domingo, 29 de marzo de 2015

Emil Cioran - Silogismos de la amargura

Emil Cioran

Silogismos de la amargura

Fuera de la dilatación del yo, fruto de la parálisis general, no existe ningún remedio contra las crisis del abatimiento, contra la asfixia de la nada, contra el horror de no ser más que un alma dentro de un salivazo.

¿Quién abusaría del sexo sin la esperanza de perder en él la razón algo más de un segundo, para el resto de sus días?

En la voluptuosidad, lo mismo que en el pánico, regresamos a nuestros orígenes; el chimpancé, injustamente relegado, alcanza por fin la gloria, mientras dura un grito.

Si Noé hubiera poseído el don de adivinar el futuro, habría sin duda naufragado.

Apenas se medita ya de pie, y menos aún andando. Fue nuestros empeños en conservar la posición vertical lo que originó la Acción; por ello, para protestar contra sus perjuicios, deberíamos imitar la postura de los cadáveres.

Para dominar a los hombres hay que practicar sus vicios y añadir a ellos alguno más. Véase el caso de los Papas: mientras fornicaban, practicaban el incesto y asesinaban, dominaban el mundo y la Iglesia era omnipotente. Desde que respetan sus preceptos, su poder se degrada: la abstinencia, lo mismo que la moderación, les ha resultado nefasta; convertidos en personas respetables, nadie les teme ya. Edificante crepúsculo de una institución.







En cuanto un animal se trastorna, comienza a parecerse al hombre. Observad un perro furioso o abúlico: parece como si esperara a su novelista o a su poeta.

Para quien haya respirado la Muerte, ¡qué desolación el olor del Verbo!

Nosotros nos parapetamos detrás de nuestro rostro: al loco le traiciona el suyo. El se ofrece, se denuncia a los demás. Habiendo perdido su máscara, muestra su angustia, se la impone al primero que llega, exhibe sus enigmas. Tanta indiscreción irrita. Es normal que se les espose y se les aísle.

La filosofía sirve de antídoto contra la tristeza. Y hay quienes creen aún en la profundidad de la filosofía.

Si apenas he obtenido ideas de la tristeza, es porque la he amado demasiado para empobrecerla ejercitándome en ella

Somos todos unos farsantes. Sobrevivimos a nuestros problemas.

Sufrimos: el mundo exterior comienza a existir…; sufrimos demasiado: desaparece. El dolor lo suscita únicamente para desenmascarar su irrealidad.

Cuanto más difuso sea el objeto de una pasión, mejor ella nos destruye; la mía fue el Hastío: sucumbí a su imprecisión.

La fe, la política o la violencia reducen la desesperación; por el contrario, todo deja intacta a la melancolía: ella sólo podría cesar con nuestra sangre.

En un mundo sin melancolía los ruiseñores se pondrían a eructar.

Gracias a la melancolía -ese alpinismo de los perezosos-, escalamos desde nuestro lecho todas las cumbres y soñamos en lo alto de todos los precipicios.

Oriente se interesó por las flores y el renunciamiento. Nosotros le oponemos las máquinas y el esfuerzo, y esta melancolía galopante -último sobresalto de Occidente.

Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado.

Dejad de pedirme mi programa: ¿Acaso respirar no es uno?.

Sin la esperanza de un dolor aun mayor, no podría soportar éste de ahora, aunque fuese infinito.

Refutación del suicidio: ¿No es inelegante abandonar el mundo que tan gustosamente se ha puesto al servicio de nuestra tristeza?.

Sólo se suicidan los optimistas, los optimistas que ya no logran serlo. Los demás, no teniendo ninguna razón para vivir, ¿por qué la tendrían para morir?.

¿Superará el hombre algún día el golpe mortal que le ha dado la vida?.

Creo en la salvación de la humanidad, en el porvenir del cianuro.

Mi avidez de agonías me ha hecho morir tantas veces que me parece indecente abusar aún de un cadaver del que ya nada puedo sacar.

Quien teme perder su melancolía, quien tiene miedo a superarla, con qué alivio constata que sus temores no tienen fundamento, que ella es incurable…

Cuanto más tratamos con la gente, más se oscurecen nuestros pensamientos; y cuando, para aclararlos, volvemos a nuestra soledad, encontramos en ella la sombra que ellos han proyectado.

El escepticismo que no contribuye a la ruina de la salud no es más que un ejercicio intelectual.

Cuando no hemos tenido la suerte de poseer padres alcohólicos, debemos emborracharnos toda la vida para compensar la abrumadora herencia de sus virtudes.

En este «gran dormitorio», como llama un texto taoísta al universo, la pesadilla es la única forma de lucidez.

Es increible que la perspectiva de tener un biógrafo no haya hecho desistir a nadie de tener una vida.

El pesimista debe inventarse cada día nuevas razones de existir: es una víctima del «sentido» de la vida.


Adictos al conflicto, ni mas ni menos.


Leído en https://lacanciondelasirena.wordpress.com/2011/09/18/silogismos-de-la-amargura/


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