sábado, 3 de noviembre de 2012

Jimena Tolama - 2010: El día de cobro que se convirtió en una pesadilla

NOTA DEL EDITOR: A partir de este martes presentamos una serie de historias basadas en las recomendaciones que emitió la CNDH por violaciones cometidas en el gobierno de Felipe Calderón. Los nombres reales de los afectados fueron cambiados por su seguridad.
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Para Abel, la mañana de aquel domingo no sería de descanso. Despertó temprano, tomó una playera de las que normalmente usa para recibir los autos de sus clientes para arreglarlos, pulirlos y encerarlos en su taller mecánico y salió de casa. Sería día de cobro.
Eran las 9:30 horas del 11 de julio de 2010 en Tepic, Nayarit, y Abel contaba en su cabeza los billetes que recompensarían el sudor empeñado en las reparaciones de un par de coches de esa semana. Así, Abel caminó hasta la casa de Juan, en la colonia Lomas de la Cruz para recibir el pago.



Ambos estaban por concretar el pago, cuando un comando armado empuja con fuerza la puerta de la casa de Juan. No hay orden judicial. Con gritos y groserías, seis hombres encapuchados y armados ordenan al mecánico y a su cliente que se tiren al piso, pero antes de que puedan hacerlo los tumban a manotazos y patadas.
Abel levanta la cabeza por un segundo. Distingue el uniforme que portan elementos de la Secretaría de Seguridad Pública estatal, pero una patada le pega entre la boca y la nariz. Pierde un diente. La sangre comienza a brotar y prefiere cerrar los ojos.
No hay tiempo para preguntarse qué hacen allí, cómo llegaron ahí, por qué están ahí. Las preguntas las hacen ellos. Uno de los agresores jala a Abel y le muestra una lista con nombres para que señale a alguien que le parezca conocido, pero el mecánico no puede ubicar a alguno y en represalia, es sacado a golpes del domicilio.
Un policía le coloca una venda alrededor de los ojos, lo esposa y lo empuja hacia la parte trasera de una camioneta que emprende la marcha a rápida velocidad hacia algún lugar. Durante el trayecto, los golpes y humillaciones no cesan hasta que el auto se detiene y es guiado a un cuarto oscuro con sólo una silla.
El miedo se vuelve la incertidumbre y, entonces, se transforma en choques eléctricos en las axilas. Luego un chorro de agua fría que le es inyectado por la nariz y le impide respirar. El estrés despierta los síntomas de asma en Abel, quien porta su nebulizador en la bolsa del pantalón, pero uno de los hombres se lo confisca.
Cuando Abel ya no puede más, es obligado a fotografiarse con un arma y le advierten que debe declarar en contra de una persona desconocida para él. Además, debe declararse miembro del crimen organizado y jefe de sicarios.
Pronto se da cuenta que el cuarto oscuro en el que se encuentra está en el aeropuerto de Nayarit, pues será trasladado a la Ciudad de México.
24 horas después, a las 7:00 horas del 12 de julio, Abel es entregado en el Distrito Federal ante las autoridades de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada y es presentado ante los medios de comunicación como miembro de un grupo del crimen organizado.
Rinde su declaración frente al policía que lo torturó hasta declarar en contra de un desconocido, por lo que queda en arraigado por 40 días, que pasa incomunicado.
En ese periodo, Abel conoce la razón por la que fue detenido: una llamada anónima aseguró que en la casa de Juan se escondía alguien que podría conocer la ubicación de un sicario. No había más elementos que ese.
A pocos días de terminar su arraigo, un visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) conoció el caso y un perito médico-forense acreditó la tortura. Sobre su cliente, la recomendación no da más detalles
A los pocos días, Abel quedó libre.
Este relato se desprende de la recomendación 29/2011 dirigida al secretario de Seguridad Pública Federal, Genaro García Luna, la cual fue aceptada.


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