![]() |
| Agustín Monsreal (1941) |
Un solo amor no basta
( Buenas noches. ¿Está esperando a Irene? No vendrá. La maté esta tarde. Supe que me engañaba con usted y la maté. No tema. No he venido a derramar más sangre. Vine a tratar de explicarle por qué lo hice. Se que usted también la amaba, y que a partir de hoy estará tan solo como yo en el mundo. No hay dicha que no se pague finalmente con la soledad. Es una sentencia inapelable. La dicha, lo mismo que el amor, se acaba con el tiempo o la muerte. Pocos son los que la alcanzan, en realidad, porque es muy difícil para la naturaleza humana distinguir entre la autenticidad y el remedo, y unos cuantos nada más lo logran, después de conocerla, salvarse de la desgracia. Dije hace un momento que Irene me engañaba con usted. Pero engañar es una palabra sucia y sin sentido en este caso. Irene habló de amor, de dicha. )
Bebo con lentitud un sorbo de café frío, desagradable. Mis ojos miden, largamente y con aplicación, cómo crece la ceniza del cigarro abandonado. Levanto la vista, con flojedad, con un principio de desesperanza, hacia la entrada de la cafetería. Acude a mi memoria aquella inusitada frase de Borges: “ Me duele una mujer en todo el cuerpo” . Trato de evitar sentirme infeliz, tenerme lástima.






















