| Vicente Blasco Ibañez 1867 - 1928 |
El premio gordo
Jacinto apuró el último sorbo de café que contenía la taza, chupó furiosamente su cigarro, y luego púsose a contarme la siguiente historia:
I
Conviértete en Dios y dale a un hombre todo el talento y la fortuna posibles en este mundo.
De seguro que se alegrará mucho; pero la tal alegría no será ni un trasunto pálido de lo que sentiría si por navidad le cayesen en bolsillo 50.000 duros envueltos en un billete de lotería.
Es preciso haber experimentado tal sorpresa para comprender gozo que uno siente al encontrarse de pronto con un millón y pasar de la categoría de perdido a la de millonario, aunque nada más sea en singular.
¡Ay, amigo mío! Yo me estremezco todavía cuando recuerdo lo que experimenté al ver que era poseedor de una parte decimal del premio gordo.