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Hastiado de la embestida por haber entrevistado al inasequible dictador sirio Bachar el Asad (2013), el francés George Malbrunot dejó esta frase, que rubrico al cien: “Los periodistas no somos policías de la moral, el mundo no debe escuchar sólo a los pacifistas”.
Decepcionada por las respuestas sin carne ni riesgo del líder palestino Yasser Arafat, a quien Oriana Fallaci había perseguido por años, la periodista italiana escribió en la memorable crónica que abre paso al enjuto diálogo (1972): “La entrevista duró 90 minutos, gran parte de los cuales se perdieron traduciendo las respuestas que él me daba en árabe”.
Memorable también fue el relato de Julio Scherer que acompañó a su tímida conversación con el temible Mayo Zambada (2010). Scherer no pudo obtener del aún prófugo narcotraficante mucho más que expresiones de esta clase:
El cártel de Sinaloa mantiene el control en siete Estados del país a través de ocho células y dos pandillas que son las encargadas de hacer frente a los bandos contrarios, como Los Beltrán Leyva o Los Zetas. Las miles de muertes generadas desde el 2007 cuando el expresidente Felipe Calderón inició la guerra contra el narco, se deben en gran parte a la disputa que han sostenido estas bandas regionales por el control del territorio para realizar sus actividades delictivas, principalmente el tráfico de drogas.
Las tareas de estos grupos son diversas: hay quienes brindan protección a los líderes de la organización, otros que se dedican a extorsionar, grupos que se encargan de los asesinatos y secuestros, y otros que “cobran” el dinero producto de sus actividades delictivas. Todos obedecen a los cabecillas de la organización.
“Si el Diablo me ofrece una entrevista, voy al infierno”. La frase se hizo célebre en la prensa mexicana cuando el legendario periodista Julio Scherer García la usó para explicar su entrevista con Ismael ‘El Mayo’ Zambada, uno de los líderes del cártel de Sinaloa.
Scherer no tuvo que ir tan lejos para encontrar al Mayo, uno de los capos de la droga más escurridizos en México. En la primavera de 2010 viajó a un lugar desconocido, probablemente en el Estado de Sinaloa o el vecino Durango. Cinco años después el actor Sean Penn viajaría un camino similar por la misma zona montañosa de la Sierra Madre Occidental para conocer y entrevistar al socio más famoso del Mayo, Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán.
La entrevista publicada en la revista Rolling Stone un día después de la captura del Chapo, causó furor en México. Que un actor norteamericano, junto con la estrella mexicana Kate del Castillo, pudiera llegar al fugitivo Guzmán resultó ser humillante para el gobierno mexicano. Pero la entrevista también es dolorosa para el periodismo mexicano.
Fue una locura. O mejor dicho, una pasión. Es difícil deslindarlo. Pero en la historia quedará que Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, cayó por su obsesión hacia la actriz de telenovelas Kate del Castillo, la volcánica protagonista de La reina del Sur. Así lo revelan, según fuentes oficiales a las que ha tenido acceso EL PAÍS, los datos que durante meses recogieron los servicios de inteligencia mexicanos en su persecución al líder del cártel de Sinaloa. En la titánica búsqueda para dar con el hombre que había humillado con su fuga al Estado mexicano, los agentes descubrieron que Guzmán Loera tenía una debilidad: la rutilante Kate del Castillo, cuyo papel de la narcotraficante Teresa Mendoza había extasiado al gran capo. Un desbordado sentimiento que durante su huida, mientras devoraba compulsivamente los dvd del culebrón, le llevó a romper normas mínimas de seguridad e incluso a mensajearse desde la clandestinidad con ella.
“Eres lo mejor de este mundo. Te cuidaré más que a mis ojos”, le llegó a decir por mensaje cifrado a la actriz. Las respuestas de ella tampoco dejaron que desear: “Me mueve demasiado que me digas que me cuidas, jamás nadie me ha cuidado”.
