miércoles, 1 de agosto de 2012

Riva Palacio - Al rescate de Andrés Manuel


“Andrés Manuel López Obrador va a extrañar al PAN”, dijo un experimentado panista, para subrayar que a diferencia de hace seis años, cuando impugnó la elección de Felipe Calderón, ahora se enfrentaría con el PRI. “Esto no es 2006”, precisó el panista. “Ahora sí le responderán con todo”. Y eso es precisamente lo que ha experimentado el ex candidato de la izquierda, cuya protesta se agota notoriamente y lo amenaza el aislamiento político. Para evitar que se desfonde y su caída los perjudique, ha tenido que ser asistido de emergencia por Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del Distrito Federal, y el PRD.

Ninguno de los dos tiene querencias con López Obrador, sino todo lo contrario. A Ebrard lo presionó y amenazó con romper la unidad de la izquierda si no era él quien fuera el candidato presidencial, pese a que había suficientes elementos en la valoración de los resultados de la encuesta que definió la nominación para que fuera el jefe de Gobierno, y no el presidente legítimo, el abanderado para la Presidencia.

Ebrard salió la semana pasada a defender a López Obrador y afirmar que no tiene a México como rehén por el mero capricho de que se invalide la elección presidencia, como acusó el PRI. Sobre la acusación del rebase de los topes de campaña, añadió que sólo respondía al nerviosismo por la impugnación. Sin voceros creíbles alrededor de López Obrador, fue Ebrard quien le tendió la mano, que se entiende más como un ejercicio de blindaje para evitar que los seguidores del ex candidato estrangulenla Ciudad de México, como han amenazado, que como una convicción  sobre el resultado electoral.




Similar es lo que le sucede al PRD, al que desde hace más de seis años López Obrador ha golpeado sistemáticamente y buscado su desmembramiento a través de Morena, su movimiento social. Ante los liderazgos tan desacreditados del PT y del Movimiento Ciudadano, de los que se apropió López Obrador, la defensa del PRD sacrifica ese desprecio para no ser rebasado por la izquierda social lopezobradorista y evitar que sus conquistas electorales de 2012 se debiliten ante la falta de cohesión en la izquierda y un posible castigo futuro por no haber respaldado al ex candidato en desgracia.

Ebrard y el PRD parecen estar ganando tiempo, pero las escasas cinco semanas que tiene como límite el Tribunal Electoralpara calificar la elección, puede ser, al enfrentarse también al PRI, su propio infierno. Las denuncias por los gastos de López Obrador buscan llevarlo al terreno de la impudicia y la deshonestidad, los terrenos a donde ha llevado a Enrique Peña Nieto y al PRI. Pero eso no le hace daño a él, quien tiene a casi una tercera parte del electorado a su lado, la mayoría de este incondicional.

A quien afecta es a su entorno. Ebrard es quien más tiene que perder porque es el único político en el escenario de la izquierda que al terminar su gestión sólo tendrá su capital político para no desaparecer. Al entrar en la disputa política de la impugnación, el PRI abrió su arco de acción. La reacción no esperó. El PRI acusó a su gobierno de fondear Honestidad Valiente, la asociación civil que cubrió los gastos de López Obrador y su infraestructura, mediante contratos millonarios que tendrá que explicar ante el IFE.

El PRI llevó a Ebrard a los linderos de la ilegalidad mediante supuestas violaciones a la normatividad, que lo colocan en una situación delicada. No es tan grave para el PRD en términos legales, sino morales y políticos. Durante todo el sexenio fueprisionero de López Obrador, y decenas de senadores, diputados y funcionarios públicos entregaban cada mes aportaciones alrededor de 10% de sus salarios a Honestidad Valiente.

Ebrard y el PRD ya comenzaron a pagar por entrar al rescate de López Obrador, y confrontarse con el PRI. La incógnita está en saber si el beneficio de mantener la protesta acotada y a la izquierda cohesionada por medio de las válvulas de escape retóricas, son menores al costo político de las acusaciones de irregularidades y eventuales ilegalidades. En efecto, 2012 no es 2006, y el PAN no es el PRI. Ya lo están viendo.


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