jueves, 25 de abril de 2013

Ricardo Alemán - ¡Quieren un muerto!

Podrán decir lo que quieran; que les preocupa la educación, el futuro de los niños y de los maestros; podrán argumentar de manera mentirosa que se busca privatizar la educación y, claro, podrán decir que son “el pueblo bueno”, aquellos tocados por la mano divina para salvar a la patria.

Podrán decir misa y pretender engañar a muchos ciudadanos por mucho tiempo. Pero lo cierto es que no podrán engañar a todos todo el tiempo. ¿Por qué? Porque la verdad es que a los dizque maestros de Guerrero que la tarde de ayer vandalizaron las oficinas del PRI, PAN, PRD y MC lo último que les preocupa es la educación, los niños y el futuro de los maestros.

Podrán tener el apoyo “de los mentirosos de siempre”, pero lo cierto es que no son más que un puñado de vulgares agitadores a sueldo –profesionales de la violencia– contratados y/o reclutados por manos perversas y criminales que intentan crear un clima de ingobernabilidad no sólo en Guerrero sino en Michoacán, Oaxaca y el Distrito Federal. ¿Y qué buscan esos profesionales de la violencia?



Le apuestan a la desestabilización social, al clima de zozobra, al choque con la fuerza pública y, sobre todo, a conseguir un mártir que justifique la hoy injustificable agitación, el vandalismo, la delincuencia organizada que tiene postrados a los estados de Guerrero, Michoacán, Oaxaca y a la más importante universidad del país, la UNAM.

Lo cierto es que las manos perversas que están detrás de ese intento de desestabilización –las manos que mueven la cuna– buscan un muerto que se convierta en estandarte contra “la represión del gobierno de Enrique Peña Nieto”, y que le dé sentido a un nuevo movimiento social político y electoral, capaz de sobrevivir hasta julio de 2018. ¿Y para qué un muerto?

Porque un muerto sería la mejor bandera para “legitimar” una lucha social, política y electoral, capaz de competir contra el hasta hoy exitoso y eficaz gobierno de Enrique Peña Nieto. Un muerto sería el pretexto ideal para convocar a una revuelta nacional contra el Gobierno, al estilo de la revuelta que llevó al poder al ignorante macho cabrío llamado Evo Morales, en Bolivia. ¿Y de quién son las manos que están detrás del magisterio vandálico de Guerrero, Michoacán, Oaxaca y el Distrito Federal?

Todos las conocen. Son las manos de Andrés Manuel López Obrador, de su estratega y escudero, Martí Batres, quienes se escudan en el membrete de Morena, desde donde buscarán dinero público –dinero del Estado y de los contribuyentes– para demoler las instituciones, para debilitar a los partidos firmantes del Pacto, para destruir el Pacto, para acabar con la gobernabilidad en Guerrero, Michoacán, Oaxaca y el Distrito Federal y, en el extremo, para crear una crisis de gobernabilidad que debilite al PRI y al gobierno de Enrique Peña Nieto. ¿Y cuáles son las pruebas de esa hipótesis?

Los hechos vandálicos del 1 de diciembre, los ataques a la UNAM y a los CCH, las movilizaciones local de la CNTE en Guerrero, Michoacán, Oaxaca y el DF, los ataques a la paz pública en la autopista del Sol, los ataques al Congreso de Guerrero y a las sedes del PRI, PAN, PRD de hace horas –y muchos otros hechos vandálicos– no sólo apuntalan la hipótesis de una crisis fabricada de ingobernabilidad, sino que la convierten en tesis.

Pero Lo Verdaderamente Importante Es Que El Gobierno federal trabaja desde el mismo 1 de diciembre en “un atlas” de la violencia social. Así, por ejemplo, los vándalos que hasta anoche mantenían tomada la Rectoría de la UNAM, son los mismos que encabezaron la vandalización del 1 de diciembre.

Los servicios de inteligencia del Gobierno federal saben quiénes son, conoce sus vínculos con grupos de Morena y con bandas que distribuyen droga en las escuelas. Esos mismos servicios de inteligencia tienen ubicados a los líderes y dirigentes que ayer vandalizaron las oficinas de los partidos y que hace días bloquearon la Autopista del Sol. Y esos mismos servicios de inteligencia localizaron a francotiradores mezclados entre “los maestros”, que portan armas de alto poder, y las cuales parecen dispuestos a utilizar para iniciar una masacre, cuando intervenga la Policía.

Por eso, porque los violentos buscan un muerto, en los últimos días no ha intervenido la fuerza pública en Guerrero. ¿Y entonces qué va a pasar; los van a dejar hacer y destruir? No, el Gobierno federal trabaja en un operativo legal para detenerlos, pero sin provocar un choque, sin darles banderas.

La pregunta es si el gobierno de Peña será capaz de una empresa de ese tamaño. Y es que en esa empresa se juega todo. Y eso lo saben sus adversarios, los perversos de Morena, a los que también podrían exhibir. Al tiempo.

Leído en http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/quieren-un-muerto-1366876033

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