Si cualquier cineasta hubiera llegado hace unos años a proponer este guión, seguro era echado a patadas de la productora cinematográfica por inverosímil: el personaje protagónico nacido en un humilde rancho se convierte en el narcotraficante más poderoso del mundo; en el adversario omnímodo del Gobierno y en el referente más mencionado en un país de más de 100 millones de habitantes; se fuga dos veces de los penales de máxima seguridad, en la segunda ocasión a través de un túnel increíble de un kilómetro y medio; se cautiva con una famosísima actriz y juntos contactan a una de las grandes estrellas de Hollywood para realizar una película autobiográfica que reivindique y exalte al mismísimo capo, quien, para su desgracia, es recapturado. Un relato imposible que es, sin embargo, absolutamente real.
Sólo que esta historia aún no termina de escribirse. Falta ver qué decide hacer el Gobierno con el criminal más temido del planeta, una vez que termine de autofestinarse con lo que era un reclamo y una obligación moral y legal. Es poco probable que decida procesar y juzgar aquí a Joaquín “El Chapo” Guzmán. Es muy probable que lo extradite fast track a los Estados Unidos.
La fuga de Joaquín El Chapo Guzmán de la prisión del Altiplano fue una burla al Gobierno que se convirtió en una vergüenza nacional. Pero nadie resintió la incompetencia del CISEN y la Policía Federal que lo vigilaban en la cárcel, como la Marina. Almirantes y comandantes de las unidades de élite, dicen quienes hablaron con ellos, transpiraban fuego. Capturarlo les había llevado siete años de investigación en coordinación con las agencias de inteligencia de Estados Unidos, cuya puerta se abrió cuando su esposa Emma Coronel dio a luz en un hospital de Los Angeles en 2011, y la DEA interceptó su teléfono y escuchó pacientemente hasta que en enero de 2014 Guzmán cometió un error de seguridad que los puso sobre su pista.
La DEA y la Marina comenzaron a preparar el operativo de recaptura, que se tuvo que adelantar porque desde la Comisión Nacional de Seguridad se le filtraron a Reforma fotografías de la señora Guzmán en Cancún –publicadas el 19 de enero de ese año-, que fue interpretado como señal al Chapo que estaban muy cerca de él. La Marina, con el apoyo de la DEA, la CIA y la Oficina de Alguaciles de Estados Unidos, lo detuvo a finales de febrero. Cuando se volvió a fugar, se encargó al responsable de las unidades de élite que lo había capturado en Mazatlán encabezar la cacería. El Comandante Águila, como conocen al almirante, salió de sus oficinas en la Ciudad de México y se mudó a Sinaloa. Lo acompañaron siete capitanes, lo mejor con lo que cuenta el Estado Mexicano.
"Por favor permítame presentarme, soy un hombre de riqueza y gusto..."
Keith Richards, Mick Jagger
¿Habría yo aceptado entrevistar al Chapo? La pregunta me la hacen constantemente y mi respuesta es siempre "Sí". Mi trabajo es obtener información, ponerla en contexto y compartirla. Entrevistar a los personajes de la noticia, buenos o malos, es parte fundamental de esta labor. ¿Acaso Dante no bajó al infierno para ver al propio Satanás y documentar su Divina comedia?
Las secretarías de Gobernación y Salud lanzaron ayer la convocatoria a un “amplio debate sobre el uso de la marihuana en México” (la Academia Mexicana de la Lengua señala que “las formas marihuana y mariguana son correctas. La forma marihuana se prefiere en el uso culto de todos los países hispanohablantes. Por su parte, mariguana es menos frecuente y sólo se emplea en México y algunos países centroamericanos. La forma marijuana es incorrecta”. Personalmente prefiero el uso del término mexicano).
