jueves, 20 de febrero de 2014

José Woldenberg - Una nebulosa más

En torno al 97 aniversario de la Constitución se generó una miniburbuja de opinión llamando a la confección de una nueva. Ilustra de manera inmejorable algunas de las taras de nuestra discusión pública: se detecta un o unos problemas, se plantea un horizonte normativo nebuloso pero supuestamente virtuoso y entramos en un debate sin demasiados pies en la tierra. No sería la primera vez y me temo que no será la última.

Cierto, nuestra Constitución es inarmónica, expansiva (contiene disposiciones que deberían estar en leyes e incluso en reglamentos), inmensa, inaplicable en algunas de sus disposiciones, y súmele usted. Pero, ¿es deseable y posible substituirla por una nueva, lo que supondría un nuevo Congreso Constituyente? Una analogía barata: si una casa tiene goteras, los circuitos eléctricos estropeados y varias habitaciones parecen haber sufrido los estragos de un bombardeo, es posible que todos se encuentren malhumorados. Pero, es probable que algunos quieran reparar los desperfectos, otros tirar la casa y edificar una nueva y unos más incluso sustituirla por un edificio. Todo se vale, pero los que proponen derribarla y construir algo nuevo por lo menos tienen que decir cómo quedaría la nueva vivienda. No solo encandilar con la promesa de "lo nuevo".








Para responder si es deseable, quienes plantean una nueva deben colocar los caballos antes que la carreta: explicar qué dejarían y qué quitarían de la actual o si empezarían de cero. ¿El régimen de gobierno seguiría siendo presidencial o pasaríamos a uno parlamentario o quizá a uno semipresidencial? ¿Si fuera presidencial, qué facultades ejercería el Ejecutivo y cuáles el Legislativo? ¿El Judicial se parecería al actual o vamos a elegir a los jueces como algún ocurrente ha propuesto? ¿Federalista o centralista? ¿Con qué facultades para los distintos órdenes de gobierno? ¿Y en materia de derechos individuales? ¿Y los laborales y agrarios? ¿Y...? Las respuestas ilustrarían -primero- si pueden incorporarse al marco actual o realmente requieren de un Constituyente.
Luego, solo si esas y muchas otras preguntas fueran contestadas, podríamos saber si es deseable la nueva Constitución. Evaluar sus virtudes, sopesar sus promesas. Y seguramente cuando se enunciaran por el partido, grupo o individuo que las promueva, aparecerán las posiciones en contrario, los matices, los recovecos. Recordemos que es relativamente fácil construir reacciones en negativo ante cualquier norma, institución o realidad. El "no" puede tener nutrientes diversos pero todos confluyen -aunque no por las mismas razones- precisamente en su crítica a lo existente. Lo difícil es edificar un "sí" incluyente.
Ahora bien, una vez que aquellos que están convencidos de la deseabilidad de una nueva Constitución hayan hecho público -aunque sea a grandes trazos- sus nuevos contenidos, deberán hacerse la pregunta clave: ¿si sus pretensiones son posibles? Porque no se trata solamente de un ejercicio académico (más que respetable e incluso necesario), sino de una operación política con altos grados de dificultad. Estarán obligados a sopesar si sus ideas tienen viabilidad en el campo minado de la política de hoy.
Porque diría Perogrullo, en el Constituyente estarían más o menos representadas las actuales fuerzas políticas del país, salvo algún cataclismo no previsto. Es decir, las corrientes que hoy coagulan en el PRI, PAN, PRD y demás. Un pluralismo equilibrado que porta diagnósticos y propuestas variadas y no siempre convergentes. Su combinación sería -por decir lo menos- de pronóstico reservado.
Recordemos además que los ordenamientos constitucionales mexicanos fueron productos excepcionales en circunstancias excepcionales: el esbozo de Apatzingán trataba de ofrecer un horizonte normativo en medio de la Guerra de Independencia, la Constitución de 1824 fue la apuesta republicana para el México independiente, la de 1857 el ideal liberal hecho Carta Magna en contraposición irreductible con el bando conservador y en buena medida desencadenadora de una guerra y la de 1917 la desembocadura de la Revolución que remodeló el edificio liberal con importantes contenidos sociales. No digo, por supuesto, que no se pueda eventualmente aprobar una Constitución "en frío", pero nuestros antecedentes algo dicen.
Total: por lo menos a mí me gustaría conocer alguna propuesta de nueva Constitución. A partir de ese momento el debate podría ser interesante e ilustrativo. Antes, me temo que no. Porque la gaseosa iniciativa es inasible.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor, sean civilizados.