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| Virgilio Díaz Grullón 1924 - 2001 |
Matar a un ratón
El niño recogió una pesada piedra
de las que abundaban en el pequeño patio trasero de la casa, calculó
cuidadosamente la puntería y la arrojó con fuerza contra el ratón que parecía
observarlo atentamente a pocos pasos de distancia.
La piedra, describiendo una corta
parábola en el aire, cayó pesadamente sobre el espinazo del animal produciendo
un ruido sordo. El ratón se arrastró un poco hacia el fondo del patio, se
detuvo luego y haciendo una grotesca voltereta quedó por fin inmóvil con el
vientre al sol.
Dando media vuelta, el niño
corrió velozmente hacia la casa. Abrió de un empujón la puerta y cruzó como una
ráfaga de viento fresco la habitación semioscura donde la anciana dormitaba. Ésta
despertó sobresaltada y al comprobar la causa que la había sustraído de su
sueño, cambió ligeramente de posición y cerró de nuevo los ojos.

