Mostrando entradas con la etiqueta Max Aub. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Max Aub. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de noviembre de 2015

Max Aub - Paciencia... ya dormirás ya...

Max Aub  ( 1903 - 1972 )

Paciencia... ya dormirás ya...

Esa hormiga odiaba al león.

Tardó diez mil años pero se lo comió todo, poco a poco, sin que él se diera cuenta.












Leído en  http://arlanta.blogspot.mx/2010/08/paciencia-ya-dormiras-ya.html

jueves, 5 de noviembre de 2015

Max Aub - Una larga espera

Max Aub  ( 1903 - 1972 )

Una larga espera

Hacía un frío de mil demonios. Me había citado a las siete y cuarto en la esquina de Venustiano Carranza y San Juan de Letrán. No soy de esos hombres absurdos que adoran el reloj reverenciándolo como una deidad inalterable. Comprendo que el tiempo es elástico y que cuando le dicen a uno a las siete y cuarto, lo mismo da que sean las siete y media. Tengo un criterio amplio para todas las cosas. Siempre he sido un hombre muy tolerante: un liberal de la buena escuela. Pero hay cosas que no se pueden aguantar por muy liberal que uno sea. Que yo sea puntual a las citas no obliga a los demás sino hasta cierto punto; pero ustedes reconocerán conmigo que ese punto existe. Ya dije que hacía un frío espantoso. Y aquella condenada esquina abierta a todos los vientos. Las siete y media, las ocho menos veinte, las ocho menos diez. Las ocho. Es natural que ustedes se pregunten que por qué no lo dejé plantado. La cosa es muy sencilla: yo soy un hombre respetuoso de mi palabra, un poco chapado a la antigua, si ustedes quieren, pero cuando digo una cosa, la cumplo. Héctor me había citado a las siete y cuarto y no me cabe en la cabeza el faltar a una cita. Las ocho y cuarto, las ocho y veinte, las ocho y veinticinco, las ocho y media, y Héctor sin venir. Yo estaba positivamente helado: me dolían los pies, me dolían las manos, me dolía el pecho, me dolía el pelo. La verdad es que si hubiese llevado mi abrigo café, lo más probable es que no hubiera sucedido nada. Pero ésas son cosas del destino y les aseguro que a las tres de la tarde, hora en que salí de casa, nadie podía suponer que se levantara aquel viento. Las nueve menos veinticinco, las nueve menos veinte, las nueve menos cuarto. Transido, amoratado. Llegó a las nueve menos diez: tranquilo, sonriente y satisfecho. Con su grueso abrigo gris y sus guantes forrados:

-¡Hola, mano!

Así, sin más. No lo pude remediar: lo empujé bajo el tren que pasaba.




Microrrelato incluido en Crímenes ejemplares.





jueves, 3 de septiembre de 2015

Max Aub - Era más inteligente

Max Aub  8 1903 - 1972 )

 Era más inteligente

Era más inteligente que yo, más rico que yo, más desprendido que yo; era más alto que yo, más guapo, más listo; vestía mejor, hablaba mejor; si ustedes creen que no son eximentes, son tontos. Siempre pensé en la manera de deshacerme de él. Hice mal en envenenarlo: sufrió demasiado. Eso, lo siento. Yo quería que muriera de repente.







Ahora no se sentirá "acosado"




Leído en https://buenfindesemana.wordpress.com/2012/03/07/era-mas-inteligente-max-aub/

sábado, 23 de agosto de 2014

Max Aub - Hablaba y hablaba...

Max Aub
1903 - 1972
Hablaba y hablaba...

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.

Crímenes ejemplares (1991)





Leído en http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/mini/hablaba.htm

miércoles, 25 de junio de 2014

Max Aub - Ese olor

Max Aub
1903 - 1972


Ese olor

Ese olor. Ese olor que me acongoja, ese olor que me sigue, ese olor que me persigue. Ese olor...

 Lo vi, estaba allí: quieto, repugnante, alrededor de la cosa. Podrido. De un salto se me agarró desesperadamente, y, ahora, por más que hago, no hallo manera de deshacerme de él. Me lavo, me restrego, me hundo en el agua, ando bajo la lluvia, en el mar. Me alejo. —Ya lo perdí. Sonrío: —Ya lo engañé. Me desespero: —Pude con él.

 Y ahí vuelve, solapado, leve, lento, tenue, hediondo, persistente, quieto, fijo, horrible.

—¿Usted no sabe cómo podría deshacerme de él? Me persigue. Me estoy quieto sin respirar. Atento, mirando, convenciéndome de que se va, de que se fue. Pero no. Está ahí, aguardándome taimado. ¿De dónde?

 Cambio de ropa. Hago las más diversas abluciones; me perfumo. Yo, ¡que no me perfumo nunca! Vuelve el tufo, peste ligera, no por ello menos peste. Me persigue, le aseguro que me persigue. Mugre lenta, despaciosa, socarrona. De connivencia, ¿con quién?, ¿con qué?, ¿qué me quiere?, ¿por qué me sigue?, ¿qué engaño?, ¿qué astucia?

 Me escondo tras la primera esquina, espero. Sé que me busca. Pasa de largo, me pierde. Respiro.
Pero está ahí, por lo bajo disimulado, a lo zaíno. Callado. ¡Oh, si gritara!

 Me envuelve, penetra sinuoso, espía, me acaba.

 ¿Qué es un mal olor? Nada. ¿Quién se fija? Un tufo. Un hedor. ¡A quién le importa! ¿A quién le digo que me atosiga? Creerán que no sé lo que digo. ¡Sí! ¡Sí!

 Pero ahí está esta basura mugrienta. Nada me libra. ¡Si tuviese color!

 Lo tiene. Es rojo, rojo pardo, rojo sucio, rojo verde, rojo oscuro, rojo negro, rojo, rojo corrupto, rojo carroñoso, rojo basura, rojo fétido, rojo mugre, rojo sinuoso, rojo disimulado, ¡ahí!, en mi pecho, subiendo por la garganta, saltando por encima de la boca, metiéndose por las alas de la nariz, revolcándose con el moco, llenándome todo.

 ¡Llevadlo! ¡Llevadme! ¡Ese olor, ese olor muerto! ¡Ese olor de muerte! ¡Ese olor putrefacto, que me carcome!

Ese olor vivo de la muerte.






Leído en http://documentaminima.blogspot.mx/2011/03/la-una-max-aub.HTML