lunes, 5 de agosto de 2013

Salvador Camarena - Preguntas de una víctima de secuestro

La mujer de Jirka desapareció el 13 de diciembre pasado. Horas después este mexicano de origen alemán recibió una llamada de su esposa donde le decía que se encontraba bien, pero que obedeciera todo lo que los secuestradores indicaran.

La Procuraduría capitalina le ayudó a negociar el rescate −se pagó a las 48 horas del rapto−, pero durante meses los policías fueron negligentes al investigar el paradero de la secuestrada, cuyo cadáver apareció en junio.






Para no investigar, diversos agentes de la PGJDF alegaron repetidamente que la señora de Jirka se había fugado con un amante. Un video daba cuenta de que la mujer había subido, al parecer sin violencia de por medio, a una camioneta el día de lo hechos. “Yo sé quién secuestró a mi esposa”, les dijo Jirka a los policías, a quienes intentó de convencer de que su teoría “machista” −le decían: “Ya acepta que es un autosecuestro para extorsionarte”− se caía al suelo pues ella había dejado en casa sus lentes, dinero en efectivo, tarjetas, etcétera. “Nadie me quiso ayudar. Para todo me pedían dinero. Me llamaban ‘estoy en el Metro, no tengo dinero, y no es mi único caso’, o me decían, no tengo gasolina, ¿qué quieres que haga?’”.

Le pregunto a Jirka por teléfono si no les dio dinero a los agentes que se lo pedían.
“Claro que no, yo como mexicano pienso diferente, yo no pago la corrupción, yo pago mis impuestos y el gobierno tiene que darme la atención debida”.

Jirka consiguió incluso que la Policía Federal y la PGR aceptaran ayudarle. “Pero sólo podemos si la PGJDF pide que lo hagamos”, le explicaron. Solicitó a los fiscales capitalinos que así lo hicieran. “No es necesario, porque nosotros vamos a resolver el caso”, le dijeron. Esto ocurrió cuando meses después cuando su expediente fue turnado a otra oficina de la procuraduría capitalina. Entonces sí encontraron los restos de su mujer. Los plagiarios la habían matado horas después de que recibieron el pago. El colmo fue cuando quiso reclamar el cadáver en la PGR y que una agencia funeraria elegida por la fiscalía federal fuera la que realizara los trámites, nadie más.

Hoy Jirka sólo pide una explicación por el abuso cometido, asentado en las averiguaciones previas FAS//T2/01375/12-12 y/o PGR/SEIDO/UEIDMS/068/2013. Que alguien le diga por qué la policía tardó dos semanas en interrogar al portero del edificio donde fue vista por última vez su mujer. Envió una carta el 27 de junio de 2013 a los procuradores Jesús Murillo Karam y Rodolfo Ríos.

En la misiva, de la que esta columna obtuvo copia, expone los nombres de los agentes omisos, pone la factura de la agencia funeraria que fue obligado a contratar, pero sobre todo pregunta: “¿A quién puedo dirigirme en un caso así si el país está lleno de funcionarios corruptos?” Funcionarios “a quienes no les importa el sufrimiento de las personas y solo quieren obtener algo más de dinero. ¿Con qué seguridad puedo dirigirme a una institución para que me brinden ayuda? ¿No conocen la ética? ¿Quién me puede auxiliar en un caso de secuestro?”. Cinco semanas después de enviada su carta, ni el procurador general de la República ni el capitalino le han respondido.

“Nada ni una palabra me han dicho”, me explicó Jirka por teléfono el viernes. ¿Alguien lo hará?

salvador.camarena@razon.mx
Twitter:
 @salcamarena

Leído en http://www.razon.com.mx/spip.php?page=columnista&id_article=183592

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