El debate se realizará en cinco foros regionales: 1. Salud Pública y Prevención, Región Sureste, Tercera Semana de enero de 2016; 2. Ética y Derechos Humanos, Región Noroeste, Primera Semana de febrero de 2016; 3. Aspectos económicos y de regulación, Región Norte, Tercera Semana de febrero de 2016; 4. Seguridad Ciudadana, Región Centro, Primera Semana de marzo de 2016, y; 5. Salud Pública y Prevención, Ética y Derechos Humanos, Aspectos económicos y de regulación, Seguridad Ciudadana, Distrito Federal, Tercera Semana de marzo de 2016.
El hombre tiene el agobio del dinero. Hace falta todos los días. Cada vez más. Para las cosas corrientes y para vivir. Por eso, las vacaciones para él son una época difícil. Otra época difícil es el fin de semana, cuando no está ganando dinero ni progresando.
Entonces se queda en casa y observa la evolución de la vida de su hijo y la evolución de la vida de su esposa. Parece que no se den cuenta del dinero. No es que sean tontos, pero se dejan las luces del pasillo encendidas. Consumen electricidad. La mujer cocina y cocina sin parar. Tiene que preparar la carne. Tiene que preparar las patatas y llevar a la mesa zumo de naranja. No es que él se oponga a estar sano, pero qué falta hace calentar los panecillos en el horno, con lo caro que está el gas. Su hijo llama por teléfono. Luego llama por teléfono su mujer. Estas llamadas se registran automáticamente en el contador de la Compañía Telefónica, y la IBM las carga a su cuenta. Un día, por accidente, compraron tres periódicos. Otro día, el chico estaba jugando fuera en el jardín. Nunca tiene cuidado. Naturalmente, se cae y se rompe los pantalones. Este derroche se produce un sábado. El domingo llama una vecina a la puerta, furiosa porque los pantalones son de su hijo, se los prestó y se los han roto y cuestan cinco dólares y noventa y cinco centavos, unos pantalones estupendos, de pana, de raya fina.
Cuando el hombre oye esto, pierde el control. No sabe de dónde va a salir el dinero. La verdad es que gana muy buen sueldo y aparta cinco dólares a la semana para cuando su hijo vaya a la universidad. Lleva haciéndolo todas las semanas y ya tiene en el banco dos mil setecientos cincuenta dólares. Pero no sabe de dónde va a salir el dinero para todas las cosas de la vida. En la misma puerta, sin decir palabra, le da a la vecina seis dólares en efectivo y recibe dos centavos de vuelta. Contempla los dos centavos en la mano. Se siente arruinado y piensa que va a desmayarse. Para darse fuerza, le tira los dos centavos a la vecina, que grita, y luego echa a correr. Él la persigue a lo largo de dos manzanas. El marido de la vecina no puede acudir en su ayuda porque ese domingo está de guardia. Sus hijos están en el cine. Cuando la vecina llega al buzón de la esquina, se apoya en él, se vuelve temerosa y le tira los seis dólares. Él coge los flotantes billetes en el aire. Y se los devuelve lanzándolos con todas sus fuerzas. Flotan como hojas hasta el abrigo de ella y ella grita: «¡Basta! ¡Basta!»
En uno de los párrafos de su ya famosa entrevista con el Chapo Guzmán, Sean Penn desliza una confidencia: se le escapó un pedo en las propias narices de su anfitrión, al despedirse en la entrada de la habitación donde dormiría el actor. Penn lo califica de “flatulencia del viajero” e incluso mete entre paréntesis un sorry, pero en realidad el pedo de Penn es otro y no el que fingió no oler el Chapo “con la misma caballerosidad con la que se ofreció a acompañar a Kate hasta sus aposentos”. Incluso, Penn narra cómo ambos escapan de su “bruma sutil” y se despiden al tiempo en que él se mete al bungalow que comparte con los colegas semi-anónimos que lo acompañaron en la aventura, al lado de la cama donde ya duerme Kate tras el biombo de su intacta privacía.
