Es un hecho curioso que las teorías lingüísticas de Noam Chomsky tengan una implicación social que está en las antípodas de su conocida postura política crítica de izquierda. Para Chomsky el lenguaje está biológicamente determinado y tiene su origen en una estructura cerebral determinada y heredada genéticamente. Chomsky propuso tratar el problema de la naturaleza del lenguaje exactamente de la misma manera en que se aborda el problema del crecimiento de un órgano físico del cuerpo. Para él se trata de la "maduración progresiva de una estructura (hardware) especializada". En consecuencia, no habría que hablar del "aprendizaje" de una lengua, sino de su "crecimiento". Hay una motivación política en la insistencia de Chomsky en afirmar la existencia de estructuras mentales innatas; si no las hubiese, dijo alguna vez, habría quienes quisiesen controlar esa plasticidad o ese azar para moldear la conducta por medio de la autoridad estatal, la tecnología conductista o cualquier otro medio.
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martes, 5 de noviembre de 2013
Roger Bartra- Las contradicciones de Chomsky
5 Nov. 13

Es un hecho curioso que las teorías lingüísticas de Noam Chomsky tengan una implicación social que está en las antípodas de su conocida postura política crítica de izquierda. Para Chomsky el lenguaje está biológicamente determinado y tiene su origen en una estructura cerebral determinada y heredada genéticamente. Chomsky propuso tratar el problema de la naturaleza del lenguaje exactamente de la misma manera en que se aborda el problema del crecimiento de un órgano físico del cuerpo. Para él se trata de la "maduración progresiva de una estructura (hardware) especializada". En consecuencia, no habría que hablar del "aprendizaje" de una lengua, sino de su "crecimiento". Hay una motivación política en la insistencia de Chomsky en afirmar la existencia de estructuras mentales innatas; si no las hubiese, dijo alguna vez, habría quienes quisiesen controlar esa plasticidad o ese azar para moldear la conducta por medio de la autoridad estatal, la tecnología conductista o cualquier otro medio.
Es un hecho curioso que las teorías lingüísticas de Noam Chomsky tengan una implicación social que está en las antípodas de su conocida postura política crítica de izquierda. Para Chomsky el lenguaje está biológicamente determinado y tiene su origen en una estructura cerebral determinada y heredada genéticamente. Chomsky propuso tratar el problema de la naturaleza del lenguaje exactamente de la misma manera en que se aborda el problema del crecimiento de un órgano físico del cuerpo. Para él se trata de la "maduración progresiva de una estructura (hardware) especializada". En consecuencia, no habría que hablar del "aprendizaje" de una lengua, sino de su "crecimiento". Hay una motivación política en la insistencia de Chomsky en afirmar la existencia de estructuras mentales innatas; si no las hubiese, dijo alguna vez, habría quienes quisiesen controlar esa plasticidad o ese azar para moldear la conducta por medio de la autoridad estatal, la tecnología conductista o cualquier otro medio.
martes, 22 de octubre de 2013
Roger Bartra - Rescatar la política.
Vivimos una época en la cual la idea de revolución es vista cada vez más como una reliquia del pasado. No obstante, es una palabra que muchos invocan todavía como un conjuro para legitimar su discurso. En México hace años que la idea de revolución huele a rancio. Por otro lado, a muchas personas, entre ellas a una buena parte de los intelectuales y a muchos opinadores, les disgusta la idea de reforma, detrás de la cual sospechan que se oculta una política palaciega que hace pactos a espaldas de la gente. Por ello el Pacto por México, impulsor de reformas, es visto con gran desconfianza como una mesa de negociaciones que opera por arriba del pueblo. Esta actitud es una continuación del desprecio que manifestaron muchos intelectuales por la transición democrática, que se negaron a alentar un orgullo por el hecho de que México había logrado alcanzar una nueva condición política gracias a las reformas que permitieron derrotar al viejo partido autoritario, el PRI, en el año 2000.
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