martes, 30 de septiembre de 2014

Eduardo Ruiz Healy - Ángel Aguirre Rivero, funesto

El 13 de octubre de 1997, en el periódico electrónico ¿Buenos Días! Fax/Internet, escribí lo siguiente: “Irresponsable. Desidioso. Valemadrista. Sólo así puede describirse la conducta asumida por el gobierno de Guerrero que encabeza el cacique Ángel Heladio Aguirre Rivero, antes de la llegada de Pauline. Si este sujeto, que llegó al poder por obra y gracia de la salida de Rubén Figueroa y no por ningún mérito propio, hubiera dedicado la misma atención a Pauline que la que dedica a organizar sus fiestas y francachelas, hoy no habría cientos de guerrerenses muertos. Habría muertos, indudablemente, pero no tantos. El próximo año, cuando Aguirre Rivero esté celebrando su cumpleaños con 2 mil invitados, o el de su hija, con 1,500, como lo hizo hace tiempo, ¿se acordará de los paisanos que por su culpa perdieron lo más valioso que poseían: su vida?”.









El 31 de enero de 2011 escribí aquí en torno a las elecciones locales efectuadas un día antes en Guerrero. Concluí mi columna escribiendo que “no importaba quién ganara la elección guerrerense en vista de que todos los candidatos fueron paridos por el PRI y el sistema político mexicano. Dentro de su ADN político está el hacer las cosas como las hicieron sus predecesores: mal y sin importarles realmente la realidad y el futuro de millones de pobres y miserables que ayer, nuevamente, acudieron a las urnas para votar por aquél que más les prometió o más regalos les dio. Por eso, no importa quién sea el próximo gobernador de Guerrero. Bajo su gobierno las cosas no cambiarán”.


Un día después, el 1 de febrero de 2011, al referirme nuevamente a las elecciones guerrerenses y a Ángel Aguirre Rivero, el candidato ganador de la gubernatura, anoté que “Finalmente, perdieron los guerrerenses porque su próximo gobernador actuará igual que todos los que antes gobernaron a ese miserable y violento estado. Y perdimos todos los mexicanos, porque esta muestra de democracia a la mexicana sólo demostró, una vez más, que generalmente ganan elecciones los más tramposos, marranos y adinerados”.

Desde ese 1 de febrero no volví a escribir sobre Aguirre Rivero, uno de los personajes más funestos de la política mexicana. Lo anterior no significa que no me haya referido a él varias veces en mis programas de radio y TV. He comentado sus problemas con la bebida o su cada vez más grave ludopatía. Lo critiqué cuando dijo que en Guerrero nunca habría policías de calidad como en Suiza. Después de que el huracán Ingrid causó graves daños en Guerrero, el 15 de septiembre del año pasado, lo acusé de no hacer nada para prevenir a los guerrerenses sobre la tragedia que se cernía sobre ellos y le recordé al público que la misma desidia e irresponsabilidad demostró cuando Pauline destrozó a Acapulco en octubre de 1997, cuando era gobernador interino priísta. No he dejado de mencionar cómo la delincuencia sigue asolando a los guerrerenses ante la mirada complaciente de su gobernador.

Por todo lo anterior, no deben sorprender a nadie los hechos violentos que han ocurrido durante los últimos días en Guerrero. Personas aparentemente asesinadas por policías de Iguala, un municipio gobernado por un perredista que parece estar relacionado familiarmente con capos de la delincuencia, jóvenes deportistas agredidos a balazos, decenas de desaparecidos.

“No importa quién sea el próximo gobernador de Guerrero. Bajo su gobierno las cosas no cambiarán”. Lo escribí en enero de 2011. Lástima que no me haya equivocado.
 



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