Lo que huele mal desde el principio de todo el desmadre es que un actor de intensa actividad pública y comprometida militancia progre logra entrevistarse con el capo de tutti capi del narco mundial a través de una actriz que protagonizó entro otros destacados papeles fílmicos La reina del sur y otras series televisivas o largometrajes que se proponen –con las muy limitadas posibilidades de diálogos y tiempos— denunciar el hedor del crimen organizado y los apestosos recovecos de la corrupción en México… y todo esto empieza a diluirse en la confundida proyección de las pantallas, en la red infinita de las redes y en el enmarañado escenario de lo que llamábamos realidad.
La impunidad es tan grotesca en México que aún los peores criminales, provenientes de los más oscuros pasillos del poder, no son siquiera perseguidos ni molestados por los órganos encargados de hacer justicia y, en algunos casos, reciben la protección infalible de la suprema voluntad política que los acoge, con la vocal inicial señores correctores, casi con paternal cuidado del establishment; y no existen diferencias en cuanto a partidos y siglas: El sistema los necesita a todos.
No puede entenderse que un sujeto, entre priísta formado y perredista de conveniencia, ángel Aguirre Rivero, uno de los feudales de Guerrero al lado del execrable Rubencito Figueroa Alcocer, igualmente defenestrado como consecuencia de otra matanza, la de Aguas Blancas en donde genízaros policíacos acribillaron a dos decenas de campesinos desarmados, permanezca libre con todas las señales de la masacre de Iguala señalando hacia él, por obra y gracia de la protección y los arreglos del presidente de la República, el señor Peña quien hace tiempo perdió, además de su pobre autoridad moral, toda legitimidad política.
Si el sistema político ha entendido la lógica de la dinámica criminal, entonces la captura de Joaquín El Chapo Guzmán habría dejado en la sucesión de gobernador en Sinaloa mensajes específicos: La agenda es local y de seguridad, la Secretaría de Marina es un factor de estabilidad estatal y el candidato priista debe de tener experiencia en el manejo de las políticas contra el crimen organizado.
Una encuesta de la empresa Prospecta Consulting publicada ayer en el periódico La Crónica revela tres realidades en el estado donde el narcotráfico se catapultó con cárteles criminales trasnacionales: El problema social número uno es la inseguridad, el PRI aparece sin competidores como el partido ganador y en preferencias el secretario general de Gobierno, Gerardo Vargas Landeros, está en la primera posición priista con ventaja de 2 a 1 sobre el senador Aarón Irízar.
Las verdades sobre hechos que llevaron a la tercera captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán que decidió hacer públicas el Gobierno federal, trivializaron la cacería que unidades de élite de la Marina realizaron durante 3 meses contra el criminal y paradójicamente alimentaron su leyenda. La narrativa del Gobierno dejó que corriera la especie de que trató de escapar por una alcantarilla –fortaleciendo la idea de que es el genio de los túneles–, y que el quiebre definitivo para encontrarlo fue porque quería hacer una autobiografía para cine –lo que le adjudica un ego que jamás había mostrado. ¿Restarle méritos a la Marina ayuda al presidente Enrique Peña Nieto a dar un bálsamo al Ejército que en la sierra de Durango, a donde se escapó “El Chapo”, nunca hubiera sido capaz de detenerlo? O ¿acaso ocultan con medias verdades detalles de una investigación cuyo conocimiento será más costosa que benéfica y demostraría debilidades institucionales?
La tercera captura del “Chapo” se dio por la suma de factores que incluyen violaciones a la ley, suerte y, sin menoscabo alguno, al trabajo de los comandos de la Marina bajo las órdenes de uno de sus jefes legendarios, el “Comandante Águila”, que junto con siete capitanes altamente capacitados no salieron de la Sierra de Durango y Sinaloa durante estos 3 meses de caza de Guzmán, desarrollando dos tipos de estrategia que finalmente les permitieron ponerle la mano encima. Funcionarios federales dijeron que Guzmán llegó a Los Mochis después de haber huido desde Tamazula y Pueblo Nuevo, un municipio en el sur de Durango, que tiene como cabecera El Salto, donde dos meses antes de que iniciara la operación de la Marina en esa zona, se había dado una inusitada presencia del Ejército que, sin explicación alguna, había establecido retenes y cerrado caminos que impedían viajar directamente a donde se encontraba Guzmán.
