerosos amigos debido a su encanto, su dinero, su aire de universidad, su generosidad, y espero sinceramente que por él mismo también. Este tipo sólo lo encontrarán en las grandes capitales: Londres, París, Nueva York... de eso estoy seguro. El dinero que tiene fue ganado por su difunto padre, cuyo recuerdo no estima demasiado. No es culpa suya, porque hay algo en su naturaleza que le atrae secretamente a despreciar a la gente que nunca ha tenido el ingenio de aprender la diferencia que existe entre Rockingham y Spode, Waterford y Venetian, Sheraton y Chippendale, Monet y Manet y hasta Pommard y Montrachet.







lunes, 7 de abril de 2014

Roald Dahl - Cordero asado

Roald Dahl
1916 - 1990

Cordero asado

La habitación estaba limpia y acogedora, las cortinas corridas, las dos lámparas de mesa encendidas, la suya y la de la silla vacía, frente a ella. Detrás, en el aparador, dos vasos altos de whisky. Cubos de hielo en un recipiente.

Mary Maloney estaba esperando a que su marido volviera del trabajo.

De vez en cuando echaba una mirada al reloj, pero sin preocupación, simplemente para complacerse de que cada minuto que pasaba acercaba el momento de su llegada. Tenía un aire sonriente y optimista. Su cabeza se inclinaba hacia la costura con entera tranquilidad. Su piel -estaba en el sexto mes del embarazo- había adquirido un maravilloso brillo, los labios suaves y los ojos, de mirada serena, parecían más grandes y más oscuros que antes.

Cuando el reloj marcaba las cinco menos diez, empezó a escuchar, y pocos minutos más tarde, puntual como siempre, oyó rodar los neumáticos sobre la grava y cerrarse la puerta del coche, los pasos que se acercaban, la llave dando vueltas en la cerradura.