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lunes, 29 de febrero de 2016

Hermanos Grimm - Los doce cazadores

Hermanos Grimm (1785-1863 y 1786-1859)
Los doce cazadores

Había una vez un príncipe que tenía una novia, a la cual quería mucho; se hallaba siempre a su lado y estaba muy contento, pero tuvo noticia de que su padre, quien vivía en otro reino, se hallaba mortalmente enfermo, y quería verlo antes de morir. Por eso le dijo a su amada:

-Tengo que marcharme y abandonarte, pero aquí tienes esta sortija en memoria de nuestro amor, y cuando sea rey volveré y te llevaré a mi palacio.

Se puso en camino. Cuando llegó al lado de su padre, éste se hallaba moribundo y le dirigió estas palabras:

-Querido hijo mío, he querido verte por última vez antes de morir; prométeme casarte con la mujer que te designe.

Y le nombró una princesa que debía ser su esposa.

El joven estaba tan afligido, que le contestó sin reflexionar:

-Sí, querido padre, cumpliré tu voluntad.

El rey cerró los ojos y murió.








lunes, 27 de julio de 2015

Hermanos Grimm - El Rey Rana

Wilhelm Grimm y Jacob Grimm

El Rey Rana

Hace muchos años, cuando el desear aún le ayudaba a uno, vivía un rey cuyas hijas eran todas buenas doncellas, pero la más joven era tan bondadosa, que el mismo sol, que ha visto tanto, se detenía cada vez que iluminaba su camino. Cerca del castillo del rey, había una inmensa y oscura selva, y bajo un viejo árbol de lima había un pozo, y cuando el día esta muy caliente, la hija menor del rey iba a la selva a sentarse junto a la fresca fuente, y cuando se aburría, tomaba una bola de oro y la tiraba alto para capturarla. Y esta bola era su juguete favorito.

Pero sucedió que en una ocasión la bola no llegó a las manos que la esperaban, sino que cayó al suelo y rodó hasta caer en el pozo. La hija del rey la siguió con sus ojos, hasta que desapareció. Y el pozo era profundo, tan profundo que no se alcanzaba a ver el fondo. Ella empezó a llorar, y a llorar más alto y más alto sin llegar a sentir consuelo. Y mientras se lamentaba oyó que alguien le decía:

-"¿Que te sucede, hija del rey?, te lamentas tanto que hasta las piedras te mostrarían piedad"-

Ella miró alrededor buscando hacia donde venía la voz, y vio a una rana sacando del agua su gran cabeza.







martes, 19 de mayo de 2015

Hermanos Grimm - Blancanieve y Rosaroja

Jacob y Wilhelm Grimm
Blancanieve y Rosaroja

Una pobre mujer vivía en una cabaña en medio del campo; en un huerto situado delante de la puerta, había dos rosales, uno de los cuales daba rosas blancas y el otro rosas encarnadas. La viuda tenía dos hijas que se parecían a los dos rosales, la una se llamaba Nieveblanca y la otra Rosaroja. Eran las dos niñas lo mas bueno, obediente y trabajador que se había visto nunca en el mundo, pero Nieveblanca tenía un carácter más tranquilo y bondadoso; mientras a Rosaroja la gustaba mucho más, correr por los prados y los campos en busca de flores y de mariposas. Nieveblanca, se quedaba en su casa con su madre, la ayudaba en los trabajos domésticos y la leía algún libro cuando habían acabado su tarea. Las dos hermanas se amaban tanto, que iban de la mano siempre que salían, y cuando decía Nieveblanca: -No nos separaremos nunca, contestaba Rosaroja: -En toda nuestra vida; y la madre añadía: -Todo debería ser común entre vosotras dos.

Iban con frecuencia al bosque para coger frutas silvestres, y los animales las respetaban y se acercaban a ellas sin temor. La liebre comía en su mano, el cabrito pacía a su lado, el ciervo jugueteaba delante de ellas, y los pájaros, colocados en las ramas, entonaban sus mas bonitos gorjeos.

Nunca las sucedía nada malo; si las sorprendía la noche en el bosque, se acostaban en el musgo una al lado de la otra y dormían hasta el día siguiente sin que su madre estuviera inquieta.







domingo, 2 de noviembre de 2014

Hermanos Grimm - El dinero llovido del cielo

Jacob Grimm: 1785-1863
Wilhelm Grimm: 1786-1859

El dinero llovido del cielo

Había una vez una niña que era huérfana y vivía en tan extremada pobreza que no tenía ni cuarto ni cama donde dormir. No poseía más que el vestido que cubría su cuerpo y un pedacito de pan que le había dado un alma caritativa, pero era muy buena y piadosa.