"Una persona buena es tan rara como un cisne negro".
Juvenal
Nos narran un operativo de gran precisión realizado por la Armada de México. La versión oficial, supongo, es la que dio a conocer ayer Carlos Loret de Mola, quien mostró en su informativo de televisión una recreación con apoyo de la Marina, incluso con imágenes de la balacera. El operativo tenía incluso nombre de película, Cisne Negro. El problema es que la historia no cuadra con la información.
En los duros días de julio, cuando varios pensamos que no seguiría en la Secretaría de Gobernación, Miguel Osorio Chong dijo en público que los momentos de crisis no eran para renunciar. En privado, le pidió al presidente Enrique Peña Nieto que le diera la oportunidad de recapturar al “Chapo” Guzmán y se iba agradecido al día siguiente.
Peña Nieto confió en él. Osorio Chong tomó al “Chapo” como una misión de vida. A diferencia de aquel febrero de 2014, cuando la primera detención, la noche del viernes fue él quien encabezó el momento cumbre, la presentación, la exhibición del mítico sinaloense. Si alguien cumplió una misión con la captura, fue Osorio Chong. Si alguien parece hoy más fuerte que nunca en su puesto, es Osorio Chong.
Sirvan estas líneas para corregir mi error de interpretación en la columna que publiqué aquí el 14 de julio con el título “La segunda renuncia del secretario Osorio Chong”.
Oliver Bacon vivía en lo alto de una casa junto a Green Park. Tenía un departamento; las sillas estaban colocadas de manera que el asiento quedaba perfectamente orientado, sillas forradas en piel. Los sofás llenaban los miradores de las ventanas, sofás forrados con tapicería. Las ventanas, tres alargadas ventanas, estaban debidamente provistas de discretos visillos y cortinas de satén. El aparador de caoba ocupaba un discreto espacio, y contenía los brandys, los whiskys y los licores que debía contener. Y, desde la ventana central, Oliver Bacon contemplaba las relucientes techumbres de los elegantes automóviles que atestaban los atestados vericuetos de Piccadilly. Difícilmente podía imaginarse una posición más céntrica. Y a las ocho de la mañana le servían el desayuno en bandeja; se lo servía un criado; el criado desplegaba la bata carmesí de Oliver Bacon; él abría las cartas con sus largas y puntiagudas uñas, y extraía gruesas cartulinas blancas de invitación, en las que sobresalían de manera destacada los nombres de duquesas, condesas, vizcondesas y honorables damas. Después Oliver Bacon se aseaba; después se comía las tostadas; después leía el periódico a la brillante luz de la electricidad.
Dirigiéndose a sí mismo, decía: «Hay que ver, Oliver... Tú que comenzaste a vivir en una sucia calleja, tú que...», y bajaba la vista a sus piernas, tan elegantes, enfundadas en los perfectos pantalones, y a sus botas, y a sus polainas. Todo era elegante, reluciente, del mejor paño, cortado por las mejores tijeras de Savile Row. Pero a menudo Oliver Bacon se desmantelaba y volvía a ser un muchacho en una oscura calleja. En cierta ocasión pensó en la cumbre de sus ambiciones: vender perros robados a elegantes señoras en Whitechapel. Y lo hizo. «Oh, Oliver», gimió su madre. «¡Oh, Oliver! ¿Cuándo sentarás cabeza?»... Después Oliver se puso detrás de un mostrador; vendió relojes baratos; después transportó una cartera de bolsillo a Ámsterdam... Al recordarlo, solía reír por lo bajo... el viejo Oliver evocando al joven Oliver. Sí, hizo un buen negocio con los tres diamantes, y también hubo la comisión de la esmeralda. Después de esto, pasó al despacho privado, en la trastienda de Hatton Garden; el despacho con la balanza, la caja fuerte, las gruesas lupas. Y después... y después... Rió por lo bajo. Cuando Oliver pasaba por entre los grupitos de joyeros, en los cálidos atardeceres, que hablaban de precios, de minas de oro, de diamantes y de informes de África del Sur, siempre había alguno que se ponía un dedo sobre la parte lateral de la nariz y murmuraba «hum-m-m», cuando Oliver pasaba. No era más que un murmullo, no era más que un golpecito en el hombro, que un dedo en la nariz, que un zumbido que recorría los grupitos de joyeros en Hatton Garden, un cálido atardecer ¡Hacía muchos años...! Pero Oliver todavía lo sentía recorriéndole el espinazo, todavía sentía el codazo, el murmullo que significaba: «Mírenlo -el joven Oliver, el joven joyero- ahí va.» Y realmente era joven entonces. Y comenzó a vestir mejor y mejor; y tuvo, primero, un cabriolé; después un automóvil; y primero fue a platea y después a palco. Y tenía una villa en Richmond, junto al río, con rosales de rosas rojas; y Mademoiselle solía cortar una rosa todas las mañanas, y se la ponía en el ojal, a Oliver.
