jueves, 15 de agosto de 2013

Leo Zuckermann - Reforma energética: ¿se repetirá la historia?

En 2008, el presidente Calderón presentó una iniciativa de reforma energética que contemplaba la participación de la iniciativa privada en la exploración y explotación de petróleo a través de contratos de riesgo. El gobierno propuso un esquema donde Pemex le pagaría a las empresas privadas sus costos más una utilidad preestablecida, sobre todo en pozos de aguas profundas. ¿Suena familiar? Desde luego: es, de alguna manera, lo que ahora está proponiendo el presidente Peña con los contratos de utilidad compartida.
Después de que Calderón presentó su propuesta, la izquierda dijo que no votaría a favor de una reforma energética que liberalizara el régimen existente. Los perredistas se convirtieron en la principal fuente conservadora del statu quo. Varios liderazgos de la izquierda aprovecharon el tema para revivir políticamente. Atestiguamos el regreso a la palestra de sus dos líderes históricos: Cuauhtémoc Cárdenas y AndrésManuel López Obrador. ¿Suena familiar? Desde luego: es lo que está ocurriendo actualmente frente a la propuesta del presidente Peña.




Cárdenas se mostró con una postura más moderada queLópez Obrador. El michoacano puso sobre la mesa una propuesta de corte estatista. El tabasqueño anunció “acciones de resistencia civil”. ¿Suena familiar? Desde luego: Cárdenas ya dijo que lo mejor es fortalecer a Pemex y no permitir participación privada; AMLO ya convocó a su primera marcha en contra de la reforma de Peña.
Con su negativa a negociar con el gobierno calderonista, la izquierda le entregó el monopolio de la negociación a la otra oposición de ese entonces: el PRI. De este partido dependió, en última instancia, el tipo de reforma que salió. ¿Suena familiar? Desde luego: la negativa de la izquierda a negociar una reforma constitucional con Peñaha dejado al PAN como la única opción para negociar; de los panistas dependerá el tipo de reforma que saldrá en esta ocasión.
En 2008, los priistas le pusieron un precio muy caro a sus votos en el Congreso para una reforma energética. Hablaron de fortalecer a los gobernadores (en su mayoría priistas) transfiriéndoles el gasto público para combatir la pobreza. Solicitaron incrementar los subsidios para los campesinos, una de sus clientelas políticas. Además, pusieron sobre la mesa una reforma para instaurar la figura de un “jefe de gabinete” que mediara entre el Presidente y el Congreso. ¿Suena familiar? Desde luego: los panistas ya le pusieron un precio muy caro a Peña a cambio de votar a favor de una reforma energética; quieren una reforma política con propuestas como la reelección, segunda vuelta y parlamentizar el sistema presidencial.
Hasta acá se están repitiendo con espeluznante similitud los guiones de 2008 y 2013. La pregunta es si veremos el mismo desenlace.
Recordemos lo ocurrido hace cinco años. Ante la negativa de la izquierda de negociar, las movilizaciones de AMLO y el alto costo que puso el PRI, Calderón reculó. Lo que comenzó como una propuesta de reforma energética se degradó a reforma petrolera para terminar en reforma de Pemex. Se apostó por fortalecer el monopolio público, tal y como lo proponía la izquierda. El Congreso no incluyó ningún tipo de contratos de riesgo para proyectos complejos de exploración y explotación de petróleo. Se aprobaron “esquemas más flexibles de contratación de Pemex que permitirán contar con incentivos al desempeño”. El resultado fue un fracaso total. El Estado no atrajo a los inversionistas privados. No hubo participación de capital privado en proyectos complejos de exploración y explotación de crudo.
En 2008, Calderón, con el ánimo de salvar cara en una reforma que se le fue de la manos, acabó apoyando cambios mínimos y de corte estatista. Todo con tal de evitar un conflicto político en una etapa en que la economía pasaba por un mal momento. En lugar de retirar su propuesta de reforma y dejar la pelea para un mejor día, el ex Presidente aceptó una legislación con muy poco de lo que él quería. Cuando el Congreso aprobó la reformita a Pemex, Calderón, en lugar de vetarla, la celebró brindando con champagne en Los Pinos. No era para menos: había logrado patear el problema al futuro. No es gratuito, en este sentido, que cinco años después estemos viendo un nuevo intento de reforma energética. Ya veremos si la película de 2013 no termina igual que la de 2008. Ojalá que no porque, de lo contrario, el sexenio que entra estaremos hablando de lo mismo.
                Twitter: @leozuckermann


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