lunes, 24 de febrero de 2014

Sanjuana Martínez - Cardenales del mal

La memoria histórica de la jerarquía católica mexicana pasa por la actuación de dos cardenales mexicanos sobre los abusos sexuales del clero y su sistemática impunidad.
 
Durante décadas estos dos cardenales se han encargado de proteger a los sacerdotes pederastas y despreciar a las víctimas. Su indigna forma de proceder es pública y notoria. Y gozan de la misma impunidad que les brindan a los agresores con sotana.
 
Los casos paradigmáticos de Norberto Rivera y Juan Sandoval Iñiguez, quedarán registrados en la historia criminal de la Iglesia universal en términos de pederastia clerical.
 
Ambos se encargaron de fundar y dirigir clínicas para “curar” la pederastia. Norberto Rivera en Ciudad de México con la “Casa Rouger” y una más en el Estado de México; y Juan Sandoval Iñiguez con la “Casa Alberione” en Tlaquepaque, Jalisco.
 
 
 
 
 
 
Ambos defendieron a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo y lo hicieron públicamente, frente a sus víctimas y por encima de la ley. Cínicos y prepotentes, se atrevieron a denostar el dicho de las víctimas, a dudar de los terribles testimonios de los abusos y a ignorar todas y cada una de las denuncias del pederasta por antonomasia de la Iglesia católica y de otros sacerdotes acusados.
 
Tanto Norberto Rivera como Juan Sandoval Iñiguez se han encargado de perpetuar el método sistémico de protección a los agresores. Ambos dispusieron los cambios de parroquia de los agresores sexuales; a veces de estado y otras más transfiriéndolos a otros países. Los dos, se encargaron de esconder a los delincuentes con sotana en sus llamadas “clínicas” para pederastas, para después colocarlos en otras parroquias nuevamente a cargo de los monaguillos o frente a la atención de los niños católicos.
 
Su actuación ha generado miles de vidas rotas, destruidas y dañadas para siempre. Su desprecio a las víctimas ha provocado una estela de dolor y sufrimiento interminable. Nunca reconocieron ni un solo abuso, ni siquiera, el del cura pederasta Nicolás Aguilar, acusado de violar a más de 100 niños entre México y Estados Unidos. El caso por el que los cardenales Norberto Rivera y Roger Mahony, fueron denunciados ante la Corte Superior de California por “conspiración a la pederastas.
 
Rivera y Sandoval fueron beligerantes en su defensa de los curas pederastas. Sabían perfectamente que el día que ellos reconocieran el primer caso de abuso sexual por un sacerdote, vendría una cascada de casos. De esa forma, evitaron pagar compensaciones a las víctimas. Le han ahorrado miles de millones de pesos a la Iglesia católica mexicana. Y prefirieron no enfrentar una crisis económica como la Iglesia de Estados Unidos que ha pagado más de 2 mil millones de dólares en compensaciones a las víctimas de casi 6 mil sacerdotes pederastas.
 
Tal vez, por esto, el caso mexicano en el universo de los crímenes de lesa humanidad cometidos por el Vaticano, ha sido muy importante y trascendental. Para el Centro de Derechos Constitucionales que presentó la denuncia ante el Tribunal Penal Internacional el caso de Marcial Maciel o el del cura pederasta Nicolás Aguilar, son fundamentales para demostrar el método sistémico de protección e impunidad brindado por los cardenales y obispos a los agresores sexuales con sotana.
 
No es de extrañar que tanto Juan Sandoval Iñiguez como Norberto Rivera, salgan a criticar el trabajo extraordinario del Comité del Niño de la ONU en su último informe donde condenan la actuación del Vaticano, respecto a los crímenes sexuales del clero.
 
Dice Norberto desde su órgano oficial “Desde la Fe” que: “El documento demuestra que la ONU ha sido presionada por grupos rabiosamente antagónicos de la Iglesia, abortistas, promotores lésbico-gays y SNAP, esa asociación que lucra con el dolor de las víctimas, y tantas más. Desde los primeros párrafos del documento se puede observar que la ONU tiene en mente mucho más que el problema de la pedofilia, tema que se encuentra en el documento hasta la página 9, sobre un total de 16, y es abordado como si la Iglesia no hubiera ni esté haciendo nada”.
 
Lo que verdaderamente muestra esta declaración, es que ahora, Norberto Rivera intenta deslindarse de su histórica responsabilidad en este asunto. El Cardenal debería ser llamado por la justicia mexicana también. De esta forma, el Estado mexicano demostraría que está dispuesto a combatir este tipo de crímenes aberrantes y a castigar no solo a sus agresores, sino a sus protectores que han permitido carreras delictivas de más de 40 años.
 
El cardenal Rivera, sabe que el día que se haga justicia a las víctimas, el primero en caer será el, por eso ahora pretende denostar el trabajo de la ONU: “¿Cómo la ONU puede hablar del bienestar de los niños, si es ella quien promueve que se les asesine –mediante la practica criminal del aborto– en el vientre de sus propias madres? Horroriza a la ONU el abuso de niños, pero no le aterra que se les asesine mediante la práctica abominable del aborto. Este argumento no es otra cosa que un intento abusivo por interferir en la enseñanza de la Iglesia Católica sobre la dignidad de la persona humana y en el ejercicio de la libertad religiosa”.
 
El cardenal Rivera carece de moral para criticar a la ONU. Su argumento es tan cínico que pareciera que está defendiendo a los curas pederastas, para condenar a las mujeres que abortan.
A pesar de todo este discurso, nada podrá borrar en la memoria de los mexicanos que el Cardenal Rivera fue y sigue siendo el gran protector de sacerdotes agresores. Es un símbolo de la injusticia y la impunidad.
 
En el caso del cardenal Juan Sandoval Iñiguez, su propia actitud demuestra la desvergüenza de un  personaje señalado hace décadas por proteger a Marcial Maciel. Ahora viene a decirnos que el fundador de los Legionarios de Cristo era un “psicópata y esquizofrénico”. La pregunta aquí es obligada: “Por qué entonces protegió el cardenal a un psicópata y esquizofrénico?
 
Ambos cardenales se han librado de la cárcel, pero nunca se librarán de la sentencia de la sociedad. Sus palabras, convertidas en vergonzos hechos, quedarán para la historia. Y será la ONU o el TPI quien finalmente los siga poniendo en su lugar.
 
Twitter: @SanjuanaMtz
 
Facebook: Sanjuana Martínez
 
 
 

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