Los marinos fueron triplemente sorprendidos: no calcularon que los del 'Chapo 'fueran tantos, con tan buen adiestramiento y con tan letal equipo
4:40 de la mañana del viernes 8 de enero. Con un ariete de acero, un equipo de intervención de 17 marinos de la Unidad de Operaciones Especiales rompió dos puertas de metal para entrar a la casa de seguridad donde esperaban capturar al Chapo Guzmán.
Un día antes, los análisis de inteligencia encabezados por el Cisen habían arrojado un 80% de probabilidades de que, en efecto, él estuviera ahí. No había total certeza porque si bien los integrantes del Cártel de Sinaloa actuaban diligentemente, se decían que ya estaba por llegar “la tía” o “la abuela”.
El jueves a las 3 de la tarde, en sus oficinas centrales al sur de la ciudad de México, el cuerpo de marinos con adiestramiento de élite decidió apostar por esa probabilidad. Si fallaban, seguro serían meses antes de volver a tener una pista sólida. Fijaron como Día D el viernes 8. Como Hora H las 4:40 de la madrugada.
El equipo de intervención de 17 integrantes pasó la Navidad en Los Mochis, Sinaloa. Estaban listos. A ellos les tocaría irrumpir en la vivienda, en el centro de la ciudad. Volaron para reforzarlos 50 compañeros desde el Distrito Federal, quienes custodiarían coladeras desde las calles aledañas, por si por ahí escapaba el narcotraficante más buscado del mundo.
¿Cómo juzgar la entrevista que el actor estadounidense Sean Penn, con la coordinación de la actriz mexicana Kate del Castillo, realizó a Joaquín Guzmán? Primero hay que quitarse las telarañas que invitan a no leer el encuentro entre “El Chapo” y Penn como un trabajo periodístico. En su artículo para “Rolling Stone”, Penn se asume, de manera explícita, como periodista: “Cuando hago periodismo, no acepto pago alguno”, dice. Su intención, pues, era enfrentar a Joaquín Guzmán desde la trinchera, en los términos y con las herramientas del periodismo. No se encontró con “El Chapo” para discutir la producción de una futura película sobre la vida del jefe del Cártel de Sinaloa. Tampoco lo hizo sólo por curiosidad, aprovechando el vínculo con Del Castillo. Se acercó a la actriz (y luego al capo) porque de tiempo atrás pretendía escribir algo para “Rolling Stone” y una plática con Guzmán sería —¡y cómo no!— la cereza en el pastel. Para Penn, la entrevista equivalía a encontrarse con un jefe de Estado: “Hoy México tiene, en efecto, dos presidentes”. Así consiguió Sean Penn la entrevista, así la asumió y así se preparó para ella. Un periodista haciendo su trabajo. Así hay que juzgarlo.
