martes, 26 de febrero de 2013

Jorge Fernández M- Ajustes internos y partidos fratricidas

Comienza una etapa difícil, de ajustes y definiciones para todos los partidos políticos, de cara a las principales reformas que se deben encarar en los próximos meses, precedidas por 14 procesos electorales locales que no ayudarán, precisamente, a destensar el ambiente político.

Por lo pronto, el PRI que preside César Camacho Quiroz (actuando con un perfil relativamente bajo pero con un grado de operación muy eficiente), está adecuando sus documentos básicos al momento que viene: hay que quitar de esos documentos el tema del IVA (que paradójicamente fue lo que provocó el cisma del 2004-05 con Elba Esther Gordillo y fue, además, una de las principales causas de la disputa entre Roberto Madrazo y el llamado Tucom) para permitir la reforma en esa ley y hay que reformar también el capítulo energético para permitir las coinversiones en Pemex. Durante los últimos diez años el PRI ha manifestado que no podía apoyar esas reformas porque se lo impedían sus documentos básicos. Ahora en el poder, el proceso de modificación de los mismos ya está en manos de la próxima Asamblea Nacional del partido y todo estará programáticamente preparado para impulsar esas reformas a partir de agosto próximo. La pregunta es cómo y con quiénes.





Porque antes, el 7 de julio, habrá elecciones locales y el PRI necesita ir con esas reformas a sus documentos a los comicios para buscar que las mismas sean ratificadas, en una suerte de referéndum indirecto, en las urnas. Tiene muy amplias posibilidades en la mayoría de los estados, pero también por eso, ante estos comicios se ha potenciado la posibilidad de acuerdos electorales entre el PAN y el PRD (no deja de ser significativo que, por ejemplo, en las elecciones más importantes de esa jornada, la de Baja California, donde se elige gobernador y donde el PAN está en el gobierno desde 1989, el PRI tenga como aliado al muy lopezobradorista Partido del Trabajo).

Pero tampoco es fácil para esos partidos potenciar la alianza: tienen, ambos, profundas diferencias internas que no se terminarán solventando hasta diciembre cuando está previsto que PRD y PAN cambien sus dirigencias nacionales. En el PAN la distancia entre Gustavo Madero y los llamados calderonistas es cada vez más manifiesta y acciones como la de Javier Corral de bloquear la intervención en el pleno del senado del secretario de la Defensa, Salvador Cienfuegos, demuestran hasta qué nivel se están quemando naves en la lucha intestina del panismo. Pero lo de la intervención del general secretario es sólo una escaramuza más: lo importante es cómo se actuará en torno al llamado Pacto por México, el grado de acercamiento y distancia con la administración de Peña e incluso las alianzas o no con el PRD en el Congreso y en comicios locales. Allí no parece haber acuerdos sencillos.

Tampoco los hay en el PRD. El conflicto en Veracruz en contra de la alianza con el blanquiazul es una demostración de ello. Los dirigentes perredistas aseguran que un grupo de sus líderes locales han sido manipulados por el gobierno estatal para oponerse a esa alianza, pero lo cierto es que existe un viejo conflicto interno en el PRD estatal, que es el que está frenando esos acuerdos, incluso en el ámbito legal. El panismo en el estado, pese a la buena votación que obtuvo allí el año pasado, también está dividido: hay que recordar los interminables conflictos para establecer el orden en las fórmulas de senadores antes de la elección del año pasado, o simplemente recordar que el secretario de gobierno del estado es uno de los hombres con mayor historia en el PAN a lo largo de años, Gerardo Buganza, que renunció por esas diferencias. Para tener su alianza en Veracruz, panistas y perredistas deberán, además de ganar en tribunales esa posibilidad, llegar a acuerdos internos que hoy no tienen.

El PRI en ese estado, como en otras entidades, debe superar, a su vez, otras tentaciones: la principal, la de usar esas elecciones locales para resarcir viejos compromisos. El costo que tuvieron en varios estados en el 2012 fue alto por esas razones y ahora que tiene como objetivo recuperar algunas plazas, hacerse fuerte en otras y ratificar en forma plebiscitaria sus primeros meses en el poder, de cara a las reformas legislativas del segundo semestre, no debería darse esos lujos. Al respecto, siguiendo en Veracruz, sería toda una aventura lanzar, como se ha dicho, al ex gobernador Fidel Herrera como candidato a diputado local. Pocas cosas podrían catalizar más la unión PRD-PAN que esa decisión, algo similar a lo que hubiera ocurrido en Baja California lanzando a Jorge Hank Rhon. Pero además, ubicar en esas posiciones a ex gobernadores, lo único que haría sería sentar un precedente que el PRI, visto desde fuera, no necesita.

Fuente: http://www.excelsior.com.mx/jorge-fernandez-menendez/2013/02/26/886121

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