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domingo, 29 de diciembre de 2013

Noam Chomsky - Democracia y mercados

Existe una imagen convencional acerca de la nueva era en que estamos entrando y las promesas que implica. Esa imagen fue formulada con claridad por el asesor de Seguridad Nacional, Anthony Lake, cuando presentó la Doctrina Clinton en septiembre de 1993: “Durante la Guerra Fría, contuvimos la amenaza global hacia las democracias de mercado: ahora deberíamos tratar de ampliar su alcance”. El “nuevo mundo” que se abre ante nosotros “presenta inmensas oportunidades” para adelantarse a fin de “consolidar la victoria de la democracia y de los mercados abiertos”, agregó un año después.

La “verdad duradera”

Las temáticas son más profundas que la Guerra Fría, dijo Lake. La “verdad duradera” es que nuestra defensa de la libertad y justicia contra el fascismo y el comunismo fue solamente una fase en una historia de dedicación hacia “una sociedad tolerante, en la cual líderes y gobiernos existen, no para usar o abusar de la gente, sino para proveerles con libertad y oportunidades. Ésta es la “cara constante” de lo que Estados Unidos ha hecho en el mundo, y “la idea” que estamos “defendiendo” nuevamente en la actualidad. Es en la verdad duradera sobre este nuevo mundo” en que podemos perseguir nuestra misión histórica de una manera más efectiva, enfrentando a los “enemigos de la sociedad tolerante” -a la cual siempre estuvimos dedicados- que siguen en pie, moviéndonos desde la “contención” hacia el “agrandamiento”. Por fortuna para el mundo, la única superpotencia es, “por supuesto”, única en la historia en el sentido de que “no estamos buscando expandir el alcance de nuestras instituciones mediante la fuerza, subversión o represión”, utilizando la persuasión, compasión y medios pacíficos’





martes, 5 de noviembre de 2013

Roger Bartra- Las contradicciones de Chomsky

5 Nov. 13

Es un hecho curioso que las teorías lingüísticas de Noam Chomsky tengan una implicación social que está en las antípodas de su conocida postura política crítica de izquierda. Para Chomsky el lenguaje está biológicamente determinado y tiene su origen en una estructura cerebral determinada y heredada genéticamente. Chomsky propuso tratar el problema de la naturaleza del lenguaje exactamente de la misma manera en que se aborda el problema del crecimiento de un órgano físico del cuerpo. Para él se trata de la "maduración progresiva de una estructura (hardware) especializada". En consecuencia, no habría que hablar del "aprendizaje" de una lengua, sino de su "crecimiento". Hay una motivación política en la insistencia de Chomsky en afirmar la existencia de estructuras mentales innatas; si no las hubiese, dijo alguna vez, habría quienes quisiesen controlar esa plasticidad o ese azar para moldear la conducta por medio de la autoridad estatal, la tecnología conductista o cualquier otro medio.