sábado, 7 de julio de 2012

Rosario Robles - El mandato en las urnas es muy claro


Rosario Robles

López Obrador dijo que no está dicha la última palabra. Con cierto tufo autoritario pretendió insinuar que él la tiene, ignorando con ello que el mandato en las urnas es la única decisión soberana, es la que cuenta y se cuenta. Que el voto es la fuente que le da sustento a los Poderes de la Unión. Desde luego que está en todo su derecho de reclamar por las vías legales lo que considera fueron anomalías, irregularidades e inequidades en la elección. Pero eso no le da ninguna potestad para insultar, descalificar y amagar no solo a quienes fueron los responsables de conducir el proceso en las miles de casillas instaladas, sino a los millones que no sufragaron por él. 
Siguiendo el mismo tono se atrevió a decir que quienes lo hicieron por Enrique Peña Nieto es porque son corruptos o porque vendieron su voto. Igual hubiera descalificado a los votantes de Josefina Vázquez Mota si ella hubiera ganado. Los únicos limpios son los que apoyaron su candidatura. Será el Tribunal Electoral el encargado de validar la elección. De ponderar los argumentos del tabasqueño. Ya sufrió un revés con el cómputo distrital. Se abrieron más 70 mil paquetes para realizar el conteo voto por voto y las cifras no se modificaron. El Tribunal puede ordenar abrir los restantes y la situación no va a variar. Gracias a la lucha de muchos años, lo que sucede en las casillas está blindado
Lejos de denostar este proceso, los mexicanos debemos felicitarnos por lo acontecido. Por lo ejemplar de esta jornada cívica en la que todos asumimos nuestro papel con absoluta responsabilidad. Los funcionarios de casilla que han tenido jornadas extenuantes, los representantes de los partidos y los millones de votantes que, no obstante las largas filas y en muchos casos la lluvia, ahí estuvieron porque han aprendido que su voto tiene un poder enorme. El de corregir el rumbo, el de sancionar, el de equilibrar los poderes, el de mandar. Muchos fueron con sus niños pequeños para enseñarles desde ahora la importancia de este ejercicio cívico. En muchas casillas se felicitó a los jóvenes que votaban por primera vez. Y en el marco de esta jornada ejemplar los ciudadanos reflexionaron su voto y con una lógica impecable distribuyeron el poder, castigaron a quienes consideran malos gobernantes, sufragaron de manera diferenciada y abrieron paso a la alternancia en algunas entidades y municipios importantes.
El mandato fue muy claro. Una vez más, los mexicanos votaron por un poder compartido. Otorgaron su respaldo a Enrique Peña Nieto para la Presidencia de la República, pero no le dieron una mayoría absoluta en el Congreso de la Unión. Algunos ven en esto la posibilidad de una presidencia débil. Otros pensamos que es la enorme oportunidad de gobernar con todos y para todos, entendiendo lo que la gente quiso decir este primero de julio. Quiere diálogo y consensos. Quiere contrapesos. La izquierda tuvo una votación histórica que es en gran medida producto de la tenacidad de López Obrador. No solo refrendó su presencia en la capital, sino que se alzó con triunfos importantes en Tabasco y Morelos. Es la segunda fuerza política del país y representante legítima de un amplio sector de la población. 
Enrique Peña Nieto parece entender que millones de ciudadanos no queremos el regreso al pasado ni nada que tenga que ver con las viejas prácticas autoritarias y patrimonialistas que le costaron a su partido la salida de Los Pinos hace 12 años. Ya ha reiterado su compromiso con una nueva forma de gobernar, con ejercer una presidencia democrática. También es cierto que no puede ser de otra manera porque el país ya no es el mismo y no está dispuesto a dar un paso atrás. No obstante, esta segunda oportunidad (como él la llama) lo obliga a estar a la altura del momento histórico. A poner en el centro las políticas sociales que tengan como prioridad combatir la desigualdad y pobreza, así como frenar la corrupción. A demostrar desde el primer momento que representa una nueva generación. A proceder de manera ejemplar y emblemática. El pueblo de México no extiende cheques en blanco. Es el momento de definir un nuevo rumbo de esperanza y certezas. La izquierda puede jugar un papel central en ello. Ojalá no renuncie a esta gran oportunidad. Ojalá no decida transitar por una ruta que dilapide su enorme capital social.

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