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martes, 4 de agosto de 2015

Sherwood Anderson - El tonto

Sherwood Anderson  (1876 - 1941 )

El tonto

Hay una historia, no puedo contarla, no tengo palabras. La historia está casi olvidada pero a veces la recuerdo. La historia trata de tres hombres en una casa en una calle. Si pudiera decir las palabras cantaría la historia.

La susurraría a los oídos de mujeres, de madres.

Correría por las calles contándola una y otra vez.

Con mi lengua, que se habría soltado, repicando contra mis dientes.

Los tres hombres están en una habitación en la casa.

Uno de ellos, joven y peripuesto.

Ríe sin parar.

Hay un segundo hombre con una larga barba blanca.

Lo consume la duda pero a veces su duda lo abandona y se queda dormido.

El tercer hombre es el que tiene ojos malvados y se pasea nervioso por la habitación frotándose las manos una contra la otra. Los tres hombres esperan. Esperan.






miércoles, 27 de noviembre de 2013

Sherwood Anderson - Una aventura

Sherwood Anderson
1876 - 1941

Una aventura


Alice Hindman que tenía ya veintisiete años cuando George Willard era todavía un muchacho, había pasado toda su vida en Winesburg. Estaba empleada en la tienda de ultramarinos de Winney, y vivía en casa de su madre, que estaba casada en segundas nupcias.

El padrastro de Alice, pintor de coches, era dado a la bebida. Tenía una historia muy extraña; valdrá la pena de que la cuente algún día.

Cuando Alice tenía veintisiete años era una muchacha alta y más bien delgada. Su cabeza, muy voluminosa, era lo que más destacaba de su cuerpo; tenía las espaldas un poco inclinadas; los ojos y los cabellos castaños. Alice era una mujer muy tranquila que ocultaba, bajo apariencias de placidez, un fermento interior en continua actividad.




jueves, 21 de noviembre de 2013

Sherwood Anderson - Tandy

Sherwood Anderson
1876 - 1941

Tandy

Vivió hasta la edad de siete años en una casa vieja, sin pintar, junto a un camino abandonado que arrancaba de Trunion Pike. Su padre no se ocupaba apenas de ella, y su madre había fallecido. Su padre se pasaba el tiempo discutiendo y discurriendo sobre religión. Afirmaba que él era un agnóstico; y de tal manera vivía absorto en la empresa de echar abajo las ideas que acerca de Dios se habían deslizado en el cerebro de sus convecinos, que no alcanzó a ver cómo se manifestaba Dios en aquella niñita que vivía tan pronto en un sitio como en otro, casi olvidada, gracias a la bondad de los parientes de su fallecida madre.

Llegó a Winesburgo un forastero que vio en la niña lo que no había visto su padre. Era un joven de elevada estatura, de pelo rojizo, que casi siempre estaba borracho. A veces solía sentarse en una silla delante de la New Willard House, con el padre de la niña, Tom Hard. Este hablaba, sosteniendo que no era posible la existencia de Dios; el extranjero lo oía sonriendo y guiñaba el ojo a los que estaban cerca de ellos. Se hicieron grandes amigos, él y Tom, y solían estar juntos muy a menudo.