martes, 12 de junio de 2012

Carlos Ramírez - Más Allá del debate: Polarizar.

Carlos Ramírez
Como en política nunca hay nada nuevo, el proceso electoral presidencial se va a decidir mucho más allá del debate entre los candidatos presidenciales. El escenario electoral del 2012 ha sido llevado a repetir el de 2006: La polarización PRI-PRD, en lugar de PAN-PRD.

El 2006 fue todo un modelo de confrontación política inducida: El candidato panista Felipe Calderón llevó la contienda a una polarización con el candidato perredista López Obrador bajo el slogan de que Andrés Manuel “es un peligro para México”. El candidato priísta Roberto Madrazo, chapado a la antigua, no entendió la lógica del marketing y se hundió en el tercer lugar. El resultado oficial: PAN: 35.89%, PRD: 35.31% y PRI: 22.26%. La polarización le dio a Calderón la ventaja necesaria para ganar.

Hoy el escenario es el mismo: López Obrador está asumiendo el papel de Calderón en el 2006 y ha diseñado el discurso de repudio al priísta Enrique Peña Nieto, presentándolo mediáticamente como un peligro para México que el PRI regrese a la presidencia; Peña, en todo caso, tiene a su favor el hecho de que ni él ni el PRI llegan a la noción de peligro como el radical tabasqueño del 2006.

Para que el cuadro quede completo falta por saber si la candidata panista Josefina Vázquez Mota será en el 2012 lo que Madrazo fue en el 2006: Una aspirante desinflada; Josefina llegó al debate sin ritmo, sin rumbo, sin discurso y sin entender el escenario de la polarización que ha construido López Obrador con la ayuda de los jóvenes del movimiento 132 como carne de cañón con su gritería y desorganización.

Hasta ahora Peña no ha caído en el garlito de López Obrador, pero no le ayuda el hecho de que siga apareciendo como el candidato de Televisa y del viejo corporativismo del PRI. De todos modos, el efecto del fantasma de Televisa no se puede comparar hoy con el que tenía el radicalismo de López Obrador en el 2006. De ahí que en las encuestas Peña haya tenido una pérdida de votos menor a la esperada y menor a la del tabasqueño hace seis años; la meta lopezobradorista buscaba llegar al debate con una diferencia entre los dos de menos de 5 puntos porcentuales y ayer domingo seguía en 14.

Lo que viene en la estrategia perredista es la movilización posdebate. Hasta ahora, el tema Peña-Televisa ha tenido efecto en el círculo rojo de la crítica pero no en la masa de votantes y ha sido menor en el foro rojo de los medios. La difusión amañada por The Guardian del paquete de documentos presuntamente del acuerdo Televisa-Peña disminuyó por la confusión reconocida por el propio periódico de que no pudo ser comprobada su veracidad, aunque dejó en el ambiente periodístico el hecho de que fue el primer caso de un periódico profesional de Gran Bretaña que difunde documentos sin verificación.

En todo caso, la estrategia de los documentos cumplió su objetivo de corto plazo: Alimentar la radicalización del pequeño grupo del YoSoy132 porque sirvió para tema de sus pequeñas pancartas. La forma en que los estudiantes de ese movimiento tomaron documentos no veraces y los proyectaron como certezas, habla de la falta de seriedad en su formación académica de los jóvenes y de que ese movimiento perdió su sentido político y se quedó en el espacio del grito.

El 132 ya fue cooptado por López Obrador y el PRD y va a jugar un papel clave --aunque todo indica que ineficaz-- en el conflicto poselectoral que ya anunció el tabasqueño. El modelo se vio en 1988: El temor del grupo de Carlos Salinas de que Cárdenas pudiera organizar un movimiento de protesta masiva en las calles en contra del PRI; un asesor salinista afirmó después de las elecciones de ese año que una marcha de dos millones de mexicanos contra el triunfo oficial de Salinas hubiera llevado a la anulación de las elecciones.

El hecho de que los jóvenes lopezobradoristas del 132 estén considerándose a sí mismos como la avanzada de la “Primavera Mexicana” no es más que enseñar lo que viene después de las elecciones si Peña gana las elecciones: Marchas callejeras como en los países árabes; sólo que el 132, paradójicamente con todo el apoyo mediático que dicen repudiar, no ha podido asumirse como un movimiento realmente masivo que incendie las calles. De todos modos, la estrategia López Obrador-PRD será la de azuzar a los jóvenes a no respetar el resultado oficial y exigir la anulación de las elecciones; como indicio ya se han visto peticiones absurdas del 132 para asumirse como una autoridad electoral paralela y hacia ahí apunta el hecho de realizar pronto un debate con tres de los candidatos presidenciales manejado por los jóvenes.

La estrategia de polarización ha sido analizada desde el 2000. El libro Cómo ganar las elecciones. Estrategias de comunicación para candidatos y partidos, de Gabriel Gonzalo Molina, editorial Cal y Arena, fue tomado como básico por el PAN en el 2006. Al estudiar las diferentes formas de polarización --e incluye la mediática que parece ser seguida puntualmente por López Obrador--, el ensayo asume una campaña como “guerra” y “triunfa quien gana la guerra de la polarización”. La razón: “La polarización recoge los intereses vitales de una sociedad y los entrega de vuelta al elector, a partir de un plan de confrontación comunicacional”.

Las campañas llegan al punto de no representar ofertas. “La guerra de la polarización puede ser descrita como un enfrentamiento permanente y contundente entre temas o lógicas predominantes de voto. Y quien logra obtener mayor relevancia para su tema y mayor nivel de atribución positiva en éste, gana la elección”, agrega Molina.

Televisa y la gritería del 132 son parte de la estrategia de polarización de López Obrador para repetir el escenario del 2006 y llevar la elección a una competencia entre dos, pero sólo si Josefina no regresa a la competencia después del debate de ayer, porque los puntos que ha subido el perredista en las encuestas son los que ha bajado Josefina.

Leído en: http://www.zocalo.com.mx/seccion/opinion-articulo/mas-alla-del-debate-polarizar

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