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| Rafael Cadenas 1930 |
Historias chinas
Amados súbditos ha dicho el emperador, ante todo defiendo la unidad de
mi reino. Una sola manera de pensar es lo único que la garantiza. Mi misión es
protegerlos de la nefasta diversidad. Por eso he proscrito la discrepancia.
Ustedes y yo formamos un solo cuerpo que puede parecer monstruoso, pero nadie
podrá vencerlo.
Es para salvarlos de influencias de los malos espíritus que he resuelto
privarlos a ustedes de su libertad y, de paso, para que así aprendan a amarla,
pues este es mi objetivo, en el futuro. Esta medida, aunque de momento parezca
absurda, los hará libres.
Sé que a los más mi decisión no les preocupa, antes bien lo tienen a
dicha, porque les quito un peso insoportable de sus hombros. Sólo algunos
letrados echan de menos la libertad, pero eso es asunto desatendible.

