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| María Laura Delgadillo y Walter Docters |
Sus reuniones son duras. Una especie de terapia colectiva. La mayoría
lleva años sin compartir su secreto, y tienen muchas ganas de hablar.
Necesitan sacarlo. “Al principio fue una catarsis. Acabamos llorando
casi todos. Arrastramos una cultura muy arraigada que nos dice honrarás a
tu padre. Es muy difícil romper con eso”, cuenta María Laura
Delgadillo, una de las fundadoras de "Historias desobedientes", el grupo
que ha conmocionado a una
Argentina acostumbrada
a los relatos terribles de la dictadura. Pero este es diferente, porque
se hace desde dentro. Son los hijos de los represores, que se rebelan
contra sus padres y se unen para exigir que no salgan de la cárcel, que
cumplan sus condenas de cadena perpetua.
Durante años, el mundo de la represión de
una de las peores dictaduras del planeta
se dividía en dos, como los espacios dentro de los juicios de lesa
humanidad: por un lado, los represores y sus familias, por otro, las
víctimas y las suyas. Pero eso se acabó el día que este pequeño grupo en
el que hay sobre todo mujeres, que empezaron media docena y ahora ya
son más de 50, fue a una manifestación con una pancarta: “Hijos e hijas
de genocidas por la memoria, verdad y justicia”.