jueves, 3 de abril de 2014

José Gil Olmos - El juego perverso en Michoacán

MEXICO, D.F. (apro).- La situación en Michoacán parece tomar un cauce más tranquilo luego de que en este año el gobierno federal decidió dar un giro a su política de combate al narcotráfico. Pero debe señalarse que este golpe de timón no se hubiera dado si los grupos de autodefensas ciudadanas no hubieran presionado al liberar con las armas en las manos a municipios completos que estaban bajo el dominio de Los Caballeros Templarios.

La amenaza de los autodefensas de liberar todo Michoacán del crimen organizado, así como las muestras de que se trataba de todo un ejército de civiles armados dispuestos a morir con tal de conseguir su liberación y las de sus familias, obligaron a moverse al gobierno peñista que estaba cómodamente sentado sobre la misma estrategia de combate militar y policiaco heredada por Felipe Calderón y que ya había dado muestras de fracaso.







Las autodefensas, integradas por profesionistas, rancheros, agro-empresarios y jornaleros, mostraron un conocimiento del campo para localizar a los líderes templarios y combatirlos en su propio terreno. Su estrategia era similar a la de la guerrilla moderna que ataca y avanza, liberando territorio.
El éxito y la simpatía social por estos grupos fueron vistos como una amenaza por el gobierno federal, que temió que se replicara el ejemplo en otras partes del país donde se vive una situación similar de dominio del crimen organizado.

Ante este riesgo, los estrategas del gobierno decidieron aprovechar la fuerza y el conocimiento de las autodefensas para ponerlos al frente de la línea de combate contra los Templarios y acompañarlos con la presencia de la Policía Federal y el Ejército. Es decir, mandaron a las autodefensas a realizar el trabajo sucio.

Por voz del doctor José Manuel Mireles, líder de las autodefensas, fueron ellos los que dieron la información de que Nazario Moreno, El Chayo, estaba vivo y el lugar donde operaba, aunque después el gobierno peñista no lo reconocería y se adjudicara la muerte del fundador de los Caballeros Templarios.

Las autodefensas fueron usadas por el gobierno federal a través de un convenio donde pretendieron darles legalidad y, ahora que ya no les son útiles, las están haciendo a un lado y a sus líderes los acusan de ser integrantes de alguna banda criminal.

En un juego perverso, los enviados del gobierno peñista encabezados por Alfredo Castillo aprovecharon las historias personales y las divisiones internas de las autodefensas para minar su fuerza y debilitar la simpatía social que ya se habían ganado.

Hoy mucha gente duda de la legitimidad y de la autenticidad de este movimiento social armado, el único que ha sido capaz de enfrentar a un cártel del crimen organizado y de recuperar amplios territorios que los delincuentes tenían bajo su control.

A pesar de que ya no tienen la misma fuerza de inicio, las autodefensas siguen avanzando en Michoacán y ya tienen presencia en un tercio del territorio. El gobierno de Enrique Peña Nieto no podido desarmarlas y todo indica que pasara mucho tiempo antes de que logren desaparecerlas, porque aún permanece una de las causas que dieron origen a la descomposición en la entidad: la alta corrupción de sus autoridades y la complicidad que muchas de ellas siguen manteniendo con el crimen organizado.

Twitter: @GilOlmos

Leído en http://www.proceso.com.mx/?p=368691

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