jueves, 11 de agosto de 2016

Carlos Ramírez - Falso feminismo de Hillary: “el” poder, no “la” política

WASHINGTON, D.C.- En los espacios de género mexicano se ha asumido la aceptación de Hillary Clinton en función de su condición de mujer, pero sin reconocer que ella es todo menos femineidad y que su caracterización más acertada es la de una máquina de poder conservador.

Si la política es ética (Aristóteles), el poder es coerción y dominio (Max Weber). Cuando en la campaña presidencial de 1992 denunciaron abusos sexuales de Bill Clinton, Hillary soslayó la solidaridad de género y dijo que esas acusaciones --ciertas, por lo demás-- era producto de una vasta conspiración de la derecha. Y cuando se revelaron los abusos sexuales del cincuentón de Bill Clinton a una becaria de 21 años de edad, Hillary apoyó al marido.










En El segundo sexo, la biblia de las feministas, Simone de Beauvoir señala que “no se nace mujer” sino que “se llega a serlo”. Por los comportamientos respecto al poder (masculino), Hillary Clinton se decanta de la política (femenino). En reciente conferencia de prensa, el laureado periodista Seymour M. Hersh --que destapó la matanza de civiles en My Lay, los abusos en la prisión de Abu Ghraib y las guerras criminales de la CIA-- denunció que Hillary Clinton había aprobado el uso de gas sarín contra rebeldes sirios.

La crítica al falso feminismo de Hillary también viene de la izquierda. La activista Diana Johnstone --autora del libro La reina del caos-- declaró en una entrevista para lamarea.com que Hillary Clinton construyó una fortaleza financiera con el apoyo de las corporaciones de Wall Street --las que acusó y condenó Bernie Sanders-- y que en materia de feminismo destruyó la teoría de los nuevos derechos, los Clinton cambiaron la ideología del Partido Demócrata “de la igualdad social a la igualdad de oportunidades” privilegiando las luchas individuales por el éxito y no los derechos sociales de las mujeres. Esta “política de la identidad” quebró la solidaridad de la clase haciendo que la gente se centrase más en la identidad étnica, racial o sexual.

El apoyo de Obama a Hillary no se dio en función de su condición de mujer sino en relación a la polarización ideológica entre los votantes demócratas entre el socialista Bernie Sanders --enemigo de Wall Street y las corporaciones que Obama salvó con dinero fiscal-- y la pragmática Hillary que como senadora demócrata por Nueva York se alió a los políticos conservadores para votar leyes de Bush Jr. a favor de las corporaciones de Wall Street.

El gran debate en los EE.UU. se centra en la cifra apabullante de que el 1% de los ricos posee más del 50% de la riqueza nacional y que la gestión de Obama en realidad no terminó con esa estructura sino que la reforzó con presupuestos especiales para rescatar a las empresas en crisis aunque esos dineros sólo consolidaron los bonos de los accionistas. Hillary dará continuidad esa estructura de apropiación privada de la riqueza social.

De ahí la percepción real de que Hillary no compite en realidad por ser la primera mujer gobernando la Casa Blanca desde la perspectiva de los valores femeninos, sino que representa los intereses de la derecha económica de Wall Street y el militarismo bélico. Hasta ahora, las mujeres en el poder han respondido más a los impulsos masculinos que a los enfoques femeninos; la razón es simple: el gobierno es sinónimo de poder.

Política para dummies: La política es la sensibilidad femenina que puede controlar los abusos masculinos del poder.

Sólo para sus ojos:

Desde los tiempos del republicano reaganiano John Gavin no se había visto un involucramiento en asuntos nacionales de un embajador estadunidense como la de la actual Roberta Jacobson. Sus declaraciones sobra la corrupción representan un intervencionismo en asuntos nacionales.

Por cierto, Hillary Clinton reforzó las finanzas de su fundación con dinero procedente de fuentes señaladas como corrupción y Donald Trump ha sido un empresario acusado de actos de corrupción. Y no se olvida que el periodista Seymour M. Hersh denunció en su libro El lado oscuro de JFK que el papá de Kennedy se alió con la mafia para cometer fraudes electorales, comprar votos y alterar urnas para que ganara su hijo.

Pues todo indica que los gobernadores Rodrigo Medina, Javier Duarte, César Duarte y Roberto Borge se irán tranquilos después de dejar el poder y disfrutarán de su cuestionada riqueza. Y el PRI será el cómplice de esta impunidad.

Crece indignación por la falta de medallas en los olímpicos y piden llamar a cuentas al encargado Alfredo Castillo.

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