Era comprensible la alegría por la noticia, pero que los embajadores y principales cónsules se pusieran a cantar el himno nacional con el secretario de Gobernación, la canciller y los secretarios de Defensa y Marina por la captura de “El Chapo” Guzmán, fue un poco de pena. Como si México le hubiera ganado la guerra a un país enemigo. La crema del cuerpo diplomático y los baluartes de la seguridad nacional corroborando a capela que, a la patria querida, un soldado en cada hijo le dio.
De un poco de pena, también, fue la prestancia de la PGR al detallar la forma en que ha atendido las dos peticiones del Gobierno de Estados Unidos para que México le entregue a “El Chapo” en extradición. Y la frase que la PGR usó para rematar el comunicado y dejar en claro que ninguno de los amparos promovidos por la defensa “impide el inicio del procedimiento de extradición”.
“Misión cumplida”, dice Enrique Peña Nieto mientras se da palmadas en la espalda. Mientras su Gobierno exhala un suspiro colectivo de alivio ante la buena noticia de la captura de “El Chapo”. Mientras trata de proveer una imagen de fortaleza institucional ante las debilidades que permitieron su segunda fuga. Un paréntesis de eficacia en un largo párrafo de incompetencia. Un error arreglado de tantos que permanecen descompuestos. Un triunfo, pero demasiado pequeño como para remontar la imagen de un Gobierno que no sabe cómo gobernar. Porque todo aquello que explica el escape reiterado del capo sigue allí. La corrupción enraizada. La complicidad extendida. El entramado institucional desgajado.
David Bowie, la legendaria estrella del rock de 69 años, murió ayer en Nueva York, víctima del cáncer. Así se anunciaba, hacia las 7.30 de esta mañana, en los perfiles oficiales del artista en Facebook y Twitter. “David Bowie ha muerto en paz hoy rodeado de su familia, después de una valiente lucha de 18 meses contra el cáncer. Mientras muchos de vosotros compartiréis la pérdida, pedimos respeto a la privacidad de la familia durante su tiempo de dolor”.
La noticia fue confirmada poco después, también en Twitter, por su hijo, el director de cine Duncan Jones. “Lamento mucho y me entristece decir que es verdad”, ha escrito. El representante del artista ha confirmado también la noticia, según citan diversos medios británicos. El primer ministro británico, David Cameron, también ha lamentado la “enorme pérdida” de un “maestro de la reinvención”. “Crecí escuchando y viendo al genio del pop David Bowie”, ha escrito en Twitter.
Eran días de fiesta decembrina y la pólvora reventó por los cielos para festejar. En medio del sonido de los cuetes, un grupo de niños jugaba a la guerra. “¡Yo traigo una pistola!” dijo uno; “¡Yo la ametralladora!”, replicó otro. “¡Yo soy ‘El Chapo’ Guzmán!” gritó una niña con apenas 6 años de edad.
Durante mi infancia contábamos con otras vidas ejemplares. No me atrevería a valorar si mejores o peores, pero ciertamente no había en el santoral ningún narcotraficante.
Hace tiempo que Joaquín Guzmán Loera se convirtió en un mito principal de nuestra cultura. La épica de su personaje inspiró a muchos para invertir la vida en negocios criminales. Ha motivado admiración y respeto, ha fascinado y también magnetizado a una hueste larga de seguidores.
En otoño pasado, los comandos de élite de la Marina tuvieron en la mira de sus fusiles de asalto la cabeza de Joaquín “El Chapo” Guzmán o estuvieron en condiciones de capturarlo en la sierra de Durango, con lo que habría terminado rápidamente la persecución a los pocos días de haberlo detectado en Tamazula. No lo hicieron por diferentes razones. Una fue que cuando sorprendieron a Guzmán en el primer escondite al que llegó en la sierra, dispararle habría causado daños colaterales, por lo que la orden de matarlo no se dio. La otra fue por la petición del Gobierno de Estados Unidos, de suspender la operación para atraparlo vivo o muerto, porque varias celebridades de Hollywood que habían estado con él se encontraban aún en la zona de operaciones.
