miércoles, 31 de octubre de 2012

Jorge Zepeda Patterson - Televisa, Peña Nieto y el #132

El equipo de Peña Nieto no debe haber dormido bien si se enteró de los resultados electorales de este domingo en Chile. El gobierno de Sebastián Piñera perdió por paliza las elecciones intermedias, en gran medida debido a los estudiantes de aquél país, que durante meses fueron el foco de presión y protesta en contra de las políticas del mandatario. No es el único factor, desde luego, pero sí el más visible. 

Peña y Piñera podrían tener eso en común, además de los apellidos, si el priísta no sigue con atención el movimiento estudiantil. Los críticos dirán que el fenómeno del #YoSoy132 ya no es lo mismo que hace cuatro meses. Quizá, pero hace ocho meses no existía y nadie llegó a pronosticar la súbita emergencia de las protestas a partir de un incidente casi trivial: críticas a un candidato en una visita a una universidad privada. 





Con la misma velocidad y aún mayor fuerza los estudiantes podrían de nuevo encender la pradera frente a políticas públicas o acciones oficiales que consideren lesivas para sus intereses o para el interés público. A su favor tendrán el hecho de que ya no estamos en período electoral, de tal forma que sus críticos no podrán achacarles que operan, explícita o tácitamente, en apoyo a otro candidato (López Obrador). 

Las siguientes protestas de este movimiento estudiantil enarbolarán banderas que fácilmente pueden ser acogidas por otros segmentos, sin distinción de filiación política o ideológica (como sucedió en Chile). Eso lo hace potencialmente más formidable. 

Por lo demás, el hecho de que las redes sociales seguirán aumentando su influencia en la conversación pública provocará que el gobierno entrante camine sobre una delgada capa de hielo en su relación con los jóvenes. Es sabido que el equipo de transición prepara algunas estrategias con el propósito de concitar el apoyo de las nuevas generaciones. Habrá que ver. 

Attolini y Televisa 

Por lo pronto, Televisa ha querido responder al reto mediante la tradicional táctica de abrir espacios presuntamente acotados a sus críticos. La invitación a Antonio Attolini, estudiante del ITAM y vocero del #YoSoy132 en sus inicios, para participar en el programa Sin Filtros, es parte de este esfuerzo de legitimación del consorcio de televisión. El movimiento se ha deslindado y ha cuestionado tanto la pertenencia de Attolini al #YoSoy132 como su participación frente a las cámaras.

No coincido con esa posición. Dese luego tienen razón al explicar que Attolini no representa al movimiento y que sus opiniones expresan estrictamente su punto de vista personal. El tema, a mi juicio, no es que participe o no en un programa, sino el contenido de sus intervenciones. Y esas habrá que verlas. 

En otras palabras, me parece que los espacios mediáticos hay que aprovecharlos para alcanzar a otros públicos. De otra manera, terminaremos predicando a los conversos. Querámoslo o no, la televisión privada alcanza sectores sociales y zonas geográficas al margen de las redes sociales y ajenos a los pocos espacios críticos e independientes. Si Televisa se siente presionada y quiere abrir micrófonos a puntos de vista alternativos, me parece que debe tomársele la palabra. Es ganancia la mera posibilidad de presentar a la opinión pública argumentos y datos que cuestionen las verdades oficiales. 

Lo que habría que ver es si Attolini es capaz de hacerlo. O si, por el contrario, el joven termina cooptado como ha sucedido con tantos periodistas que alguna vez fueron críticos de los poderes y los poderosos. 

Por supuesto que la invitación a Attolini tiene el propósito de lavar la cara de la televisión. No es una graciosa concesión, sino el resultado de la crítica de los jóvenes a la cobertura distorsionada de esta empresa de comunicación. En ese sentido el #YoSoy132 ya ganó, a condición de obtener ventajas de ese triunfo. Y uno de los terrenos ganados es justamente la apertura, así sea parcial e interesada. 

Las administraciones de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo introdujeron cambios electorales y reconocieron triunfos del PAN y luego del PRD no por voluntad democrática sino por necesidad de legitimarse, debido a la presión pública. Y esta apertura interesada y a regañadientes terminó provocando la caída del régimen. 

Podemos pasarnos décadas criticando a Televisa, pero las audiencias seguirán sintonizando sus canales. Tampoco se derrumbará el imperio mediático porque enunciemos sus pecados ante públicos reducidos y previamente convencidos. Pero algo importante habrá sucedido cuando desde sus programas escuchemos cuestionamientos críticos y sólidos respecto al poder y al propio consorcio. 

Televisa no desparecerá de la vida de los mexicanos en fecha próxima, o al menos no en algunas generaciones. Lo que sí se puede, como lo ha hecho el #YoSoy132, es presionarla para que ventile sus espacios y acepte la crítica a los gobernantes, así sea por razones de conveniencia. Al final todos habremos ganado.

Quizá algún día podamos escuchar en esos micrófonos a Jenaro Villamil (el periodista investigador más implacable en estos temas) o a Javier Corral (legislador empeñado en acotar al monopolio). O quizá sea demasiado pedir y lo único que obtengamos sean más “Attolinis” en sus programas. No está mal, a condición de que las convicciones no se resquebrajen ni tiemblen las piernas al momento de hablar y pisar fuerte en los estudios de Chapultepec. 

¿Que están tratando de utilizarlo? Desde luego, pero de él dependerá demostrar que en ese juego puede haber ganancias para la crítica independiente. Lo hizo Elena Poniatowska en el noticiero de López Dóriga sin mayor problema y para beneficio de todos. Me parece que más que denostar la decisión de Attolini habría que ver su desempeño. Después juzgamos. 

@jorgezepedap 

www.jorgezepeda.net

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