sábado, 26 de octubre de 2013

Diego Petersen Farah - El entorno de Fox

Hace algunos años, cuando un joven político andaba haciendo desmanes por la vida, arrastrando lo que le quedaba de prestigio, alguien comentó: “lo bueno de él es que ya no tienen ninguna reputación que cuidar”. Algo similar sucede con el ex Presidente Fox que hoy, siete años después de haber dejado la presidencia, va por el mundo diciendo tonterías a diestra y siniestra con la certeza de que nada de lo que haga o diga puede ya empeorar su imagen. 

El problema de Vicente Fox ya no es lo que dice (insinuar que Dios fue el primer espía e intervenía las conversaciones de Adán y Eva es un verdadera joya teológica que habrá que enmarcar en letras de oro) sino lo que surge en su entorno, que habla de una verdadera borrachera de poder con su inevitable cruda que lleva ya muchos años, y esa no se quita ni trayendo al Dalai Lama. El mismo personaje que se empeñó, quizá demás, en destruir los elementos simbólicos de la presidencia imperial no ha sabido construir una figura de ex Presidente mínimamente coherente; acabó con la presidencia plenipotenciaria e inauguró la ex presidencia de la risa. 





Pero más allá de las locuras de un ex Presidente, que por momento son hasta divertidas, el verdadero problema de Fox es lo que ha surgido en su entorno. Las acusaciones de lavado de dinero del cártel del Milenio hacia su ex esposa Lilian de la Concha, sumado a los escándalos protagonizados por los Bribiesca, hijos de su segunda esposa, Martha Sahagún, hablan de una entorno familiar que nada tenía que ver con lo que el panista quería presentar como nuevo modelo de la presidencia. 

Tanto los negocios de los Bribiesca como de los que ahora se acusa a Lilian de la Concha son las típicas “oportunidades” que le caen a las gente cercana al poder. Comprar activos del inmobiliarios del Fobaproa con créditos pre-autorizados del Infonavit, más allá de los desmanes que luego hicieron con el dinero, es claramente un negocio de tráfico de influencias. Tratar de lavar dinero de un cártel usando el apellido del Presidente y prometiendo cosas en nombre del Secretario de Gobernación es un negocio de quien se sabe, o al menos se siente, intocable. En los dos casos “el negocio” no está basado en las capacidades personales de quienes lo hacen sino en la información privilegiada y el sentimiento de impunidad. 

El gran fracaso de Fox, y de los gobiernos del PAN en general, fue no haber logrado contener la corrupción. En el caso de Fox ni siquiera en el entorno familiar.

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