domingo, 11 de agosto de 2013

Jorge Zepeda Patterson - PAN: 2da. vuelta a cambio de PEMEX

Aun cuando Gustavo Madero, presidente del PAN, parece haber capoteado lo peor de la tormenta interna, la relación del partido con el electorado está fracturada. Quizá hayan parado el pleito (por lo menos frente a la opinión pública), pero no hay manera de que esta fuerza política pueda ser un fuerte contendiente en una elección nacional. La corrupción de tantos funcionarios panistas, la falta de oficio y la mediocridad del gobierno de Calderón dejaron una huella difícil de ignorar. La crisis pegó debajo de la línea de flotación del blanquiazul y tundió el componente ético del partido, el principal activo político acumulado en los cincuenta años previos a su llegada al poder.

Sin embargo, hay una extraordinaria coyuntura que favorece al PAN. Gracias a la reforma energética gozará de un bono extraordinario. Peña Nieto necesita de la anuencia de los azules para alcanzar la mayoría calificada (dos tercios) que se requiere para hacer cambios en la Constitución. Y como está claro que el PRD no va a acceder a modificar el patrimonio de Pemex ni nada que se le parezca, el PAN está en condiciones de exigir las perlas de la virgen a cambio de su amor.




Gracias a este cheque en blanco, Madero ha logrado conjuntar a las distintas corrientes y venderles la noción de una tregua que postergue el fratricidio hasta las elecciones internas de fin de año cuando se elija al dirigente nacional. Mientras tanto, les ha concitado a un debate para decidir qué cifra van a colocar en ese cheque en blanco.

El tema es importante porque le permitiría al partido obtener algún trofeo político para ostentar frente al electorado. Se asume que el PAN exigirá alguna conquista histórica en la reforma política, a cambio de su voto en la reforma energética.

¿Cuál podría ser la moneda de cambio? Se habla, por supuesto, de la reelección de algunos puestos de elección popular (alcaldes y legisladores), de mayores candados al uso electoral del presupuesto y de fortalecer el poder del legislativo frente al ejecutivo. Pero lo que verdaderamente interesa al PAN es la segunda vuelta en las elecciones presidenciales.

El argumento formal es correcto. En la mayoría de las sociedades en las que existen tres o más fuerzas políticas dominantes, los presidentes no son elegidos por la mayoría de los ciudadanos. Es decir, Enrique Peña Nieto ganó gracias al 38 por ciento de los votos; esto significa que 62 por ciento de los mexicanos que votaron lo hicieron por otro. En teoría, tal esquema provoca un mandato débil y un Presidente sin apoyo popular. La segunda vuelta, por el contrario, obliga a cerrar la elección entre los dos candidatos más votados, hasta que alguno de los dos obtiene el 50 por ciento más uno.

¿Por qué el interés del PAN en la segunda vuelta? Porque es la única posibilidad de regresar al poder en algún futuro inmediato. En 2012 cayó hasta la tercera posición. Con el esquema actual se ve difícil superar a los otros dos partidos en 2018. Pero no sería una tarea imposible bajo la sombra protectora de la segunda vuelta: si López Obrador insiste en presentarse en la boleta dentro de cinco años y si el PRI resulta muy raspado por el ejercicio de gobierno, le bastará presentar  a un candidato moderado y con buena imagen (¿Margarita Zavala?).

El voto anti PRI sigue siendo mayoritario en el País, pero para fortuna del tricolor es un voto que se divide entre izquierda y derecha. La segunda vuelta obliga a concentrar este voto, o por lo menos parte de él. Bastaría que el candidato del PAN no provocara la repulsa de la izquierda (como sí lo hace López Obrador para la derecha).

Por supuesto que el PRI sabe que esta es su verdadera kryptonita, su talón de Aquiles. Pero Peña Nieto también sabe que, sin reformas, su gobierno estaría condenado a una gestión mediocre y quizá al fracaso. Y para esas reformas necesitará al PAN.

¿Entregará la segunda vuelta a cambio del apoyo blanquiazul? Ese es el tema de fondo en las comidas del Palm y restaurantes equivalentes. Probablemente Peña Nieto ofrezca una contrapropuesta: sí, pero en el 2024, no en el 2018. Él necesita que el PRI repita en Los Pinos. Tan importante son las reformas como asegurar que un sucesor leal le cuide las espaldas. Y si no, pregúntenle a Arturo Montiel.

@jorgezepedap
www.jorgezepeda.net


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