Exterminador de hormigas
Hasta la casa del anunciante, llegaron como si de un desfile se tratara, numerosas personas dispuestas a fulminar la plaga, pero uno a uno todos marchaban profiriendo insultos contra el que pretendía contratarles.
Pasaron los meses, y el anuncio seguía presente en el periódico, pero ya nadie respondía a él.
El hombre desesperado modificó el texto: “Entrego mi casa a quien extermine mis hormigas”. Al día siguiente, hacia las doce, un anciano con voz temblorosa se presentó ante él

