lunes, 3 de diciembre de 2012

Ciro Gómez Leyva - De la generación del fracaso a la generación de la virtud


Vale la pena asumir el riesgo, dijo ayer en el Castillo de Chapultepec Jesús Zambrano, presidente del PRD. Es el tiempo de México, lo secundó el presidente Peña Nieto. Dos frases simples que, sin embargo, expresadas en este diciembre, podrían convertirse en semillas que den sentido, vigor, valor, luz a la tarea política en los próximos años.
No es tanto el contenido del Pacto por México que se firmó ayer, sino el simbolismo de los nuevos rostros y ropas con que se presentaron los personajes que concentran un altísimo porcentaje del poder político. Dejaron la impresión de que con voluntad y una nueva visión es posible, todavía, marcar un antes y un después.
Hoy parece haber voluntad y una renovada visión de futuro. Los políticos parecen conscientes de que no pueden seguir estropeando las cosas y multiplicando las frustraciones. No se les ven ganas de seguir postergado el desarrollo del país y desilusionado a millones de mexicanos que esperaban beneficios de la transición democrática. Parece que, por fin, sacaron las palas para comenzar a enterrar a la generación del fracaso.
Estimula escuchar al presidente Peña Nieto decir que, por primera vez, se logra un acuerdo que no surge de la necesidad de enfrentar una emergencia, sino del empeño por transformar el país. Ilusiona Zambrano cuando promete que no apostarán al desastre nacional. Pero son solo palabras.
Emotivas, promisorias. Pero el tránsito de la generación del fracaso a la generación de la virtud requiere mucho más que frases y gestos amables.
Virtud es, antes que nada, fuerza para producir efectos.
Eficacia para restablecer la salud.

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