jueves, 27 de junio de 2013

El petróleo, una batalla - Gil Gamés

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, mientras leía sus periódicos de papel, Gil comprendió que la batalla por la reforma energética había empezado. De un lado, la reforma, que aún no conocemos, del presidente Peña, y del otro, los límites del PRD a la liberación del petróleo mexicano para la realización de modelos más eficientes.

Como dicen los maestros del Colmex: y bien. Van a perdonar a Gamés, pero antes que nada se apresura a declarar que no cree en su fuero interno (ja, el fuero interno) que en el petróleo se concentre la identidad nacional, o la soberanía de México, o la libertad del pueblo mexicano. El petróleo como expresión del futuro de nuestra raza le parece a Gamés un sofisma (oh, sí). Gil declara esto desde el frontispicio (oh) de su espacio en esta página del fondo.

Gamés ya escucha los comentarios mordaces, primero, e indignados, después. Gacetillero del neoliberalismo, mayordomo de la reacción, tramoyero de los intereses trasnacionales, vendepatrias, en fon. Gilga confiesa que la apertura de Pemex a capitales extranjeros no le quita el sueño, ni le enciende en el alma una llama nacionalista. Todo nacionalismo, por cierto, es nefando. Y bien, y mal: Gilga no es ciego, el petróleo es muy importante para México y entre mejor se extraiga, libere y produzca, más convendrá al país. Pero de esto a aventarnos los ladrillos en la cabeza antes de construir la casa le parece a Gamés un locura de exacerbado nacionalismo.




La aburridora no cesará a partir del día en que se conozca la iniciativa del Gobierno Federal. ¿Queremos más a México impidiendo la modernización y la renovación de Pemex? No jalen porque cobijan, como diría Monsiváis, que a esta hora cívica en público se desgarraría las vestiduras entre sollozos de cocodrilo y en privado lloraría del tedio. El tedio, gran palabra para el discurso priista de una izquierda que se cae de vieja y de nacionalismo espeso. Sí, don Lázaro no nos perdonará este crimen; ¿qué haremos el 18 de marzo a las doce del día?, ¿revolcarnos en el fango? Oh, no.

Viene a cuento el tema porque en la fotografía aparecen Miguel Ángel Mancera, Cuauhtémoc Cárdenas, Jesús Zambrano y Marcelo Ebrard, la plana mayor del perrredismo descartando cualquier reforma constitucional. No conocen la iniciativa y ya empezaron las amenazas. Todavía no despegamos y la sobrecargo nos dice que el avión seguramente caerá convertido en mil pedazos. Y los de la fotografía son los sensatos, imaginen a los radicales.

En la fotografía a la que se refiere Gil, falta Liópez. Qué raro. De nuevo el tedio: la mafia se quiere robar la renta petrolera. Uta. Concentraciones en el Zócalo, insultos, injurias y ninguna propuesta seria. Morena al ataque y la campaña permanente para el 2018, ¿le parece a la lectora y el lector un año remoto?, pues Liópez lo ve a la vuelta de la esquina. Gil ha visto tanto a Liópez y a su burlesque en estos años que casi podría escribir el guión de las acciones de su movimiento.

Esta izquierda es muy rara, empezando por Liópez: las reformas les parecen revoluciones destructivas, inaceptables, pero la propuesta revolucionaria del cambio profundo, desde la raíz, les parece una seda. ¿Quién entiende? ¿Quieren cambios o no quieren cambios? Sí quieren cambios, pero nada más los que ellos proponen, en fon. Gamés espera la otra tormenta que vendrá y se llama reforma fiscal. No olviden el tedio, será la clave del futuro inmediato.

La máxima de sir Francis Bacon espetó dentro del ático: “En materia de gobierno todo cambio es sospechoso, aunque sea para mejorar”.

Gil s’en va

Fuente: La Razón

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