miércoles, 20 de agosto de 2014

Sergio Aguayo - Los excluidos

Para Paco Calderón,
por su merecido premio


Languidece la transición democrática. Entre las causas destaca la determinación y astucia con la cual las élites políticas excluyen a la ciudadanía de los asuntos públicos. No nos quieren.

La semana pasada nos regalaron dos ejemplos de la exclusión. El lunes, el presidente Enrique Peña Nieto, apoyado por el PRI y el PAN, promulgó una reforma energética que ni siquiera sus partidarios apoyan. Ahora se preparan para evitar que dicha reforma sea sometida a una consulta ciudadana durante las elecciones federales de 2015. En lugar de eso nos están recetando una intensa y costosa campaña propagandística que canta las glorias de unas modificaciones legales que han dejado intacta la corrupción sistémica del mundo de la energía.
 
 
 
 
 
 
 
 

El PRD compite con Morena en la organización de esa consulta que permitirá saber lo que la mexicanidad quiere. Sin embargo, el PRD ignora a la ciudadanía en la capital que gobierna. Tengo años documentando casos del urbanismo salvaje que maltrata a ciudades de todo el País. En la capital me ha sorprendido la firmeza con la cual el perredismo protege, por medio de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi), la corrupción de los “desarrolladores” que depredan la ciudad e ignora a los vecinos inconformes. El viernes envió a la Asamblea Legislativa del DF las normas 30 y 31 que multiplicarán los destrozos y que comentaré en otra ocasión.

Octavio Paz alimentó el mito del mexicano pasivo al describirlo como un ser “silencioso y tímido, resignado […] Sonríe siempre, espera siempre”. Apuntaló, de esa manera, la falsa tesis de la pasividad mexicana. Es una creencia que contradicen los hechos. Además de que nuestra historia está repleta de intentos malogrados por participar en asuntos públicos, tengo evidencia para asegurar que en estos momentos alrededor de la mitad de los mexicanos quisieran participar en asuntos públicos, sobre todo en organizaciones de la sociedad civil; los partidos cada vez son menos atractivos.

El impulso se frustra porque las élites políticas lo frenan (el trato dado al ahora encarcelado doctor José Manuel Mireles es paradigmático) y porque hay pocas, muy pocas, organizaciones sociales. Sólo participa en ellas de manera permanente alrededor de 10% de la población. En resumen, la sociedad mexicana tiene conciencia de sus derechos y quiere involucrarse pero faltan las instituciones que le permitan hacerlo.

Si uno revisa la prensa con esta perspectiva, la retahíla de malas noticias siempre tiene de contrapunto la inconformidad de una persona o un grupo. Las víctimas se organizan para buscar a sus desaparecidos o para enfrentarse a los delincuentes, en la capital brotan organizaciones de vecinos que luchan contra el urbanismo salvaje, en Puebla y Sinaloa se movilizan contra leyes retrógradas y en Sonora y Quintana Roo se empecinan en defender el agua y la selva.

La magnitud de la resistencia no se aprecia porque carecemos de un “protestómetro” que nos dé una cifra independiente sobre el número y localización de las inconformidades sociales. El Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) siempre ha hecho un seguimiento de este tipo; la sociedad tiene que hacerlo para adquirir conciencia de cuan falso es el mito de nuestra pasividad.
La organización social es un asunto de supervivencia. Resulta ya disfuncional la corrupción, ineficiencia e insensibilidad de los partidos. Nadie nos atenderá si guardamos silencio. No hay tema pequeño. La regeneración de México se inicia defendiéndonos de las cableras y las telefónicas y los desarrolladores y de los gobiernos que los arropan cada día y con perseverancia.

Participar en la vida pública debe formar parte de nuestra cotidianidad; como reunirse a comer con la familia los domingos. La exclusión es inaceptable e intolerable; tenemos que tomar el control de una democracia secuestrada por quienes monopolizan lo público para su propio beneficio. La receta es simple: si queremos reducir los abusos tenemos que organizarnos.


La  miscelánea

Amplío las ideas expresadas en esta columna en una versión revisada del octavo capítulo, “Salvar la democracia construyendo capital social”, del libro “Remolino. El México de la sociedad organizada, los poderes fácticos y Enrique Peña Nieto”.

Los lectores interesados podrán descargar gratuitamente dicho texto desde mi página y desde www.editorial-ink.com/remolino/cortesia y http://editorial-ink.com/remolino/cortesia. Espero que sirva para quienes, como yo, consideramos indispensable y saludable la participación ciudadana en la vida pública.


Comentarios: www.sergioaguayo.org




Leído en http://www.am.com.mx/opinion/leon/los-excluidos-11252.HTML



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