viernes, 23 de noviembre de 2012

José Woldenberg - "La víspera"

Mientras el país espera conocer los nombres de los secretarios de Estado que acompañarán la gestión del próximo Presidente. (Bueno, corrijo la frase excesiva). Mientras algunos (o muchos), y sobre todo los directamente involucrados, esperan conocer los nombres..., el día de hoy en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM se presentará la edición en DVD de la película La Víspera, de Alejandro Pelayo. Guadalupe Ferrer -directora de la Filmoteca- me invitó a escribir la nota que acompaña a la película y ante la inminencia de los destapes, transcribo una parte de ella.

La Víspera es un largometraje independiente en blanco y negro del lejano año 1982. Pelayo trató de recrear el momento previo al destape. Pero no el del presidente, sino el de un candidato (tapado) a una secretaría de gobierno. Reconstruye un día en la vida de un hombre ansioso y nervioso. Se trata del momento en que los posibles funcionarios se convertirán, por magia del dedo del Presidente, en los próximos miembros de su gabinete. Todos los signos parecen apuntar a que ocupará -de nuevo- el cargo de secretario de Estado. Un alto dignatario del partido se acerca a darle la buena nueva, se "filtra" en la prensa su nueva promoción, llegan a su casa los colaboradores más cercanos y los integrantes de su familia. Esperan que la noticia sea develada, que el anuncio cambie sus vidas, que la designación vuelva a convertir al Ingeniero en Secretario.




Pelayo se aleja de la caricatura, de la simplificación extrema, lo que no le impide arrancar algunas sonrisas cuyo resorte es el patetismo extremo de la situación... El tono de la película es más bien pausado, frío. Como si se retrataran los usos y costumbres de una comunidad extraña y ajena. Recuerda la sensibilidad del antropólogo que se acerca a su caso de estudio con una cierta mirada crítica pero comprensiva, distante pero fascinada por el descubrimiento de "algo nuevo".

Ernesto Gómez Cruz da vida al funcionario disciplinado que espera el llamado el Presidente. Es un hombre protocolario, serio, servicial. Hombre de partido, fiel a sus reglas escritas y sobre todo a las no escritas. Hace 12 años vivió una situación similar y fue ungido por el Señor Presidente. Luego cayó en desgracia, tuvo que pasar a la "banca" y al parecer ha llegado el día de su nuevo encumbramiento... La espera es larga y tensa. Pero no hay salida. Es necesario hacerse de paciencia hasta que el "dedo" hable.

Se barajan los nombres de aquellos que deben y pueden acompañar al Ingeniero en su futura encomienda. Éste rememora la emoción y el agradecimiento eterno que le causó la invitación del entonces presidente electo para ser uno de sus secretarios. Ese día cambiaron no sólo la vida del Ingeniero y su familia, sino la de sus amigos, colaboradores, conocidos, es decir, de todos aquellos que conformaban su pequeño sistema solar, donde él como el Astro Rey brillaba entre todos. Ahora, ilusionados, esperan que la función se repita. El reino de las expectativas priva en los salones de la mansión, todos aguardan con fervor que el nuevo Líder Indiscutible se acuerde del Ingeniero.

Sobra decir quizá que el desenlace no es el esperado. El hombre del partido vuelve para decirle que los tiempos han cambiado, que es el momento de los jóvenes... Fiel, sin embargo, a la disciplina, a la jerarquía, al poder, el Ingeniero ofrece un último y patético discurso a sus invitados... Derrotado, amargado, lloroso, en tinieblas, se encuentra por fin solo.

Alejandro Pelayo narró el ritual que prevaleció (y prevalece) a lo largo de los años. Un régimen presidencial cuyo Poder Ejecutivo encarna en una sola persona con facultades para nombrar, sin intromisión alguna, a su gabinete. Un germen de cine político realista, crítico, irónico, que intentaba develar algunos de los entretelones de la vida política del México de entonces.

Porque (hoy como ayer), una vez que el Presidente es electo, éste tiene facultades suficientes para nombrar a su equipo de colaboradores por sí y ante sí. Es su magna voluntad la que priva. Nadie, legalmente, puede obstaculizarlo. Y entonces, situaciones como las que recrea La Víspera seguramente no son muy diferentes. Existe una legión de colaboradores que se sienten con los méritos necesarios para ser designados por el Señor Presidente -dador de cargos y encargos- para ocupar "una alta responsabilidad". Y los días previos han de ser de incertidumbre y anhelos, de dudas y súplicas a todos los santos, de movimientos "estratégicos" (una llamada a..., una comida con..., una entrevista en...) y espera petrificada.

La Víspera hace alusión al momento definitivo en la trayectoria de una persona: aquel que lo lanzará al estrellato de la política o lo dejará en el círculo de espera por tiempo indefinido. Un momento dramático cuando se le vive, un momento tragicómico cuando se le observa. A fin de cuentas, eso de la solidaridad con el otro es más bien un buen deseo en el que nadie cree. Más bien, la desgracia del vecino suele ser la alegría del compadre.

Leído en http://noticias.terra.com.mx/mexico/jose-woldenberg-la-vispera,0fcef303e082b310VgnVCM5000009ccceb0aRCRD.html

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