Como se veía abandonada por todos, se puso en camino, confiando en Dios. A los pocos pasos encontró un pobre que le dijo.

-¡Si me pudieras dar algo de comer, porque tengo tanta hambre!...

Ella le dio todo su pan y le dijo:

-Dios te ayude.

Y continuó andando.

Poco después encontró un niño que lloraba, diciendo:

-Tengo frío en la cabeza, dame algo para cubrirme.

Se quitó su gorro y se lo dio. Un poco más allá vio otro que estaba medio helado porque no tenía jubón y le dio el suyo; otro por último la pidió su saya y se la dio también.

Siendo ya de noche llegó a un bosque, donde halló otro niño que la pidió la camisa.

La caritativa niña pensó para sí:

-La noche es muy oscura, nadie me verá, bien puedo darle mi camisa.

Y se la dio también.

Ya no la quedaba nada que dar. Pero en el mismo instante comenzaron a caer las estrellas del cielo y al llegar a la tierra se volvían hermosas monedas de oro y plata, y aunque se había quitado la camisa se encontró con otra enteramente nueva y de tela mucho más fina. Reunió todo el dinero y quedó rica para toda su vida.

FIN 





Leído en http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ale/grimm/el_dinero_llovido_del_cielo.htm


domingo, 20 de abril de 2014

Hermanos Grimm - Los tres pelos de oro del Diablo

Jacob Grimm: 1785-1863
Wilhelm Grimm: 1786-1859

Los tres pelos de oro del Diablo

Érase una vez una mujer muy pobre que dio a luz un niño. Como el pequeño vino al mundo envuelto en la tela de la suerte, predijéronle que al cumplir los catorce años se casaría con la hija del Rey. Ocurrió que unos días después el Rey pasó por el pueblo, sin darse a conocer, y al preguntar qué novedades había, le respondieron:

- Uno de estos días ha nacido un niño con una tela de la suerte. A quien esto sucede, la fortuna lo protege. También le han pronosticado que a los catorce años se casará con la hija del Rey.

El Rey, que era hombre de corazón duro, se irritó al oír aquella profecía, y, yendo a encontrar a los padres, les dijo con tono muy amable:

- Vosotros sois muy pobres; dejadme, pues, a vuestro hijo, que yo lo cuidaré.

Al principio, el matrimonio se negaba, pero al ofrecerles el forastero un buen bolso de oro, pensaron: "Ha nacido con buena estrella; será, pues, por su bien" y, al fin, aceptaron y le entregaron el niño.

El Rey lo metió en una cajita y prosiguió con él su camino, hasta que llegó al borde de un profundo río. Arrojó al agua la caja, y pensó: "Así he librado a mi hija de un pretendiente bien inesperado."

Pero la caja, en lugar de irse al fondo, se puso a flotar como un barquito, sin que entrara en ella ni una gota de agua. Y así continuó, corriente abajo, hasta cosa de dos millas de la capital del reino, donde quedó detenida en la presa de un molino. Uno de los mozos, que por fortuna se encontraba presente y la vio, sacó la caja con un gancho, creyendo encontrar en ella algún tesoro. Al abrirla ofrecióse a su vista un hermoso chiquillo, alegre y vivaracho. Llevólo el mozo al molinero Y su mujer, que, como no tenían hijos, exclamaron:






domingo, 23 de febrero de 2014

Hermanos Grimm - El pobre y el rico

Jacob Grimm: 1785-1863
Wilhelm Grimm: 1786-1859

El pobre y el rico
Murió una vez un pobre aldeano que fue a la puerta del Paraíso; al mismo tiempo murió un señor muy rico que subió también al cielo. Llegó san Pedro con sus llaves, abrió la puerta y mandó entrar al señor, pero sin duda no vio al aldeano, pues cerró y lo dejó afuera. Desde allá oyó la alegre recepción que le hacían al rico en el cielo, con músicas y cánticos.
Cuando quedó todo en silencio volvió por fin san Pedro y mandó entrar al pobre. Esperaba éste que volverían a continuar los cánticos y músicas, pero todo continuó en silencio. Lo recibieron con mucha alegría, los ángeles salieron a su encuentro, pero no cantó nadie.
Preguntó a san Pedro por qué no había música para él como para el rico, o si era que en el cielo reinaban las mismas diferencias que en la tierra.
-No -le contestó el santo- el mismo aprecio nos merecen uno que otro, y obtendrás la misma parte que el que acaba de entrar en las delicias del Paraíso; pero mira, pobretones así como tú llegan aquí a centenares todos los días, mientras que ricos como el que acabas de ver entrar apenas viene uno de siglo en siglo.