Los dos momentos fueron referidos por la procuradora general Arely Gómez el viernes, cuando dio a conocer detalles generales, sin contexto ni precisión, sobre la investigación que condujo a la recaptura de “El Chapo” Guzmán. La exposición de la procuradora es la narrativa oficial que quiere dar el Gobierno federal sobre cómo fue la investigación y la cacería del criminal, que por razones probablemente para no dar a conocer métodos y recursos utilizados en el proceso, esconde detalles importantes de cómo se pudo aprehender a Guzmán a los seis meses de escaparse del Altiplano.
El propio presidente hizo el anuncio y lo realizó, como parecería inevitable en estos tiempos, a través de su cuenta de Twitter: "Quiero informar a los mexicanos que Joaquín Guzmán Loera ha sido detenido."
El espacio que queda entre la espada y la pared es exiguo. Si huyendo de la espada, retrocedo hasta la pared, el frío del muro me congela, si huyendo de la pared, trato de avanzar en sentido contrario, la espada se clava en mi garganta. Cualquier alternativa, pues, que pretenda establecerse entre ellas, es falsa y como tal, la denuncio. Tanto el muro como la espada sólo pretenden mi aniquilación, mi muerte, por lo cual me resisto a elegir. Si la espada fuera más benigna que el muro, o la pared menos lacerante que el filo de aquella, cabría la posibilidad de decidirse, pero cualquiera que las observe, comprenderá enseguida que sus diferencias son sólo superficiales. Sé que tampoco es posible dilatar mi muerte tratando de vivir en el corto espacio que media entre la pared y la espada. No sólo el aire se ha enrarecido, está lleno de gases y de partículas venenosas: además, la espada me produce pequeños cortes ‘que yo disimulo por pudor’ y el frío de la pared congestiona mis pulmones…. Si consiguiera escurrirme, la espada y el muro quedarían enfrentados, pero su poder, faltando yo entre ambos, habría disminuido tanto que posiblemente el muro se derrumbara y la espada enmoheciera. Pero no existe ningún resquicio por el cual pueda huir, y cuando consigo engañar a la espada, la pared se agiganta, y si me separo de la pared, la espada avanza. He procurado distraer la atención de la espada proponiéndole juegos, pero es muy astuta, y cuando deja de apuntar a mi garganta, es porque dirige su filo hacia mi corazón. En cuanto al muro, es verdad que a veces olvido que se trata de una pared de hielo y cansado, busco apoyo en él: no bien lo hago, un escalofrío mortal me recuerda su naturaleza. He vivido así los últimos meses. No sé por cuánto tiempo aún podré evitar el muro, la espada. El espacio es cada vez más estrecho y mis fuerzas se agotan. Me es indiferente mi destino: si moriré de una congestión o me desangraré a causa de una herida, esto no me preocupa. Pero denuncio definitivamente que entre la espada y la pared no existe lugar donde vivir.
Sinopsis
Clifford Groves (Fred MacMurray), es un fabricante de juguetes, cansado de la rutina y con la impresión de no ser debidamente apreciado por su mujer (Joan Bennett) y sus hijos. Se reencuentra con una antigua amiga, Norma Miller Vale (Barbara Stanwyck), a la que no ve desde hace veinte años, y a raíz de ello comienza a replantearse su vida. Su hijo (William Reynolds) comienza a sospechar que puede haber algo más entre ellos.
Sinopsis
Joel (Jim Carrey) recibe un terrible golpe cuando descubre que su novia Clementine (Kate Winslet) ha hecho que borren de su memoria todos los recuerdos de su tormentosa relación. Desesperado, se pone en contacto con el creador del proceso, el Dr. Howard Mierzwiak, para que borre a Clementine de su memoria. Pero cuando los recuerdos de Joel empiezan a desaparecer de pronto redescubre su amor por Clementine. Desde lo más profundo de su cerebro intentará parar el proceso.