sábado, 18 de febrero de 2012

EL KREMLIN MEXICANO.


por Raymundo Riva Palacios.

PRIMER TIEMPO: El Peje nunca terminó de entender. Dice sabiamente un veterano observador político: la mejor manera de mantener un secreto entre dos, es matar al otro. Por supuesto, el hermetismo puede reforzarse, pero nunca será total. Si ni siquiera en los tiempos del comunismo soviético Nikita Krushchev pudo evitar que su discurso secreto que lapidaba a José Stalin cayera en manos de The New York Times, ¿cómo esperabaAndrés Manuel López Obrador que en una reunión con decenas de empresarios no se filtrara que está cansado y que si no gana la elección presidencial se va a La Chingada, que es como se llama la finca de sus padres en Tabasco? López Obrador no hizo nada malo, si fuera un ciudadano ordinario que habla coloquialmente, como casi todos los mexicanos. Pero no lo es. López Obrador es un político que arrebata pasiones y polariza sociedades, que además va en segunda vuelta por la Presidencia. Lo que diga o no diga, sus gestos y ademanes, son objeto de análisis, especulación, veneración o denuesto. El candidato de la izquierda no dijo nada extraordinario, ni para bien, ni para mal. Si no gana la elección presidencial, se retira de la política electoral. A su edad, con una geometría política mexicana bajo diferentes parámetros demográficos, ¿no es incluso hasta inteligente y sensato decirlo? Jugar con el nombre de la finca de sus padres, como parte de su discurso, no fue nada extraño en él, tan proclive a jugar con palabras y gestos (¿qué nadie se acuerda cuando decía que él nadaba de muertito en su anticipadísima campaña presidencial previa?). El problema es que el político de las tempestades habló como un ciudadano de carne y hueso, y se abrió un flanco. Los medios se le fueron encima y sus enemigos comenzaron a construir el mensaje: está tan viejo, que va a declinar la candidatura presidencial. Quienes no son parte de la dicotomía aliados-adversarios, y que soñaban conMarcelo Ebrard como candidato de la izquierda, suspiraron: ojalá. Pero eso no va a suceder. Lo que quedará es la imagen de un candidato cansado que ya se quiere ir a la chingada, aunque eso nunca suceda.


SEGUNDO TIEMPO: La verdad, la neta, tampoco se ayuda. Los principales candidatos presidenciales tienen garantizados —salvo desastres en campaña— un mínimo de votos. Más, menos, el del PRI y el Partido Verde tiene al menos 32% del universo de 70 millones de electores; la del PAN el 30%; y el de la izquierda, un 24%. Estos son los pisos de los partidos, y una votación superior depende de los candidatos, sus estrategias, sus aciertos y sus errores, para alcanzar el voto no cautivo. En este, según datos históricos, hay un porcentaje pequeño de voto de castigo para alguno de los candidatos, importante pero lejos de la alberca de electores que representan los indecisos y los nuevos votantes. No hay datos ciertos sobre cuánto representarán del voto —las últimas encuestas establecen márgenes de 20 hasta 59%—, pero sí hay una base sólida para pensar que la gran mayoría de ellos se encuentran en el rango inferior a los 30 años, entre los que están casi 10 millones de mexicanos que por primera vez sufragarán. Para ellos no hay recuerdo funesto del PRI, sino experiencias de gobiernos panistas e imágenes del plantón de 2006 de Andrés Manuel López Obrador. Por eso, si necesita ir a la caza de esos votos, está totalmente equivocado de camino. Ya no es solamente que se declare viejo, sino que parezca todo su equipo viejo. Ya no es un asunto de percepciones, sino de realidades. Antes de que nominara como futura secretaria de Cultura a Elena Poniatowska, que araña los 80 años de edad, el gabinete que ha venido revelando tiene un promedio de edad superior de 74 años, donde los más jóvenes de sus nominaciones preliminares casi duplican la edad promedio nacional, que es de 26 años. Debajo de esa edad se encuentra el 43% del Padrón Electoral. Están fuera de todo rango de conocimiento y expectativa de ese electorado en busca de opciones. ¿A quién busca López Obrador en la urna? Por lo que hace y planea, a los viejos electores, a quienes ya tienen decidido su voto, a sus clientelas. O sea, nada fuera de su techo electoral. No son buenas noticias para él, y sí muy buenas para quienes desean enviarlo al rancho familiar antes de tiempo.



TERCER TIEMPO: Rebasado por la izquierda. Entre las deliberaciones sobre la vejez y la juventud, sobre el cansancio y la energía, la designación de Gabriel Quadri como el candidato presidencial del Partido Nueva Alianza, pasó sin ser debidamente analizada. Quadri es el conejo de la chistera del partido fundado por la maestra Elba Esther Gordillo, y que tiene a más de un millón de maestros en su maquinaria electoral. Rápidamente propuso: iremos por el voto de los indecisos. Eso es lo que necesita ese partido para alcanzar el objetivo primario de la apuesta, ser el cuarto partido nacional, superando al Verde, que domina ese sitio, y superar al PT de Andrés Manuel López Obrador, que es el quinto. Nueva Alianza no tiene problema para mantener el registro, pues tiene candidatos competitivos en 175 distritos del país, que le dan 1.8% del voto nacional —dos décimas abajo del necesario para seguir viviendo—. Quadri, un académico muy respetado, es un aire fresco en el proceso y, además, posee una causa noble: el mejoramiento del medio ambiente. La estrategia de Nueva Alianza es conquistar un nicho de electores que le den de dos a cuatro puntos adicionales a su voto asegurado. Jugada de ajedrez la del partido del magisterio, que pese a lo abierta que está, hay muchos que no la ven. La política es de horizontes lejanos, pues si no, para que esperar a cansarse; mejor dedicarse a la pesca.
rrivapalacio@ejecentral.com.mx

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