La carta de la jorobada para el cerrajero
Usted
nunca ha de ver esta carta, ni yo he de verla por segunda vez porque
estoy tuberculosa, pero quiero escribirle aunque usted no lo sepa porque
si no escribo me ahogo.
Usted
no sabe quién soy, quiero decir, sí lo sabe pero no habrá caído en la
cuenta, me ha visto en la ventana cuando pasa para ir al taller. Yo me
quedo contemplándolo porque sé a la hora que usted llega y lo espero
todos los días. Nunca le habrá dado importancia a la jorobada del
primer piso de la casa amarilla, pero yo no pienso más que en usted. Sé
que tiene una amante, es aquella muchacha rubia, alta y bonita: la
envidio pero no le tengo celos porque no tengo derecho a tener nada, ni
siquiera celos. Usted me gusta porque me gusta y ya está, y me apena no
ser otra mujer, con otro cuerpo y otra hechura, para poder bajar a la
calle y hablar con usted, aunque no me diese nunca la razón, pero me
hubiera gustado conocerlo aunque sólo fuera de hablar alguna vez con
usted.

