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miércoles, 17 de junio de 2015

Mitos mexicanos - La desdichada claudia


La desdichada Claudia

Cuenta una leyenda de Tepic, “lugar de piedras macizas”, capital del estado mexicano de Nayarit, que en una casa de la Colonia Lázaro Cárdenas de esa ciudad, vivía un señor que tenía una hijita llamada Claudia. Después de haberse separado de su esposa, la custodia legal de la niña le había correspondido a él. Padre e hija vivían tranquilamente en su hermosa casa, cuando los azares del destino, que a veces son diabólicos, les jugaron una mala pasada, pues cierto tiempo después de haber llegado a la Ciudad de Tepic, Claudia fue atropellada por un camión y murió.

El padre quedó completamente consternado ante esta fatal desgracia, pero decidió quedarse a vivir en la casa en la cual ambos habían sido muy felices. Poco tiempo después de su muerte, don Facundo, como se llamaba el desdichado señor, empezó a sentir que alguien lo observaba, oía ruidos en el patio trasero y pasos se niña en la escalera que conducía al piso superior; las puertas se cerraban y se abrían inexplicablemente. Espantado por tantos sucesos extraños, don Facundo decidió tomar fotografías de las escaleras y del patio, para ver qué salía en ellas y si podía hacer algo para remediarlo. Cuando el padre reveló las fotografías, cuál no sería su sorpresa al ver que en ellas se veía perfectamente la imagen de su pobre niña Claudia, pero muy demacrada, grandes ojeras se apreciaban alrededor de sus ojos y una palidez sobrehumana cubría su dañado rostro por el accidente.

Don Facundo inmediatamente tomó la decisión de marcharse de esa casa que tan dolorosos recuerdos le traía. Así lo hizo y puso en renta la casa, después de haber encargado una misa por el alma en pena de la pequeña. Sin embargo, la misa de nada sirvió, pues varios inquilinos que la rentaron, al poco tiempo de marchaban presas de miedo y terror, pues a todos se les aparecía la niña Claudia. Desde el último inquilino que la rentó y se fue, la casa permanece vacía; los caminantes que pasan frente a ella afirman que se oyen los lamentos de la atormentada niña que clama por su padre con sollozos que ponen los pelos de punta a quienes llegan a oírla.

Sonia Iglesias y Cabrera






Fuente: La desdichada Claudia | Nayarit

martes, 17 de diciembre de 2013

Sonia Iglesias y Cabrera - La cuetlaxóchitl, Flor de Noche Buena

La cuetlaxóchitl, Flor de Noche Buena 

se discute, furia desatada,

sobre tu origen, cuando tú eres nuestra.

Matriarcal Cuetlaxóchitl, bien amada,

solemne y bendecida, fiel Maestra.

Autor desconocido.

Esta conocida y bella flor, ha formado parte de nuestra cultura desde hace ya varios siglos, pues se le conocía desde antes del esplendor mexica, etnia tan amante de las plantas y las flores, como podemos constatarlo por los muchos jardines botánicos que crearon para su deleite, y en los cuales cultivaban muy variadas especies llegadas de todas las regiones conocidas por los aztecas. En efecto, muchas fueron las flores que admiraron nuestros antepasados, algunas las utilizaban como ornato por su natural belleza, otras se emplearon como parte de la terapéutica, y las más, para honrar a los dioses en las múltiples ceremonias que les dedicaban durante el transcurso del calendario festivo.
De entre las muchas flores con que los mexicas contaban, la cuetlaxóchitl destacaba por su elegancia y exquisitez. Su nombre en lengua náhuatl significa “flor que se marchita”, posiblemente aludiendo a lo efímero de su existencia. Otros etimólogos pretenden que su denominación nos remite a “flor de cuero”, lo cual no es muy probable ya que no se trata de una flor de consistencia dura. La leyenda nos cuenta que en el norte del territorio de Taxco se daba un arbusto de bellas flores blancas. Después de una batalla en la cual los mexicas derrotaron a los chontales y los diezmaron, las flores sin razón alguna, se marchitaron, y los vencedores optaron por llamar a la flor “flor que se marchita”. Cuando llegó el tiempo de la siguiente floración, los arbustos se cubrieron de flores de un hermoso color rojo debido a la sangre derramada por los vencidos chontales.


miércoles, 4 de diciembre de 2013

Leyenda prehispánica - Itzpapálotl y las mariposas


Itzpapálotl y las mariposas

A las mariposas en general, los mexicas las consideraban como las almas de los niños que visitaban la Tierra desde el Tlalocan; genéricamente, les otorgaron el nombre de Micpapálotl (Ascalapha Odorata), Mariposa del Mictlan, tal vez debido a su hermoso color negro. Fueron el símbolo del renacimiento y de la regeneración de los hombres. Según la escatología, los guerreros, después de pasar cuatro años en el Tonatiuh Ilhuicac, la morada celeste del Sol, regresaban a la Tierra en forma de hermosas y coloridas mariposas, para obtener el néctar de las flores con que alimentarse. Los muertos se convertían en mariposas y visitaban a sus familiares para protegerlos de los males que pudieran aquejarlos. Las mariposas volaban alrededor de la casa y de las flores. Los mexicas consideraban que era de mala educación oler un ramo de flores por arriba, se debía inhalar el aroma por un costado, pues la parte de arriba se reservaba para que las almas de los muertos disfrutaran oliendo la flor libremente encarnados en mariposas.



martes, 3 de diciembre de 2013

Leyenda colonial - Jerónimo de Aguilar


Jerónimo de Aguilar

Jerónimo de Aguilar nació en el pueblo de Écija, Sevilla, en el año de 1489. Llegó a América como soldado, junto con el conquistador Juan de Valdivia. Cuando los españoles conquistaron las islas del Caribe, Vasco Núñez de Balboa en una nueva expedición colonizadora salida de Cuba, fundó la ciudad de Santa María de la Antigua del Darién, en Colombia, a orillas del Mar Caribe, en 1510.

Acompañando al conquistador iban Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar. De regreso a Cuba, el 15 de agosto de 1511, una tormenta hizo naufragar el barco frente a la isla de Jamaica. Sólo se salvaron ocho hombres que llegaron a las costas de Yucatán en un batel. Al bajar de la barca, se toparon con los indios maya-cocomes y todos murieron menos Gonzalo y Jerónimo, quienes se quedaron un largo tiempo en Yucatán. Ocho años después, fueron encontrados por Hernán Cortés, quien rescató a Jerónimo, siendo elección de Gonzalo el quedarse a vivir con los indios, pues había formado una familia. Más tarde, combatió contra los españoles. Diego López de Cogolludo, en su crónica Historia de Yucatán, narra: