domingo, 12 de mayo de 2013

Raymundo Riva Palacios - Renacimiento

Dueño del momento, Gustavo Madero se apoderó del dramatismo escenográfico. Nadie esperaba ningún sobresalto en el relanzamiento del Pacto por México, que entró en crisis luego que Madero denunció el uso de recursos públicos con fines electorales en Veracruz. Todo parecía superado, pero en la ceremonia de la reactivación del Pacto, con la firma de acuerdos que blindan los programas sociales, Madero mostró que las heridas en la oposición son muy profundas.

Cuando le llegó el turno de hablar, inesperadamente sacó la fotografía de una plaza de toros en Coahuila tapizada de camisas rojas. Acusó un acto proselitista encabezado por el gobernador Rubén Moreira, donde se probaba una vez más, decía, la injerencia de los gobiernos priistas en campañas electorales. “Esta realidad se ha anidado en nuestro sistema político desde hace 100 años”, dijo Madero ante el sorprendido testigo de honor, el presidente Enrique Peña Nieto. “Esta realidad se ha convertido en cultura política basada en prácticas clientelares, autoritarias y corruptas que forman parte del paisaje nacional”.




Madero está en la cima del liderazgo al frente del PAN y a la cabeza de los millones –contados en votos en contra de Peña Nieto en la elección presidencial-, a quienes no les gusta el PRI en el poder. Paradójicamente, Madero quien estaba anulado dentro del PAN por su participación decidida en el Pacto, y al que sólo el oxígeno boca a boca que le inyectó el gobierno de Peña Nieto, evitaba su colapso, renació con una fuerza que nunca tuvo, sobre el PRI y el Presidente.

Madero está en su mejor momento. Haber negociado en secreto con el equipo de transición de Peña Nieto la agenda de gobierno del presidente entrante durante tres meses, le costó capital político cuando se supo lo que había hecho a espaldas del PAN. El entonces presidente Felipe Calderón le cerró la puerta cuando en vísperas del relevo de poder fue a contarle los detalles del todavía desconocido Pacto por México. Los calderonistas lo consideraron un entreguista y la debilidad que le produjo el alud de críticas, le quitó fuerza interna en el partido. “Nadie le hace caso”, dijo uno de los estrategas del PAN antes de que estallara el escándalo en Veracruz. “Ni siquiera puede colocar candidatos”.

El dirigente del partido estaba neutralizado. Los grupos del PAN se disputaban el liderazgo, y en el choque de facciones, la única que derrotada de antemano era la de él. Bocabajeado, el Pacto era lo único que lo sostenía ante la imposibilidad de todos los panistas de repudiarlo, por el costo político que les significaría. De repente, un neopanista que se encontraba en el bando de Calderón y su esposa Margarita Zavala, aliado con el senador Ernesto Cordero, le cambió la vida. Miguel Ángel Yunes, el dolor de cabeza para el PRI en Veracruz, recibió de una regidora priista en busca de venganza contra el secretario de Finanzas, le dio videos y grabaciones de reuniones de él con representantes de la Secretaría de Desarrollo Social donde hablaban de utilizar programas sociales con fines electorales. Madero y Yunes denunciaron el hecho que le arrebató la iniciativa política a Peña Nieto.

El líder del PAN ratificó su marca de caballo que gana siempre viniendo de atrás. Formado como político tras una vida empresarial en Chihuahua, el nieto de Evaristo, hermano de Francisco I. Madero, pertenece a un grupo de panistas pragmáticos que siempre estuvo enfrentado a los doctrinarios del PAN, en donde se encontraba Calderón. A contracorriente coordinó a los senadores del PAN en la anterior legislatura, y se lanzó por la presidencia del partido.

Calderón prefería a su secretario particular Roberto Gil, pero optó por no incidir entre los panistas hasta que, en vísperas de la votación, al ver que Madero tenía grandes posibilidades de la victoria, buscó descarrillarlo. Demasiado tarde. Madero ya había hecho alianza con la extrema derecha del PAN y derrotó al candidato de Calderón, quien solía maltratarlo y hablar con él sólo lo indispensable. Madero ayudó a Josefina Vázquez Mota a ganar la candidatura presidencial, pero fue marginado de la campaña, por lo que los pésimos resultados que tuvo su partido el año pasado, no se los pudieron adjudicar.

En el contexto de crisis en el PAN y ausencias de liderazgos claros, inició la negociación con el equipo de Peña Nieto, que lo apuntalaron para que, aun en forma artificial, se mantuviera como un líder funcional. Los calderonistas  no querían el Pacto y le dijeron una semana antes de que se anunciara, que se saliera. Madero no lo hizo, y el quid pro quo le funcionó. Primero le inyectó vida. Luego, con el escándalo en Veracruz, todo el PAN se tuvo que formar atrás de él. Su puesta en escena este martes con la fotografía de Moreira y el PRI, le dio más fuerza y elevó el costo de la negociación para el gobierno.

¿Qué busca Madero? Con 14 elecciones locales a menos de tres meses, Baja California, el único estado donde se juega la gubernatura, es la más importante. Ahí fue donde hace un cuarto de siglo el PAN ganó su primera silla estatal, resultado de las llamadas concertacesiones, y no ha perdido desde entonces. El fantasma de aquel episodio revolotea nuevamente. “Si se quiere evitar una nueva concertacesión, Fernando Castro Trenti tiene que aplastar al PAN”, dijo un estratega priista. Castro Trenti piensa que menos de cinco puntos pueden poner en riesgo su eventual victoria.

¿Será el pago mayor que puede dar Peña Nieto a Madero por mantener al partido en el Pacto? Para el Presidente, Baja California es un costo menor al beneficio de sus reformas. Para el líder del PAN, es una nueva prueba para su sobrevivencia. Si pierde Baja California, se hundirá. Si gana, se queda con el partido. Ahí está la nueva frontera para ver si el renacimiento de esta semana fue efímero o le ayudará en su retiro y su legado.

Leído en http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/renacimiento-1368345714


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